La discusión sobre el tipo de cambio existe pero no hay pronta resolución
Hoy en dÍa con un tipo de cambio nominal de 3,89 Pesos por dólar, el
tipo de cambio real macroeconómico (ajustado por ipc e&r) se ubica tan
solo un 39% por encima del de fines de la convertibilidad.
Considerando una inflación minorista de 29% (y/y) hacia fin de año, si
el tipo de cambio nominal quedara fijo en 3,89 durante los próximos
siete meses, el tipo de cambio real de diciembre próximo sería apenas
un 18% más elevado que el de diciembre 2001.
Para llevar la competitividad del tipo de cambio real a los niveles de
diciembre 2006 ó 2007, habría que subir el tipo de cambio de 3,89 a
5,15 ó 4,63 Pesos por dólar respectivamente, sin embargo, la ganancia
de competitividad que se obtendría haciendo saltar el tcn desaparecería
por completo (por la inflación) de aquí a fin de año y el tipo de
cambio real se ubicaría en el mismo valor de hoy.
Hay muy poco margen de acción para "reconstruir" el tipo de cambio real
competitivo por medio de una depreciación nominal. El tipo de cambio
nominal es la única ancla que tiene nuestra economía y su (fuerte) suba
sería desestabilizadora.
La competitividad de tipo de cambio real del peso argentino contra las
monedas de brasil y de europa, es mejor que contra el dólar norteamericano.
La competitividad y la protección que brinda actualmente el tipo de
cambio real contra la moneda brasilera no es baja, ya que es más
elevada que en diciembre 2004; 2005; 2006 y 2008.
Herramienta
La teoría económica y la evidencia internacional avalan utilizar el
tipo de cambio como herramienta de política para lograr diferentes
objetivos económicos como, por ejemplo, controlar la inflación o
generar crecimiento económico. En los '90, el descenso del aumento del
nivel general de precios a niveles "normales" era prerrequisito para
poder crecer. Argentina pegó el tipo de cambio al dólar norteamericano
para bajar la inflación a una tasa promedio en torno al 2%/3% anual.
Luego de la salida de la Convertibilidad el escenario doméstico era
totalmente diferente al del inicio de los '90. El desempleo, la pobreza
y la indigencia eran los principales problemas macroeconómicos; no la
inflación. En ese marco, nuestro país eligió utilizar el tipo de cambio
real depreciado como instrumento para incentivar la generación de
empleo y la producción, estimulando las actividades de mano de obra
intensiva.
Argentina no ha inventado nada. La mayoría de los países emergentes
utilizan el tipo de cambio de una manera u otra. Lo más importante no
es el uso específico que se hace del tipo de cambio, sino ser
consistentes en su utilización. En otras palabras, una vez que se
decide aplicar un sistema de tipo de cambio determinado, el resto del
programa macroeconómico debe estar en línea con esa elección. Si así no
se lo hiciere, el programa macroeconómico termina indefectiblemente
fracasando, ya que se ahoga en sus propias incongruencias.
El tipo de cambio real depreciado es el centro neurálgico del modelo
productivo surgido luego de la salida de la Convertibilidad.
Puntualmente, entre 2003 y 2007, el tipo de cambio real depreciado
permitió que nuestra economía creciera a una tasa promedio anual de
8,8% y que la tasa de desempleo, pobreza e indigencia cayeran, en
promedio, a la mitad de los niveles de 2002. En pocas palabras, el tipo
de cambio real elevado estuvo en el centro de los logros
macroeconómicos de ese período.
Mantener un tipo de cambio real elevado exige que nuestra moneda no se
aprecie nominalmente con respecto a las monedas de nuestros socios
comerciales y, por el otro lado, que nuestra inflación sea igual o más
baja que la que tiene lugar en las otras economías.
En un marco de exceso estructural de dólares, que presiona el tipo de
cambio nominal hacia la baja, el Gobierno fue consistente con su
política de tipo de cambio real elevado y no dejó caer la cotización
del dólar. Sin embargo, tenía dos maneras de evitar la apreciación
nominal, una consistente con el modelo de tipo de cambio real
depreciado y otra que lo termina aniquilando en el largo plazo.
La primera opción (la consistente) era generar el ahorro público
necesario para comprar el exceso de oferta de dólares sin tener que
recurrir a la emisión y sin generar inflación. La segunda alternativa
consistía en emitir pesos para comprar el excedente de divisas y
mantener el tipo de cambio nominal depreciado.
La primera opción era consistente con el "camino elegido" y permitía
perpetuar el modelo de tipo de cambio elevado en el largo plazo. El
tipo de cambio real no se aprecia porque el tipo de cambio nominal no
cae y por que los precios no aumentan.
Por el contrario, la segunda alternativa es inflacionaria y termina
asfixiando al modelo ya que aprecia el tipo de cambio real vía la
