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Lunes 17 de Mayo de 2010


La Región

Sunchales: la carpa de Unión

Por Pepe Marquínez, Sunchales. - A comienzos de 1948 era poco más que una aldea. El 2 de abril de ese año se fundó la institución albiverde; y de inmediato se acordó con don José Knubel, en alquilarle el terreno en donde funcionaría la pista de baile y la cancha de basquet al aire libre. No podía ser de otra manera, los salones gimnasio no existían siquiera en la imaginación de alguien.
El lugar fue, el tiempo lo demostró, estratégicamente perfecto: la esquina nord-oeste de la plaza principal de Sunchales. Se construyó la portada en ochava, con sus boleterías, se lo tapialó, se levantó el buffet y sobre el mismo, tal la costumbre de la época, se construyó el escenario. Y así comenzó a andar la entidad de calle Ameghino.
En aquel entonces, la actividad social por excelencia lo constituía el baile. Era un acontecimiento del cual participaba toda la familia.
Las reuniones en verano se realizaban en las pistas de los clubes, en cambio, cuando aparecía el frío, los lugares en que se reunía la gente era el Cine Teatro Avenida, propiedad de don Néstor Alvarez y el Cine Teatro Plaza, perteneciente a Amigos del Arte, a partir de 1940, institución cultural señera en nuestro medio hasta nuestros días.
En las postrimerías de la década del 30 y hasta los carnavales de 1947 existían en nuestra ciudad dos orquestas bien conformadas y con matices de rivalidad marcada: El Fortín y Los Ases. La primera contaba con dos cantores que marcaban la diferencia: Spencer Peppellin y Néstor Prola.
No obstante, según la tradición oral que uno ha recogido, Los Ases lo superaba en la calidad de sus músicos; a modo de ejemplo menciono al profesor Juan Guillermo Bosch (Juancito) en piano y al siempre recordado Pibe Tschopp en bandoneón, para muchos el mejor fuelle de la historia de Sunchales. Actuaban en Los Ases como vocalistas Estela Ramello y Raúl Silvestre.
Unión comenzó su actividad bailable y el 2 de noviembre de 1948 (a pocos meses de su fundación) actuó en la pista, Azucena Maizani (La Ñata Gaucha) acompañada de guitarras todos ataviados a la usanza criolla.
Construir un salón para realizar en ellos las "reuniones danzantes" tal como se mencionaba en aquella época a los bailes, escapaba a las posibilidades económicas de la institución; es por ello que surgió la alternativa de adquirir una carpa.
Sin lugar a dudas, en la mente de los directivos estaba presente el otrora famoso Pabellón de Patricio. Para quien no oyó hablar del mismo, diré que lo constituía una carpa redonda con piso de madera propiedad de don Patricio Zambón.
Era un "salón itinerante" ya que este lo trasladaba a cuanta fiesta de pueblo y capilla vecina se celebrara. En el armado y desarmado del citado pabellón colaboraba su hijo Hermenegildo y la carpa poseía un palo mayor en el centro sobre el cual se colgaba el "sol de noche".
Lo cierto es que transcurría 1952 aproximadamente y por decisión de la comisión directiva se resolvió iniciar la gestión para la adquisición de una carpa con la finalidad de utilizarla en acontecimientos sociales en épocas de invierno. A tal fin se encomendó a don Hugo Perotti (hoy el único directivo fundador con vida) quien integraba con su hermano Héctor la explotación de un almacén de ramos generales, a los efectos de que se entrevistara con Fábrica Argentina de Alpargatas. Dado el carácter de comerciante de Perotti recibía periódicas visitas del viajante de esa empresa de apellido Orsaglia.
Comenzadas las tratativas surgió el primer inconveniente: Fábrica Argentina de Alpargatas no fabricaba carpas cuadradas. El club necesitaba adaptar la carpa a la pista de basquet para lograr ocupar el mayor espacio posible. El emprendimiento era de una envergadura tal, que la empresa decidió enviar un ingeniero a Sunchales a fin de solucionar el problema "in situ". El club por su parte encomendó a don José Allasia, capitoste de la fábrica de cosechadoras homónima, a fin de que se entrevistara con el profesional.
Solucionada la traba aludida, en la fábrica Allasia se construyó la estructura para el levantado de la carpa, consistente en dos columnas de acero situadas en la cabecera norte y sur de la cancha de basquet.
Con cables de también de acero y aparejos quedó finalizada la misma.
