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Editorial
Los lavacoches
Desde que en nuestra ciudad se produjera el asesinato de Silvia Suppo,
en el interior de su comercio de venta de artículos de cuero, ubicado
en la zona céntrica, y siendo responsables del mismo dos jóvenes que
realizaban tareas de lavacoches, la situación de estos últimos se
modificó de manera significativa, al punto que -según sus propias
expresiones- en este tiempo posterior al trágico suceso el trabajo que
realizaban se redujo al menos en la mitad de su volumen.
Se sugirieron diversas alternativas, encaminadas al ordenamiento de
esta actividad que incluyó tanto a los lavadores callejeros de
vehículos como a los que "cuidan" a los mismos, siendo reflotado un
proyecto de Ordenanza del concejal Víctor Fardín, el cual tiempo atrás
no había obtenido respaldo entre sus pares para ser considerado,
proponiendo en el mismo el ordenamiento de esta actividad, mediante
instancias simples como el relevamiento de quienes se dedican a estas
actividades y una identificación que le permita a la gente conocer que
se trata de lavacoches o "trapitos" autorizados.
Sin embargo, aparecieron también otras voces, opinando en sentido
contrario a ese ordenamiento a cargo de la Municipalidad, considerando
esencialmente que el ente no podía hacerse cargo de la responsabilidad
laboral de los censados y autorizados, que podía afectar tanto a los
vehículos como a personas, y que además, para sostener una permanente
verificación de sus lugares de trabajo, se debería disponer de una
dotación de personal, ya que estos lavacoches y cuidadores aun cuando
suman unas 80 personas, se encuentran diseminados por gran parte del
éjido urbano de la ciudad.
Ahora, y como para no dejar el tema en el olvido, la consultora Opinar
realizó una encuesta exclusiva para LA OPINION, de acuerdo con el
sondeo efectuado entre 250 personas entre el 12 y 18 de abril. En
general, no existe una gran diferencia, ya que quienes sostuvieron no
sentirse molestos por esta actividad sumaron el 46,9%, mientras que los
que por diferentes razones los perturba el desarrollo de esta actividad
callejera sumaron el 43,8%, en tanto que el sobrante 8,3% optaron por
el más difuso "más o menos". Tenemos así que apenas hay 3 puntos de
diferencia entre quienes aprueban la actividad y quienes se manifiestan
molestos por la misma.
¿Qué hacer en cuanto a quienes desarrollan estas labores irregulares?,
pues el 49% de la gente consultada se inclinó por controlarlos mediante
un ordenamiento de la actividad, mientras que 39,1% opta en cambio por
incluirlos en alguno de los programas sociales y de capacitación y
trabajo. Por la prohibición apenas se inclinó un 3,9% de los 250
consultados.
Pero, ¿qué piensan los propios interesados? ya que la empresa de
Fernando Algaba que realizó la encuesta también consultó a estos
trabajadores callejeros. Pues el 76,5% de los mismos se mostró de
acuerdo en que la Municipalidad los registre y regule según una
normativa, destacando el 37,3% que no tendría ningún problema en ser
controlado, mientras que el 23,3% consideró que una disposición de esa
naturaleza les daría mucha mayor confianza a los potenciales clientes.
En oposición a un registro de esta naturaleza apenas se inclinó el
19,6%, esgrimiendo como principal argumento "no hace falta".
De llevarse este caso nuevamente a estudio del Concejo Municipal,
existen dos alternativas; una de ellas que se regule la actividad con
todo lo que ya ha sido planteado, en tanto la otra posibilidad es que
se prohíba la misma en las calles de la ciudad. Ante este último caso,
el 25.5% de los lavacoches respondieron que buscarían otro trabajo,
19,6% que reclamarían que le den otra actividad a cambio, 17,6% haría
oír su protesta, 17,6% no tendría alternativas, 5,9% dejaría de
trabajar, 3,9% estima que se verían incitados a robar, mientras que 2%
repartiría diarios y otro igual porcentaje igualmente continuaría con
el lavado de coches.
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