Néstor Kirchner, el secretario general
Por Jorge Altamira (*)
La candidatura de Kirchner a la Unasur fue impuesta por Lula da Silva:
es la única razón que explica el voto favorable de Uribe, Alan García e
incluso Mujica y Piñera. Lula sigue sumando, así, una masa crítica para
incorporar a Brasil al Consejo de Seguridad de la ONU o lograr para él
su secretaría general. Es con esto a la vista que Lula resignó, "con
humildad", la posibilidad de su reelección como presidente de Brasil.
La Unasur es un diseño del "complejo industrial-militar" de Brasil y de
las corporaciones de la construcción, que se benefician con las obras
de infraestructura, en especial del corredor bioceánico. Las burguesías
menores de la región aspiran a colgarse de este carro brasileño: el
actual presidente de la Unión Industrial Argentina, Héctor Méndez, es
socio de una fábrica de armas en Curitiba. Al asimilar en su seno a
Bolivia, Venezuela y Ecuador, aprovecha el enorme caudal de materias
primas de estos países, e incluso su fondo financiero, como ocurre con
Venezuela. De paso, disipa las fantasías de que alguno de ellos se esté
encaminando al socialismo o a la nacionalización sin pago de los
grandes capitales. La Unasur liga en su tejido capitalista a las
economías más estatizantes. Lula evitó, hace tres años, que Bolivia
nacionalizara la refinería de Petrobras o que impusiera los precios del
gas que vende a Brasil. Andrés Solís Rada, quien fuera ministro de
Hidrocarburos de Bolivia hasta que Lula le bajó el pulgar, denuncia un
plan de Brasil para "instalar un polo de gas-químico en la frontera, la
industrialización del litio y del potasio, la construcción de
aeropuertos, vías férreas y carreteras, además de proyectos de
electrificación, exploración de áreas petroleras e investigación de
hortalizas tropicales" (Argenpress, 26/4). Solís destaca "el interés de
la Vale do Rio Doce" -la segunda minera más grande del mundo,
transferida a empresarios privados del vecino país- "en evitar que las
100 millones de toneladas de reservas de litio y las dos mil millones
de reservas de potasio del salar de Uyuni sean explotadas (...) sin la
participación decisiva de Brasil" (www.rebelion.org). En Argentina, la
reciente compra del banco Patagonia por parte de Unibanco confirmó el
acaparamiento de la industria cementera, de la carne y las finanzas por
capitales brasileños.
Brasil, sin embargo, apunta a un desarrollo aún mayor en la industria
aeronáutica y los biocombustibles. Embraer ya ha puesto un pie en
Aerolíneas. Estas iniciativas la ponen en ruta de colisión con los
capitales norteamericanos algo que, desde los tiempos de Bush, Brasil y
Estados Unidos han buscado neutralizar mediante acuerdos recíprocos.
Por esta vía -y, por sobre todo, por su peso económico en la región- el
capital norteamericano tiene su propia hoja de ruta en la Unasur. En
definitiva, la Unasur es un proyecto de los grandes capitales ("los
grupos más concentrados" en el habla K) que debe resolver aún la
ecuación con el imperialismo yanqui. Por eso contó, en su momento, con
el fervoroso apoyo de Duhalde y la reticencia del ahora convertido K.
El nacionalismo latinoamericano prefiere ignorar estos hechos y hace
flamear la bandera del Banco del Sur, que viene durmiendo el sueño de
los justos. Es posible que en este punto Brasil deba hacer alguna
concesión, ya que, después de todo, su Banco de Desarrollo, veinte
veces más grande y con acceso a financiamiento internacional y a la
exacción de la Anses brasileña, puede convertirlo en su propio mascarón
de proa.
PIÑERA, MUJICA
El apoyo de Piñera y de Mujica a la designación de Kirchner no es
difícil de explicar cuando se tienen en cuenta los lazos que unen a las
mineras que operan en Argentina y Chile, o a las pasteras y papeleras
en Chile, Argentina y Uruguay. Tupamaros y pinochetistas sellan sus
acuerdos en función de los intereses capitalistas, de cuya defensa se
han hecho cargo. Los K han prometido ahora colaborar en el dragado de
los canales de Martín García para poder transportar mejor la pasta de
las Botnia que se instalan en la costa uruguaya (en gran parte de
capitales chilenos). Con Evo Morales, los negocios no son menores: la
exportación de petróleo y gas de la Repsol boliviana a Argentina y el
gasoducto del Norte para Techint.
El enfático apoyo de Chávez está signado, en cambio, por factores más
"estrechos": los fideicomisos argentino-venezolanos que especulan en el
mercado negro del bolívar fuerte. Los Lula, Kirchner o Chávez, como lo
hicieron sus antecesores del mismo signo político, se abroquelan para
disputar al imperialismo una tajada mayor del ingreso mundial, pero
acaban colaborando con él y resignando posiciones cuando la economía
mundial deja de presentar tendencias favorables a los precios de las
materias primas.
YO, ARGENTINO
A Kirchner, sin embargo, no lo guían a la secretaría de la Unasur los
intereses nacionales o antinacionales latinoamericanos, sino la carrera
a la candidatura en 2011. En este sentido, ha obtenido una victoria por
paliza contra sus rivales en el campo patronal. El hombre del momento
para la gran prensa internacional, Lula, lo ha bendecido con la unción,
la que ha sido secundada por unanimidad. Kirchner ha ganado en estatura
mediática. Sólo tiene un problema: que la candidata de Lula gane las
elecciones de octubre próximo en Brasil. De lo contrario, acabará
amargándose con el premio que hoy recibe.
Estas escaramuzas diplomáticas quedan reducidas a su real dimensión
cuando se mira el mapa de la crisis mundial, que tiene al capitalismo
caminando por el abismo. Las fantasías desarrollistas deben medirse con
lo que se va desarrollando en el mayor colapso en la historia del
capital. El desafío para la clase obrera es convertirlo en el último,
aunque esto supone un trabajo, más sistemático que prolongado, de
recuperación revolucionaria de los trabajadores.
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