Como el club no era cliente de Fábrica Argentina de Alpargatas la compra se facturó a nombre de Héctor y Hugo Perotti, pero la cuestión álgida, era el pago de la carpa: el club no contaba una moneda; la solución la aportó Banco Nación. El gerente de la institución bancaria sugirió que algún colono allegado al club sacara un crédito para la siembra de alfalfa. Es así entonces que don Santiago Ristorto, pese a la férrea oposición de su esposa, estampó su firma y el crédito se otorgó. El club se hizo del dinero y como corolario, digamos que luego de dos años y medio el préstamo fue cancelado por el club con puntualidad inglesa, y así comenzaron los bailes, kermeses y otras actividades deportivas y sociales en la famosa carpa del Club Unión.
En la víspera de algún acontecimiento, comenzaban los preparativos para el armado de la carpa. Recuerdo los nombres de José Bersía, Luis Rosso, Luis Cipolatti, Enrique Bertolini, Ambleto Barletta y más tarde Benito Seguro entre otros como los responsables de ello. Nosotros niños y habitantes del barrio colaborábamos puntual y entusiastamente.
Por la noche, luego de las 22 comenzaba el baile; antes se instalaban en la esquina sobre las calles Ameghino o 25 de Mayo, aún de tierra, los infaltables "empresarios del tiro al blanco". Recuerdo a dos: uno de apellido Caferatta, decían que venía de Rosario. Tenía un "sol de noche" para alumbrar los cartones a fin de que los aspirantes de la copita en miniatura tuvieran una visión acorde. Otro de apellido Biglia, quien tenía faroles más rudimentarios y que según uno aprendió, funcionaban a luz de carburo los cuales emanaban una luz inmaculadamente blanca.
La muchachada de entonces, impecablemente vestida probaba suerte. Luego entraban a la milonga. Casi todos, además de lucir elegantes trajes y zapatos bien lustrados, ostentaban una brillante peinada a la gomina o a la cachetada como se decía también. La gomina de color guinda, era indefectiblemente de marca Brancato, venía en un frasco de vidrio con tapa de aluminio. Fue lanzada a la venta por don José Antonio Brancato, en su farmacia de calle Florida N° 620 de Buenos Aires y luego se expandió por todo el país. Corría 1914. Era un mucílago que tuvo gran aceptación en el público. Rafael Díaz Gallardo y Rina Morán anunciaban por radio El Mundo que estaba elaborada con tragacanto de Persia. En realidad con el vocablo gomina (era marca de fábrica) se produjo una lexicalización del objeto, es decir la marca suplantó al objeto, tal como sucedió por ejemplo con la marca Gillette por hoja de afeitar y en la actualidad con Trafic por minibús. También y por ello lo encomillé, "Sol de Noche" era marca de fábrica.
Por la carpa de Unión pasaron conjuntos orquestales, solistas y espectáculos de los más diversos. Recuerdo a los Cinco Latinos en su etapa inicial, Jean Duval "El órgano de ensueño", las orquestas de tango cordobesas de Lorenzo Barbero y Torcuato Vermouth, esta última con sus cantores Luque y Montes, el cantor Armando Moreno, vocalista emblemático de la típica de Enrique Rodríguez, la Jazz Los Comandantes.
En cuanto a los conjuntos zonales rememoro a Los Cuatro Acordeones con su cantor Héctor Voccos y la orquesta Característica Víctor con su cantor Walter Cavallero. Esta, iniciaba su actuación inexorablemente con un paso doble y tras cartón la pista se llenaba.
En varias oportunidades actuó el ciclista Rubén Leto, batiendo su propio récord de permanencia en bicicleta. Recorría la pista dando vueltas en la misma permaneciendo 72 horas ininterrumpidas. Era un espectáculo curioso aunque obviamente un tanto monótono.
Hacia 1958, finalmente, la carpa fue subastada en dos lotes por la Cooperativa Ganadera en su predio de remates ferias. La comisión directiva así lo resolvió, ya que el armado y desarmado de la misma se hacía muy dificultoso y provocaba resistencia entre sus integrantes. Su peso era excesivo, ya que era lona ciento por ciento (no contenía la mezcla plástica de las actuales que la alivianara) y era muy sucia ya que juntaba mucho polvo.
Esta es en apretada síntesis la historia de la carismática carpa de Unión. Sólo nos queda el recuerdo de los hechos y circunstancias que rodearon su emplazamiento y al evocarla nos invade un dejo de pesadumbre y nostalgia. Es que ocupó un lugar importante en los días felices de nuestra infancia.

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