A mí también me gustan los perros
Por Erika López (*). - En mi defensa; tengo una fuerte cultura perruna
en la familia; empezando por haber tenido siempre perros grandes,
guardianes y amistosos y siguiendo porque siempre los he llevado a
pasear o a correr, siempre con una correa para no asustar a la gente (o
bien a sus iguales pequeños). En cuanto a lo "peligrosos", en realidad
creo potencialmente todos pueden serlo porque sus acciones están
guiadas por su instinto y no la norma y por eso prefiero verlos con sus
dueños.
Tal vez también es cierto que la mascota, como es de antigua costumbre,
pueda traer buena fortuna quizás esto sea con respecto a su amo que
disfruta supuestamente de su compañía.
Ahora bien, también me gusta mucho andar en bicicleta. Se pregunta uno
porqué llevarse bien con los perros y andar en bici no serían
compatibles siendo dos cosas bastante naturales, simpáticas y hasta
saludables. Pero a quién le pueden gustar los perros cuando se ensañan
con tus tobillos y no hay dueño a la vista que le diga ¡basta!
La mayoría de los aficionados a la bici tienen su récord de velocidad y
ritmo cardíaco escapando de perros campestres y he escuchado también de
alguno que no pudo escapar al mordisco. Entiendo que en el espacio de
un campo sea difícil poder controlar a un perro, pero ya los de ciudad
con delirio de persecución a cualquier cosa que vaya más rápido que
ellos, y sueltos, son insufribles. Si además muerden, la cosa se
complica.
Pasó finalmente; que a pesar de precauciones, en los últimos días la
combinación perro-bici me llevó a un momento no tan placentero en
emergencias, puntos, antibióticos e inyecciones. No era casualidad que
el perro no fuese mío; quizás si era casualidad que el perro estuviera
suelto, sin dueño a la vista y fuera un poco rayado. El caso es que yo
venía tranquilamente acelerando y este salió a morder aunque no
estuviera frente a su casa; no sabía si iba a llegar a escapar sin que
me hiciera caer, entonces intenté dejar de pedalear (me indicó un amigo
que normalmente los perros se calman cuando se para el movimiento, lo
cual resultó bien en varias ocasiones). Pero este igual saltó sobre mí,
reservándose los lados más pulposos y estaba dispuesto a hacerse una
merienda si no fuera porque muy gentilmente, alguien que venía en un
auto y observaba, por suerte, le tocó bocina. El perro se asustó y me
largó. Allí empezó la búsqueda del perro, la llamada a la GUR, las idas
a la policía, y alguna reflexión.
No estoy rabiosa, el perro estaba perfectamente vacunado; y la verdad
es que la cosa no fue tan grave para mí, ya que el músculo estaba
caliente y casi ni sentí el colmillo, sólo veía al perro con la boca en
mi cuerpo, lo que me impresionó un poco. Las curas, los puntos y las
inyecciones fueron hechos con total delicadeza, también la vigilancia
tuvo buena respuesta en el momento. Sin embargo no me causa ninguna
gracia el reposo, pero no es por eso que escribo esta nota.
A mí ya me pasó, ¿y ahora? ¿se puede evitar que le pase a otro? Ese no
es el único perro que vi suelto en la ciudad, está lleno de perros
sueltos y me preocupa un poco la falta de cuidado en este tema. Podría
haber caído y sufrir lesiones mucho más graves. ¿Pero qué si era un
chico? ¿Y si el perro no iba a la nalga sino a la cara? ¿Qué si era una
moto y te hacen chocar? O un auto, ¿o que si la persona atacada tiene
una mala caída y la cosa resulta de gravedad?
Debe recordarse a los señores propietarios de los perros sueltos que
podrían tener problemas si esto sucede. No sólo por los que muerden
sino por los que pueden generar cualquier tipo de accidente; la víctima
debe ser resarcida de cualquier daño físico, moral y si no están
dispuestos a hacerlo por las buenas pueden ser denunciados. ¿Es
necesario explicar los recursos legales y consecuencias económicas
para que la gente se haga responsable de su mascota?
¿Cuántas personas en la ciudad escaparon de un accidente parecido de
casualidad? La idea es hacer algo por el solo hecho de que la gente
debería poder andar por la calle con cierta tranquilidad. El
procedimiento, cuando te muerden es encontrar al dueño del perro y
asegurarse de que esté vacunado; hablar con la persona responsable y si
no se hace cargo recurrir a la policía. En el caso de no encontrar al
perro acercarse a la GUR.
Y si usted es el dueño del perro quizás la idea a seguir es ponerse en
el lugar un poco más vulnerable de quien pone el cuerpo. Pensar que hay
un perro como el suyo del otro lado de la ciudad y de pronto a su hijo
o a Ud. también lo puede tomar de sorpresa y causarle inconvenientes.
Entonces no lo va a dejar muy tranquilo que le digan "normalmente está
atado" por ahí no reacciona bien, está seguro de que era el mío porque
es buenito si no le hacen nada" como se ha escuchado en alguno de estos
casos, que ya son varios. Estos animales necesitan control y una
persona que se haga cargo de ellos y pueden ser inofensivos si están
bien educados y cuidados (a no ser que entre alguien en medio de la
noche queriendo llevar algo que no le pertenece).
A mí también me gustan los perros; y como ellos no pueden ser
responsables de sus propias acciones creo que corresponde que nosotros,
los dueños, sus amigos entrañables, tratemos de cuidarlos
adecuadamente. Si no ¿para qué los tenemos? ¿Para vigilancia? Tener a
un perro grande atado para que nos cuide sin darle mucho cariño tal vez
un día se nos puede volver en contra, eso es un perro peligroso. Y en
cuanto a la fortuna que puede traer la mascota; a la buena suerte,
dicen, hay que ayudarla.
(*) Vogger77@aol.com
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10-05-2010

A mí también me gustan los perros

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