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Martes 23 de Marzo de 2010


La Palabra

En busca de... Sibila Camps, periodista y docente

Ese oficio de escribir

Nació en Buenos Aires en el seno de una familia de amplia inserción cultural, estudió Literatura y Lenguas Modernas, es docente de periodismo, y desde la democracia trabaja como redactora en la sección Sociedad del diario Clarín. Entre sus diversas actividades, también ha dedicado tiempo a la investigación y publicó libros que fueron definiendo una síntesis entre su profesión y su vocación literaria.

LP - La llegada del arte en tu vida.
S.C. - Cuando nací, el arte ya estaba: mi padre, Pompeyo Camps, fue compositor de música sinfónica, de cámara y de ópera, además de pianista y ex bandoneonista; mi madre, Mary de Camps, fue cantante y docente de canto. Mi padre tenía una sólida formación cultural, y crecí con naturalidad en ese ambiente. Al revés: me costó, ya a comienzos de la juventud, sacarme de encima algunos prejuicios intelectuales.

LP - Vivir con padres seductores en la estética de los sonidos.
S.C. - No quisiera reducirlo a una cuestión estética, ni tampoco sólo a los sonidos, sino extenderlo a las ideas y a la expresión musical. Es cierto que era un placer, por la noche, dormirnos escuchando a mis padres ensayar para algún concierto -no por azar mi hermana Iris salió oboísta-; y esa sutileza para la percepción de la música me permite gozar enormemente, tanto como me hace sufrir con malos productos sonoros. Pero además, mi padre fue un verdadero renovador en materia de música de Buenos Aires, el primer compositor que llevó los ritmos de tango y afines a la música sinfónica y a la ópera -antes que Piazzolla-, lo que también contribuyó a tener conciencia de la música en tanto expresión de identidad de una comunidad, una región o un país.

LP - La música como destino.
S.C. - Más que música, en casa se respiraba arte. Mis padres tenían amigos artistas -a los que llamaba "tíos"- que, directa o indirectamente, algunos de ellos me han marcado en algún momento de mi vida: Javier Villafañe -enseñó a hacer títeres a mis padres, y con ellos yo empecé a escribir, a los ocho años-; Juan L. Ortiz, Mario Jorge de Lellis... De muy chica estudié algo de canto con papá, luego seguí con el piano... siempre sin ninguna vocación particular. Acompañaba a papá al Colón -el fuerte de los ingresos paternos no venía de la composición, sino de las críticas de música y de ballet, que hacía para diarios y revistas-, y así creí tener vocación para la danza clásica. Fue un tema central en mi vida desde los siete hasta los quince años, cuando me di cuenta de que no era lo mío. Escribir, como dije antes, fue algo natural desde muy pequeña; y en algún momento, ya estando en el periodismo -aunque no siendo aún periodista-, la formación musical me sirvió para abordar la crítica de música popular, una actividad que desarrollé durante varios años, y en la que siento que fui el tuerto en el país de los ciegos.

LP - Escribir como recurso laboral.
S.C. - Me inicié en el periodismo en 1977, en La Opinión, cuando ya estaba intervenida por los milicos; con su fundador, Jacobo Timmerman, preso; varios de sus periodistas desaparecidos, y muchos otros exiliados. Creo que sólo en esas condiciones podían tomar a una joven egresada de Letras, sin experiencia, para hacerse cargo de la sección bibliográfica. Fueron probándome y aceptándome en otras áreas, hasta que terminé a cargo de las de música popular y danza. Probablemente entonces la literatura -escribir cuentos- era mi sueño máximo, y el trabajo en redacciones una forma de ganarme la vida. Pero en 1983, al poco tiempo de entrar en Clarín, en la sección Información General -hoy Sociedad-, me di cuenta de que el periodismo era para mí mucho más: era una forma de vida.

LP - La universidad como necesidad formativa.
S.C. - Decidí estudiar Letras porque me gustaba escribir, entonces, ni soñaba con ser periodista. Hice un razonamiento que hoy encuentro ingenuo: si cuando leo un buen libro de ficción, aprendo algo para escribir mejor, en la facultad me van a enseñar a leer con más herramientas. Pero me encontré con que casi no leía literatura, sino paraliteratura, libros sobre libros, que me aportaban poco y me quitaban tiempo para escribir mis propios cuentos. Aclaro que cursé la facultad entre 1970 y 1977, a caballo entre dictaduras, con cierres durante semestres enteros, paros, cambios de planes, dos mudanzas de edificio, etcétera. Muchas materias se me hicieron cuesta arriba. Pero a la larga, lo que rescato de la universidad es un método de análisis, de estudio; herramientas para ordenar y sistematizar conocimientos, conceptos e ideas, y para hacer algo creativo con ellos. Y destaco en especial el haber tenido como profesor de Literatura Latinoamericana a Noé Jitrik, con quien aprendí un método de abordaje a los textos literarios.

