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Editorial
Gastos desordenados
Un reciente informe del Instituto de Desarrollo Social de la Argentina
(IDESA), da cuenta que los gastos públicos han crecido de una forma
totalmente desordenada, y además, exageradamente, ya que actualmente
consumen el 40% del PBI, a pesar de lo cual no existe calidad en los
servicios, ni tampoco hay un impacto favorable en la disminución de la
pobreza, la cual por el contrario, continúa creciendo.
Un paso adelante en este sentido podría ser la normalización de las
relaciones con la comunidad financiera internacional, con este nuevo
canje de deuda que está poniéndose en marcha. Podría interpretarse como
una señal muy favorable en cuanto a encarar un desarrollo sostenido,
pero por sobre todas las cosas ordenado, lo cual no se produjo en estos
años en que la economía tuvo una expansión entre 8 y 9 puntos anuales.
Sin embargo, para que efectivamente se produzca un desarrollo
sostenido, tal como han tenido otros países de la región -Brasil,
Chile, Uruguay y Perú-, quienes aprovecharon debidamente los buenos
tiempos que tuvimos a favor, se deben dar también otras cuestiones,
como por ejemplo una amplia reforma impositiva, nueva forma de
distribución de la coparticipación, además de normas sobre la
organización de los servicios públicos, educación, salud, justicia y
seguridad.
Pero todas estas ideas, que constituyen el núcleo central para el
verdadero despegue que debe alcanzar la Argentina, tropiezan una y otra
vez con el desordenado gasto público, el cual crece al compás de las
decisiones del matrimonio presidencial, mezclando en el mismo intereses
políticos, que alejan definitivamente la posibilidad de contar con una
estructura orgánica que apunte esencialmente a la eficiencia.
Cuando aludimos al gasto público total, estamos incluyendo los niveles
nacional, provincial y municipal, el cual en la década del ï80 insumía
el 30,1% del PBI, en tanto que en la década del ï90 subió a 32,5%, pero
ya en 2001 y antes de ingresar el país en default, se había disparado a
35,7%, mientras que en el 2009 el gasto, y aunque no exista una cifra
precisa, logró sobrepasar los 40 puntos del PBI, con lo cual tenemos
entonces que de cada 10 pesos de riqueza que produce el país, 4 pasan
al Estado.
Nunca, en toda la historia del país, el sector público absorbió tantos
recursos como ahora, pero sin embargo esa situación no tiene traslado a
contar con mejores servicios, ni tampoco a una disminución de la
pobreza, dos de las cuestiones centrales que deberían estar muy
mejoradas como consecuencia de tan elevado gasto.
Tampoco, nunca antes se había alcanzado una presión impositiva tan
elevada como en la actualidad, pero la mayor parte de lo recaudado se
deriva hacia cuestiones no prioritarias o bien se dilapida en
burocracia, clientelismo y corrupción.
Queda en evidencia entonces, que aun cuando nunca el gobierno se
encontró con tanta disponibilidad de recursos como en estos años,
quedándose con 40 centavos de cada peso que se produce, a pesar de lo
cual no hubo un traslado realmente eficiente, y por sobre todo
inteligente, para mejorar la calidad de vida de los habitantes en
general, y en particular de los más desprotegidos. El subsidio, el plan
social, continúan siendo la forma elegida de contención, cuya fracaso
queda a la vista, pues después de todos estos años de convivir pobreza
y crecimiento, observamos que el resultado es realmente lamentable,
pues hoy tenemos mayor cantidad de pobres que cuando se inició este
proceso de expansión económica.
¿Cuándo llegará el momento en que la Argentina se deje de tomar al
Estado como un instrumento para hacer política? Cuando ello suceda, no
solamente mejorará la condición de vida de los habitantes, sino que
también se limitará la corrupción y la burocracia. Los argentinos del
llano, los que sólo trabajamos y esperamos más de quienes nos
gobiernan, estamos al aguardo que eso se convierta en realidad.
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