Pío XII, en rehabilitación
Habiendo nacido en 1941, mi primer papa conocido fue Pío XII, quien
sirvió a la Iglesia como sucesor de Pedro desde 1939 a 1958. La muerte
de Eugenio Pacelli -tal su nombre anterior- provocó en mí un dolor
inusual para un chico de 17 años. Es que Pío XII era para todos "el"
Papa. Luego vendría Juan XXIII, el Papa Bueno, conocido mundialmente
por su estilo campechano.
En 1965 Pablo VI inició el proceso de beatificación de ambos
pontífices. Lamentablemente, algunos años antes (1963) había aparecido
la infame obra teatral "El Vicario" de Rolf Hochhuth, un apellido tan
difícil de pronunciar como difícil de digerir su obra. En ella el Papa
es descripto como alguien lejano al drama de las masacres judías. Se lo
acusa de haberse callado frente al horror. Incluso de no haber
intervenido.
Por presiones de sectores judíos que creyeron la patraña, el proceso de
beatificación se detuvo, incluso tras un intento de Juan Pablo II de
llevar adelante el trámite canónico.
Benedicto XVI tuvo la valentía de impulsar otra vez la marcha, pero con
un cambio: dejando para un capítulo aparte la beatificación del Papa
Bueno, los dos que presumiblemente llegarán juntos a los altares serán
Pío XII y Juan Pablo II.
El efecto dominó que en su momento provocó "El Vicario" tuvo entre los
mismos judíos algunas desmentidas que no son precisamente ambiguas. En
1966, el historiador y ex cónsul israelí en Milán, Pinah Lipide mostró
su sorpresa e indignación cuando expresó: "Como miembro de la brigada
judía que combatió en Italia, integré la delegación que en 1944 fue
recibida por Pío XII para agradecerle su contribución para salvar las
vidas de innumerables judíos".
En "El mito del papa de Hitler. Cómo Pío XII salvó a los judíos de los
nazis", un documentado libro sobre el tema, el rabino David Dalin
ofrece testimonios más que sugerentes sobre la verdad de los hechos.
Al morir Pío XII, la entonces ministra de Relaciones Exteriores de
Israel remitió al Vaticano un telegrama diciendo: "Cuando el martirio
más espantoso golpeó a nuestro pueblo durante los diez años del terror
nazi, la voz del Pontífice se elevó a favor de las víctimas. Lamentamos
haber perdido a un servidor de la paz".
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09-01-2000

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