LP - Trabajo y placer: el periodismo desde medios importantes.
S.C. - Trabajé en La Opinión hasta su cierre, en abril de 1981. Ya antes había comenzado a colaborar en la revista Humor, en la época de oro, cuando lideraba la oposición de la prensa gráfica a la dictadura. Otro de los medios con los cuales colaboré en forma estable fue la revista de La Nación; hasta que entré en Clarín, en enero de 1983. A partir de entonces aprendí unas cuantas cosas que, por lo que veo, no se enseñan en las carreras de periodismo y ciencias de la comunicación. Una es que la mayoría de los periodistas metropolitanos -sobre todo los más jóvenes- y de los estudiantes de periodismo, dicen pestes contra los grandes diarios, pero en el fondo les gustaría trabajar allí. Otra es que resulta difícil -aunque no imposible- llevar adelante líneas de notas que privilegien temáticas sociales, de género, de no discriminación, de identidad histórica y cultural, en medios de gran alcance.
Quiero hacer dos aclaraciones. En primer lugar, Clarín no es un diario nacional, sino un diario metropolitano de distribución nacional. En segundo lugar, en una sociedad capitalista como la nuestra, no existe la censura en un medio privado, porque se sobreentiende que uno es contratado para elaborar o fabricar un producto determinado, no otro, no el que a una le gusta. Ésas son las reglas del juego. A partir de ellas -y eso no se enseña en las facultades ni en las tecnicaturas-, si se tiene capacidad e ingenio, con cierta frecuencia se puede hallar el formato periodístico que permita publicar notas que tengan incidencia y sirvan para mejorar en algo la calidad de vida de al menos algunas personas. Ésa es la mayor satisfacción del hecho de trabajar en un medio de gran alcance, sobre todo en tiempos de Internet, en que las notas permanecen en cierto modo disponibles más allá de la fecha de publicación.

LP - Lo periodístico como realización personal.
S.C. - Suelo decir que soy ambiciosa: me gustan muchas cosas, y deseo hacerlas todas o casi todas al mismo tiempo. Esto se aplica a mi trabajo en Clarín: hay muchos temas en los que he ido creciendo -y en algunos especializándome-, y me hace feliz el poder ir alternando en ellos. En ocasiones, cuando dispongo de un poco más de tiempo para preparar una nota, disfruto enormemente aprendiendo sobre ese tema o hecho, y ciertas notas se transforman en una especie de beca breve. Otra cosa que me fascina de mi profesión, es la posibilidad de conocer y conversar con personas totalmente diferentes, lo cual lleva a un ejercicio que se practica muy poco: no dar nada por sentado, no creer que lo aprendido es siempre aplicable de manera automática a nuevas situaciones, no tener prejuicios, estar abierta a que las cosas pueden ser de manera diferente. Todo esto llega a su máxima expresión con los libros, que implican investigación periodística, estudio, mucha lectura, entrevistas de todo tipo, razonamiento, análisis, comprensión, y ese juego fascinante de escribir, de buscar la palabra justa, la expresión precisa.

LP - Lograr el fin en la diaria tarea sin llegar a lo rutinario para el lector.
S.C. - Parto de la base de que a todos, desde que somos pequeños, nos gusta que nos cuenten cuentos. Y por lo general, una crónica es un cuento que comienza por el desenlace -no es casual que haya sido García Márquez, un genial periodista, el autor de Crónica de una muerte anunciada-. Ése es una de las premisas para evitar la rutina. La otra, entretenerme yo misma mientras produzco y escribo la nota; porque si yo misma me aburro, seguro que también se aburrirá el lector.

LP - La docencia y una forma de prolongarse en los demás.
S.C. - Formé parte de la última promoción de maestras normales, que cursaron el magisterio; una formación excelente, en la época en que la escuela pública argentina era lo más excelso, que nos marcó a casi todas las de mi camada. No ejercí entonces, pero sí más adelante, en la Alianza Francesa, tras haber hecho una especialización en traducción e interpretación, y un curso pedagógico habilitante. Sumo luego las materias pedagógicas de la facultad. Y le agrego la firme convicción de que cuanto mejor sea el nivel periodístico del ámbito en el que me toque ejercer, más espacio tendré yo misma para hacer un periodismo de mejor calidad. Lejos de creer en carreras competitivas, creo en el trabajo en equipo y en la transmisión de lo aprendido. Por otra parte pienso que, al ser el periodismo una actividad pública, destinada a otras personas, los errores que comete un periodista perjudican a los demás, a los lectores y a terceros. Por eso me gusta trasmitir lo que aprendí, enseñar a observar, a preguntarse y preguntar, a pensar, a razonar, a ordenar ideas y conceptos.

