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Cartas de lectores
Sobre los Derechos Humanos
Sr. Director:
Hace aproximadamente diez días leímos azorados que en Cuba había
fallecido el disidente cubano Orlando Zapata Tamayo, un humilde albañil
de 42 años de edad que había tenido la osadía de manifestarse contra el
régimen imperante en dicha isla.
Entiéndase bien, no era un terrorista que había colocado bombas o
atentado contra el régimen, sino que simplemente había manifestado
públicamente su oposición al modelo imperante en Cuba, motivo por el
cual fue de inmediato encarcelado, y en protesta contra tan injusta
medida, Zapata Tamayo inició una huelga de hambre que se prolongó por
más de 80 días, durante los cuales, por orden del gobierno, se le
retiró toda ayuda médica, dejándolo morir por inanición.
Por si ello no fuera ya de por sí aberrante, el gobierno encarceló o
recluyó en su domicilio de inmediato a todos los opositores para
impedirles que acudan a su sepelio.
Dejé pasar todo este tiempo a la espera de que los "defensores de los
derechos humanos" en la Argentina, expresaran su repudio contra tamaño
atentado contra la libertad de conciencia.
Así esperaba que el "matrimonio presidencial" se manifestara en dicho
sentido, cosa que no ocurrió, no obstante ser ahora celosos defensores
de los derechos humanos, actitud que no adoptaron durante los años de
plomo que vivió el país.
De todo el arco "progresista" de nuestro país, es decir los que antes
eran "zurdos" y ahora se hacen llamar "progresistas" no escuché una
sola palabra de repudio.
Si recorremos la lista de estos pseudos defensores de los derechos
humanos, veremos que en la misma figuran Hebe de Bonafini, con su
asesor Sergio Schoklender, quien purgó una condena por el asesinato de
sus padres; Estela de Carlotto, todos ellos viviendo a expensas de los
jugosos subsidios que les paga el Estado, lo que equivale a decir que
se los pagamos entre todos, que hicieron mutis por el foro.
Tampoco se manifestaron por ejemplo Luis D'Elía, Juan Pablo Cafiero y
el padre Farinello, que en defensa de los "derechos humanos" viajaron a
Irán el año pasado a ofrecerle su solidaridad al régimen teocrático y
dictatorial imperante en ese país, lo que demuestra la vigencia del
genial Discépolo, pues en ese encuentro se mezclaron la Biblia con el
calefón (zurdos, -perdón progresistas- apoyando a un régimen de extrema
derecha), lo que demuestra que los extremos se tocan.
Tampoco escuché ninguna manifestación de repudio por parte de la Dra. María José Lubertino, directora del INADI, es decir del organismo que
tendría que luchar contra la discriminación y ¿no es discriminación
acaso el encarcelamiento y posterior muerte de un disidente político
como en el caso que nos ocupa?
¿Escucharon o leyeron ustedes alguna manifestación de repudio de los
Firmenich, Perdía, Gullo, Garré, quienes antes ponían bombas y ahora
hablan de derechos humanos? Pienso que no pueden haber escuchado o
leído nada de ellos respecto a este hecho que degrada la condición
humana, pues no sería "progresista" hacerlo.
¿Escucharon alguna vez a alguno de los antes mencionados pronunciarse a
favor de los derechos humanos de las víctimas de la inseguridad o de
los pueblos originarios (tobas, etc.)? Seguramente no los escucharon;
mientras tanto se gastan cientos de millones de pesos en sostener
nuestro decadente fútbol, reconociendo incluso como una ONG al nucleamiento de barras bravas, y premiándolos con un viaje a Sudáfrica, con
todos los gastos pagos.
Si nos remontamos al orden internacional, tampoco escuché ni leí
ninguna manifestación de repudio del impresentable Hugo Chávez,
presidente de Venezuela.
Ahora bien, me pregunto ¿los derechos humanos son solamente para los
zurdos, perdón, "progresistas", quedando excluidos los que no piensan
como ellos?
Esta es una carta que nunca hubiera querido escribir, pues jamás pensé
que en pleno Siglo XXI se diera una aberración semejante y lo que es
peor, que cuente con el silencio cómplice de quienes usan como bandera
y solamente como bandera, ya que en la práctica esto queda desvirtuado,
la defensa de los derechos humanos.
Dr. Isaac Kurganoff
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