aceleración del aumento de precios. Desde finales de 2005 el Gobierno
nacional eligió crecientemente la segunda alternativa y, en consecuencia, el modelo de tipo de cambio real elevado se desvirtuó hasta
terminar agonizando.
De acuerdo con nuestras estimaciones, hoy en día, con un tipo de cambio
nominal de 3,89 pesos por dólar, el tipo de cambio real (ajustado por
IPC E&R) se ubica tan solo un 39% por encima del de fines de la
Convertibilidad. En este marco, considerando una inflación minorista de
29% (y/y) hacia fin de año, si el tipo de cambio nominal quedara fijo
en 3,89 durante los próximos siete meses, el tipo de cambio real de
diciembre próximo sería apenas un 18% más elevado que el de diciembre
2001.
Al mismo tiempo, si el Gobierno deslizara el tipo de cambio nominal
hasta 4,20 pesos por dólar en diciembre 2010, sólo lograría que el tipo
de cambio real de fines de este año fuese un 27% superior al de la
salida de la Convertibilidad.
Modelo
Desde el punto de vista de la supervivencia del modelo post
convertibilidad, sería necesario reconstruir el tipo de cambio real
competitivo. Sin embargo, de acuerdo con nuestra visión, hay muy poco
margen de acción para "reconstruir" el tipo de cambio real competitivo
por medio de una depreciación nominal. Hoy en día, el tipo de cambio
nominal es el único ancla que tiene nuestra economía y su (fuerte) suba
sería desestabilizadora.
El Gobierno sabe que un tipo de cambio nominal estable contribuye a la
estabilidad macroeconómica y al crecimiento económico y por eso hace un
manejo cambiario muy cuidadoso en el cual deslizando sólo muy
suavemente el tipo de cambio nominal. De hecho, la cotización de la
moneda estadounidense permanece casi sin variaciones hace prácticamente
un año, ya que promedia 3,845; 3,840 y 3,873 pesos por dólar durante
los últimos 9; 6 y 3 meses; respectivamente.
En este punto, cabría preguntarse a qué momento de los últimos años
sería necesario llevar el tipo de cambio real para reconstituir el
"modelo productivo". En este sentido, para llevar la competitividad del
tipo de cambio real a los niveles de diciembre 2006 ó 2007, habría que
subir el tipo de cambio de 3,89 a 5,15 ó 4,63 pesos por dólar; respectivamente.
Sin embargo, la depreciación del tipo de cambio nominal es "pan para
hoy y hambre para mañana" ya que la ganancia de competitividad por su
suba se licua muy rápidamente por los elevados niveles inflacionarios
que tiene nuestra economía hoy en día.
Si en la actualidad el tipo de cambio nominal subiera repentinamente de
3,89 a 4,63, la macroeconomía argentina volvería a tener el nivel de
competitividad precio de fines 2007. No obstante, la ganancia de
competitividad que se obtendría haciendo saltar el TCN de 3,89 a 4,63
desaparecería por completo (por la inflación) de aquí a fin de año
y el tipo de cambio real se ubicaría en el mismo valor de hoy (1,39).
En este marco, consideramos que hacer política antiinflacionaria sería
la mejor opción para evitar que el tipo de cambio real se apreciara e
intentar preservar "lo que queda" del modelo productivo.
Sin embargo, no solamente hay que mirar el tipo de cambio real contra
el dólar, sino que también hay que prestarle atención a la evolución
contra el real y el euro, porque Brasil y Europa representan, en
conjunto, entre el 35% y 40% de nuestro comercio exterior.
La competitividad de tipo de cambio real del peso argentino contra las
monedas de Brasil y de Europa, es mejor que contra el dólar
norteamericano. Este fenómeno es particularmente evidente en la
comparación contra Brasil. En pocas palabras, la competitividad y la
protección que brinda actualmente el tipo de cambio real contra la
moneda brasilera no es baja, ya que es más elevada que en diciembre
2004; 2005; 2006 y 2008.
De acuerdo con nuestras estimaciones, si el tipo de cambio se
depreciara a 4,20 y el Real se mantuviera en los niveles actuales,
hacia fin de este año el tipo de cambio real contra la moneda de Brasil
sería el mismo que en abril 2009; septiembre 2008 y fines de 2005 /
comienzos de 2006.
Frente a los pedidos de la UIA y el campo el Gobierno podría considerar
no sólo la competitividad del tipo de cambio real contra el dólar sino
también contra el real y el euro, lo cual le daría más margen para
continuar con su política actual de suave depreciación del tipo de
cambio nominal, que se depreciaría aproximadamente un tercio de la
inflación y se ubicaría en 4,20 pesos por dólar a fin de este año.
FUENTE: Economía y Regiones -
Director Rogelio Frigerio
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02-05-2010

Sobre cómo las decisiones políticas condicionan el desarrollo económico

La discusión sobre el tipo de cambio existe pero no hay pronta resolución

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