Rafaelina de 100 años, nota en revista "Viva"
Bibiana Rodríguez nació en Rafaela, el 2 de diciembre de 1909. Entre
otros aspectos interesantes, no recuerda la última vez que fue al
médico. "Mi receta es un vaso de cerveza a la noche" y "tengo una vida
feliz" asegura Bibiana. Además, le escapa a la siesta y su memoria está
intacta. Si bien vive en Rosario, recuerda con nostalgia los bailes de
tango en los clubes 9 de Julio o Atlético cuando era chica.
En una muy bonita nota publicada en su edición dominical por el
matutino "Clarín", más precisamente en su Revista "Viva", y que fuera
realizada por el periodista Mauro Aguilar desde Rosario, Bibiana
Rodríguez, rafaelina de nacimiento "a los cien años dice no tener
secretos para mantenerse lúcida, activa, con un humor que contagia.
Apenas suelta una receta curiosa: un vaso de cerveza a la noche para
atenuar los efectos del calor o una copita de moscato para acompañar la
sobremesa. "No me producen ningún problema", jura.
Se le preguntó si mantuvo cuidados durante su vida, si evitó los
excesos, si la práctica de algún deporte pudo fortalecer su salud.
Satisfecha, a todo responde que no. "Sólo me dediqué a vivir", asegura
Bibiana Rodríguez, rafaelina nacida en la primera década del siglo XX.
Para ella, tener 100 es lo mismo que 66, 74 u 87. "No siento que sea
nada extraño. Me siento lo más bien". ¿Medicación? Sólo una pastilla
para la acidez. ¿Visitas al médico? Ni su hija Haydée, con la que vive
en la zona sur de Rosario, recuerda la última vez. ¿Cuidados con la
comida? "Como de todo. Nada me cae mal", comenta. Le encantan las
pastas con salsa, aún picantes. También el asado de costilla. Y el mate
dulce. "Para amarga, está la vida", le dispara a su bisnieto cuando le
dice que lo tome amargo.
Tuvo tres hijas. La mayor, de 81 años, murió. Luego llegaron cuatro
nietos, seis bisnietos y un tataranieto. Si no tiene la fórmula de la
longevidad, al menos algo ronda a su familia. Su hermana tiene 91.
Durante el día Bibiana se sienta en la ventana para asomarse al
movimiento del barrio. Para ver más allá, usa el televisor. Le gustan
los noticieros. Si hasta cuando un vecino se asoma y la ve con Clarín,
le saca una sonrisa al asegurar que será tan famosa como Ricardo Fort.
Se acuesta y se levanta temprano. Como los chicos, le escapa a la
siesta. Su memoria está intacta. Recuerda sus labores como administrativa en un frigorífico y los bailes de tango en los clubes 9 de Julio o
Atlético de Rafaela. Extraña una sociedad más serena, más segura. Pero
dice que es feliz. Quizás allí exista un secreto de hierro para seguir
asombrando con la frescura de sus cien años.
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01-02-2010

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