Estructura del Crédito en la Argentina (1991-2009)
El debate por el uso de las reservas del Banco Central y su papel en la
provisión de financiamiento ha reavivado el interés por la cuestión del
acceso al crédito por parte de las diferentes unidades económicas.
Inclusive, la nueva presidenta del BCRA, Mercedes Marcó del Pont,
auguró un "regreso del crédito a la producción".
Lic. Bruno Abriata - Lic. Germán Martínez
Fundación para la Integración Federal (FUNIF) - Filial Rosario
Por esto, resulta interesante analizar cómo han evolucionado en los
últimos veinte años la participación de los distintos actores en el
financiamiento y sus tasas de morosidad. Para facilitar el análisis,
realizamos un estudio comparativo entre los períodos de gobierno que
van desde la administración del Dr. Carlos Menem hasta la que conduce
la Dra. Cristina Fernández de Kirchner.
La distribución del crédito
Imaginemos una "torta" que represente el 100 % de los créditos tomados
por los distintos actores económicos. El próximo cuadro muestra la
participación de cada uno de ellos en el volumen total de créditos.
Hay una importante evolución en la participación de los asalariados en
el crédito durante el período 2003-2009. Esto se debe -básicamente- a
la canalización de los ahorros provocados por mejores ingresos hacia
créditos hipotecarios y de consumo y al respaldo de la capacidad de
repago mediante políticas de estabilidad del empleo que mantuvieron la
circulación monetaria.
La industria y el sector agropecuario han incrementado su cuota desde
2003 debido al vigoroso crecimiento y las buenas perspectivas,
especialmente en la agricultura, que ha alcanzado su máxima
participación en 20 años.
Los servicios públicos y la energía no han sido negocios atractivos
luego de la crisis de 2001 debido a los congelamientos tarifarios, las
regulaciones de precios y a los altos riesgos de las actividades
exploratorias, de manera que los privados no demandan crédito para
invertir en este sector. En su defecto, las inversiones son hechas por
el Estado y se financian en buena parte con fondos del tesoro o la
aplicación de cargos específicos, haciendo más escasa aún la demanda de
financiamiento.
La construcción, pese a su fuerte crecimiento, ha reducido también su
demanda relativa de fondos debido al mayor uso de fideicomisos de
construcción en reemplazo del crédito hipotecario en los sectores
medios y altos.
La caída en la participación de la intermediación financiera refleja
dos aspectos de la economía argentina. Uno positivo, que es el menor
atractivo de las actividades especulativas producto de la flotación
administrada del tipo de cambio, la acumulación de reservas y el apoyo
a las actividades de la economía real; y uno negativo, que son la
inflación y la desconfianza heredada de las crisis, que incentivan el
atesoramiento en dólares en vez de la utilización de las entidades
financieras repetidas veces para negociar títulos valores.
Uno de los datos más llamativos es la reducción de la participación de
la administración pública. De acaparar más del 40 % del crédito durante
el Gobierno interino de Eduardo Duhalde, la administración pública hoy
sólo demanda el 8,4 %. Esto tiene dos explicaciones: por un lado, los
déficits de fiscales en los que incurría sistemáticamente el Estado
nacional hasta el 2002 funcionaban como una "aspiradora" de créditos
que limitaba el acceso del sector privado a los mismos; por otro lado,
la administración pública absorbe en los ciclos recesivos buena parte
del crédito que pierden y/o dejan de demandar las actividades
productivas.
Las tasas de morosidad
El pilar fundamental de la confianza del sistema financiero es la
capacidad de honrar los compromisos ya que así se irá consolidando la
relación entre prestamista e inversor y ello redundará en mejor
financiamiento. Por eso, analizada la actual composición del stock de
crédito en la Argentina, veamos ahora la morosidad de los actores
distintos económicos.
El primer dato a rescatar es que el porcentaje de morosidad está en su
punto más bajo de los últimos 20 años. Hoy se observa sólo el 6,7 % de
morosidad versus porcentajes mucho más elevados durante los gobiernos
de Menem (16,7 %), De la Rúa (16,4 %) y Duhalde (23,6 %)
Si pasamos a analizar el comportamiento de los distintos actores
económicos vemos cómo la morosidad de los empleados es 4 veces inferior
a la presentada durante el Gobierno de Duhalde, reflejo de las mejoras
de ingresos de los sectores asalariados.
Por su parte, la morosidad actual del Agro (3,5%) y la Industria (4%)
son sustancialmente inferiores a la demostrada durante la
convertibilidad (24,8 % y 18,6 %, respectivamente) y en la coyuntura
pos devaluatoria, donde prácticamente 1 de cada 2 tomadores de crédito
del campo y la industria no cumplían a tiempo con sus compromisos de
pago.
Para poder cumplir en tiempo y forma con las deudas se requiere buena
liquidez y suficientes niveles de ventas. La liquidez depende del
desarrollo del mercado financiero mientras que los niveles de ventas
dependen del sostenimiento de la actividad económica a través de la
demanda agregada.
No es entonces casualidad que las tasas de morosidad más bajas se
registren en los períodos de mayor crecimiento y menor volatilidad de
la actividad, incluso habiendo atravesado una crisis internacional.
Así, vemos cómo el nivel de actividad contribuye a fortalecer el
sistema crediticio.
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Estructura del Crédito en la Argentina (1991-2009)

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