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Rafaela y su gente
Hugo Rubén Toniollo
Por Mario Cabrera (Redacción LA OPINION). - Continuando con el repaso
de los personajes más destacados o conocidos que tiene nuestra ciudad,
el entrevistado de la jornada se puede decir, y a las pruebas me
remito, que es un ser bastante popular. La mención es para Hugo Rubén
Toniollo, que se hizo "rafaelino" por esas cosas que tiene la vida. El
referente de esta columna nació en la ciudad de San Cristóbal, a 110
kilómetros al norte de Rafaela, en vísperas de la primavera. Para ser
exacto, fue el 13 de septiembre de 1955. Pero siendo muy joven, a los
13, y en virtud de la complicada situación económica y laboral que
sufría por ese entonces su tierra natal, a Hugo no le quedó otra que
buscar nuevos horizontes junto a su familia. Hijo de Rogelio Toniollo,
que trabajaba en el ferrocarril, y Francisca Ferrero, el nuevo y
definitivo rumbo del protagonista de la fecha fue Rafaela.
SUS INICIOS
Ya instalado en nuestro medio, nuestra figura realizó los estudios
secundarios en la escuela 25 de Mayo, hasta que en 3er. año se recibió
de perito mercantil y empezó a trabajar. Su primer laburo lo encontró
en la estación de servicios Avenida y a partir de allí comenzó a
progresar lentamente, porque luego de un tiempo trabajó 2 años en un
estudio contable. Posteriormente, su nuevo trabajo lo halló en Uncoga y
ya grande, su nuevo empleo fue la calle, hasta el día de hoy. Su nuevo
emprendimiento fue haber comprado un reparto de panificación y esa
sigue siendo su actual actividad.
Aquí, Hugo también conoció a su esposa, Josefina Dovedo, también otra
rafaelina por adopción. Contrajeron enlace en 1982, cuando él tenía 28,
y fruto de ese matrimonio nacieron Emanuel (27) y Jésica (23), los 2
hijos que le dio la vida y la naturaleza. Hablando de la tierra de sus
orígenes, Toniollo nos comentó en la charla que "decidimos cambiar de
rumbo porque se hizo difícil la vida en San Cristóbal, donde suelo ir
de visita muy esporádicamente".
SU PASION
Al igual que la mayoría de los argentinos, él siente muchísima pasión
por el fútbol, deporte que tomó como diversión y no para ser profesional. Es por ello que Barrio Dho de San Cristóbal fue su primer club. Y
cuando vino a nuestra ciudad, empezó a jugar en las divisiones inferiores de 9 de Julio, club del cual es hincha, al igual que Boca, su otra
casaca. Vistiendo los colores del León rafaelino, Hugo se formó como
jugador junto a grandes leyendas del fútbol doméstico, como ser Miguel
Rosetti, "Varilla" Zimmermann, Jorge Maina, Hugo Cossa, el "Negro"
Olivero y Oscar Roldán, entre otros. Destiló su fútbol en el "9" de los
13/14 años hasta los 25/26 siendo un defensor aguerrido. Su futuro
futbolístico lo transitó luego en San Martín de las Escobas, hasta que
a los 30 se vio obligado a abandonar por una lesión. "Me daban las
condiciones para jugar de defensor, aunque también lo he hecho en
alguna oportunidad como volante. Como técnico los tuve a Héctor
Moscardo, Miño y al "Negro" Gallardo, pero Miño fue el que más me marcó
y me enseñó. Fue el más profesional de los tres, sin menospreciar a los
otros, sabía mucho de fútbol. Tal vez una cuenta pendiente que me quedó
como jugador de 9 de Julio fue no haber salido campeón en Primera,
aunque en inferiores pude conseguir muchos títulos", continuó narrando
Toniollo en la conversación.
El mejor jugador que vio en las canchas rafaelinas fue "Repollo"
Fernández, "un jugadorazo", dijo. Debutó con él a los 16 cuando el
habilidoso gran volante se retiraba. Un tiempo después tuvo la chance
de ir a jugar a Colón, gracias a los contactos que tenía Arturo Brega
pero no se pudo concretar porque el "9" pidió mucho dinero por su pase.
SUEÑO CUMPLIDO
Tras el retiro, hubo un intervalo de los 30 a los 40 años donde no
agarró más una pelota, y su otro deporte pasó a ser el paddle. Hasta
que hace 15 años, más o menos, se encontró con un viejo amigo de su
época, con "Varilla", y formó un equipo de fútbol para jugar los
torneos comerciales y amateurs, donde en el presente sigue derrochando
y destilando fútbol, siendo un claro ejemplo para muchos de los
jóvenes.
"Mi vida es sencilla. No pretendo más. Lo que deseaba, que fue tener
una familia y criar hijos, lo pude hacer. Lo material no me interesa.
Ahora, mi único sueño es ver casados a mis hijos, enseñarles e inculcarles cosas de la vida, y ver cómo avanza la familia", prosiguió
relatando Hugo.
ETERNO AGRADECIDO
Acerca de Rafaela, mencionó que "no la cambio por nada. Es muy linda y
es la mejor ciudad para criar a los hijos. Me dio la oportunidad de
crecer y de tener siempre trabajo para mantener a mi familia. Pero
además, me dio muchísimos amigos y lo más importante fue que pude criar
a los míos en un lugar de armonía. Así que soy un eterno agradecido a
Rafaela porque me dejó plasmar mis sueños. Hoy en día, a la ciudad no
le falta nada y crece demasiado, para mal. Es segura y una de las más
limpias del país. Y no es una isla, como muchos dicen. Pero lamentablemente, su gran problema es el tránsito. Las calles no están en buen
estado y transitar es un suplicio. Otro aspecto negativo que fui viendo
con el paso de los años es que fue perdiendo la palabra, la honestidad
y la sinceridad. Y a partir de allí, subsisten todos los problemas
cotidianos, como las drogas, los robos, los asesinatos, etc. Se han
perdido los valores y los consejos. Los hijos ya no hablan más con los
padres porque la computadora, la TV y el celular cambió mucho la forma
de crianza. Distorsionó mucho la mente de los chicos. Por eso, para mí,
sentarme a la mesa con la familia es sagrado, al igual que la visita de
mis hijos los fines de semanas a los abuelos".
EL MENSAJE
Por último, a manera de reflexión para los lectores de nuestro Diario,
Hugo Toniollo cerró la nota hablando como es, como un rafaelino más,
pero humilde y honesto. "Hay que vivir como se debe, no como se quiere,
respetando los derechos de los demás a rajatabla, al igual que los
valores de la sociedad. Hay mucho odio, por eso el ser humano tiene que
querer a sus semejantes y creer en algo. Me gané muchísimas amistades y
muchos conocidos en la vida por ser como soy. Me gusta la honestidad y
cumplir con la palabra, un legado que siempre me enseñó mi viejo".
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