LP - Editar libros: superar al hijo y al árbol.
S.C. - El primer libro en el cual participé, ya siendo periodista, fue No llores por mí, Catamarca, de Luis Pazos y Alejandra Rey, sobre el caso María Soledad. Eso me abrió una perspectiva expresiva que, desde entonces, se convirtió en una necesidad pacíficamente insaciable. Ya sea en libros de texto para la formación de periodistas y comunicadores, ya se trate de investigación periodística o de ensayo, me es imprescindible tener siempre al menos un proyecto entre manos. Después de tantos años trabajando en un medio masivo, soy muy consciente de las limitaciones de alcance de un libro; y no me conforma ni consuela la profundidad individual que sí puede tener. La respuesta -la explicación- es que me siento mejor haciéndolo que no haciéndolo.

LP - Próximos trabajos pensados.
S.C. - Hay varios. Los que tengo más en claro están vinculados con la enseñanza del periodismo. Uno es un manual sobre técnicas de la entrevista periodística -la entrevista como recurso para buscar información-, que inicié y abandoné un par de veces, pero del que hay más del 60% escrito. Me gustaría también actualizar Así se hace periodismo. Manual práctico del periodista gráfico, como también Periodismo sobre catástrofes. Hay más proyectos, pero prefiero no hablar antes de haber iniciado un camino firme.

LP - El nombre que uno no elige tener: no te llamás sino te llaman Sibila.
S.B. - ¡Me llamo Sibila! No puedo decir que sea mi nombre de pila porque no estoy bautizada. Pero me identifico plenamente con ese nombre, porque es sencillo -no tiene y griega, ni doble ele, sino simplemente seis letras vulgares- y, sin embargo, es original.

Sibila Camps textual

Un libro sobre el Malevo Ferreyra
"La curiosidad y el no dar nada por sentado me llevaron, a principios de 1994, a emprender lo que hasta ahora ha sido mi proyecto más ambicioso en el periodismo: el tratar de comprender cómo un ex comisario con varias causas penales por torturas y homicidios, recién había llegado a un juicio a fines de 1993; y cómo tenía un fuerte consenso en buena parte de la población de Tucumán. La búsqueda de explicaciones para poder comprender el fenómeno del Malevo Ferreyra se convirtió en una especie de historia de Tucumán de los últimos 70 años, y en una aventura del conocimiento y de la escritura que me apasionó como pocas cosas. Entre 1994 y parte de 1996 realicé el grueso de la investigación. Viajé entonces tres veces a Tucumán, hice la mayor parte de las entrevistas, estuve largamente con Ferreyra -entonces cumpliendo una cadena perpetua que terminó siendo VIP y de mentiritas-, realicé la búsqueda en archivos..."
La decisión de escribirlo hasta donde se pueda
"Desgrabé casi todas las entrevistas, procesé casi todo, y ya tenía incluso un borrador de bosquejo cuando se presentó el proyecto de otro libro. Pensé que la interrupción no duraría más de 8 meses, pero no fue así: el ensayo "Justicia y televisión", compartido con Luis Pazos, nos llevó dos años y medio, más otro año para darlo a conocer. Al concluir, ya no tenía fuerzas ni estímulo para retomar "el libro del Malevo". Y durante muchos años arrastré la culpa de no haber concluido ese proyecto, en especial para con las personas que me habían ayudado a llevarlo adelante. Hasta el 21 de noviembre de 2008, cuando el ex comisario Mario Oscar Ferreyra se pegó un tiro frente a la cámara de Crónica TV, para que lo sobreviviera el personaje que él mismo había forjado y cultivado, el Malevo. Ese mismo día, mi hijo me convenció de retomar el proyecto y concluirlo.

El letargo y un despertar muchos años después
"Tuve que reinvestigar mi propia investigación, inventarme un método para hacerlo, y otro para poder entrelazar todas las líneas y los planos de los cuales es emergente el fenómeno del Malevo Ferreyra: el económico -la caña de azúcar-, el gremial, el social, el cultural, incluyendo los mitos; las guerrillas, la Policía al servicio de los patrones y capataces de ingenios, luego del Ejército; el Operativo Independencia y la última dictadura militar, los 707 desaparecidos de la provincia, los ejecutados; la Policía adiestrada y habilitada por el Ejército que, ya en democracia -una democracia débil-, da lugar al Malevo, un justiciero.

"El Sheriff" hoy: satisfacción, expectativa, deseos...
"Fui enormemente feliz escribiendo este libro, siguiendo las diferentes líneas que se me presentaban, y sorprendiéndome con los entrecruzamientos y las reapariciones de personajes e historias. Historias que de ningún modo están cerradas: en Tucumán, recién ahora se está realizando el segundo juicio por desapariciones y torturas en la Jefatura de Policía, allí mismo donde trabajaba Ferreyra, entonces joven oficial de policía que se había ofrecido voluntariamente para 'luchar contra la subversión'."
23-03-2010

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