RAFAELA DEL AYER
El viejo mercado municipal
En la década del cuarenta, dos o tres días a la semana iba en bicicleta
al viejo Mercado Municipal. Era un "mandado" que me gustaba hacer,
porque el del Mercado era un ambiente especial, distinto, pintoresco y
bullanguero. El vocerío de puesteros y clientes, se mezclaba con el
cloquear de las gallinas.
"¿Gallinas?", se preguntará el lector. Sí, pollos y gallinas "vivitos y
coleando" en sus jaulas, en los varios puestos (pollerías) que había.
El comprador señalaba con su índice y decía: "Deme esa bataraza", o "Me
llevo esa colorada". Y a veces hasta pedía que se la mataran ahí mismo.
Y el puestero así lo hacía.
Yo empezaba la recorrida en la carnicería de don Luis Galotti (abuelo
paterno de la modelo y conductora de TV, Nequi Galotti), ubicada al
oeste de la calle central, adoquinada, por donde se desplazaban carros
y camioncitos que traían o llevaban mercaderías. Lo que no encontraba
en esa carnicería, lo buscaba en la de Culasso o en la de Aimino.
El "mandado" seguía por las verdulerías: a veces de Caula, otras de
Muriel (padre del ex intendente Rodolfo B. Muriel) o de Manso. Y cada
tanto, me "mandaban" a la pescadería de Lisi, a la despensa de Vázquez
o a "La Alpina" (de esta última me acuerdo del "tumín" fresquito que
solía comprar). También me llegaba hasta la panadería de San Martín y
Ciudad de Esperanza, sucursal de "La Cooperación".
En el viejo mercado había varias verdulerías minoristas, y también
-dentro de él, o fuera pero en sus inmediaciones- estaban las mayoristas; había igualmente puestos de embutidos, pollerías, venta de pastas
frescas, un bar (sobre Sarmiento, donde funcionó el SAMCo), y en una
época hasta una churrería... Recuerdo el nombre de muchos de los
titulares de esos puestos, pero no los de todos. Evito entonces una
"lista" que pretenda ser completa, porque puede no serlo; y en tal
caso, las omisiones, aunque involuntarias, inevitablemente resultarán
antipáticas.
Si el ambiente del viejo Mercado era "especial" para los clientes,
mucho más lo era para los propios puesteros. En una excelente nota
sobre el Mercado de entonces, escrita por el entrañable amigo Sergio
Ambrogi y publicada en "Cartel" (N° 160 de noviembre de 1995), se
recoge esta expresión de don Floreal Caula: "Había mucha amistad y
camaradería entre los puesteros. Y no había diferencias: hombres y
mujeres, 'gallegos', turcos, italianos, criollos, 'rusos', éramos todos
como hermanos. Como una gran familia".
Así era el Mercado Municipal de los años cuarenta... Tuve la suerte de
conocerlo, y hoy puedo transmitir esas vivencias a los rafaelinos más
jóvenes.
Hasta el sábado venidero, si Dios quiere.
Tito Valenti
titovalenti@hotmail.com
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15-05-2010

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