El invitado
Período colonial: el tesoro musical americano*
(Primera parte)
por Verónica Dalmasso - música y docente (Buenos Aires)
La Música Americana, perteneciente al período comprendido entre principios del
siglo XVII y fines del siglo XVIII, constituye uno de los aspectos más
desconocidos del arte colonial.
En años de trabajo como organista y directora musical, puedo afirmar que es
de esencial importancia y necesidad la lectura de documentos y cartas que
enseñen a los músicos a valorar este precioso tesoro musical, y proporcionen
datos para una buena interpretación del repertorio. Lamentablemente, esta
música sufrió una importante degradación debido al auge del romanticismo; el material fue, en muchos casos, tirado y olvidado y, tal vez, una cantidad considerable se haya perdido: muchos papeles de música fueron hallados en baños y formando parte de paquetes en los que se recolectaba la basura, además de algunas "fogatas" hechas con ellos. Personalmente, he visto manuscritos desintegrados por los insectos y, en la zona de la Chiquitanía -oriente boliviano-, pueden apreciarse las consecuencias del clima húmedo a través del tiempo: muchas partituras están ilegibles, dificultando su reconstrucción y transcripción. Sin embargo, los papeles de música salvados en esta zona, fueron reunidos en cuadernillos y depositados en el Archivo de Concepción de Chiquitos -Vicariato de Ñuflo de Chávez-, Departamento de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). El archivo constituye uno de los repositorios más interesantes del período jesuítico sudamericano, ya que cuenta con más de cinco mil hojas de música. En zonas de clima seco -por ejemplo, en el Archivo Nacional de Bolivia, en la ciudad de Sucre- los papeles se conservan en mejor estado. Afortunadamente, sobrevivió material de mucho valor, descubierto recién a partir del siglo XX: los primeros hallazgos corresponden a partituras encontradas en Catedrales americanas como las de Lima, Bogotá y México. Se trata de obras vocales polifónicas a cuatro, cinco y seis voces, de estilo semejante al renacimiento español, en las que, prácticamente, no se usaban instrumentos (siglo XVI y principios del siglo XVII). En lo que fue el Alto Perú aparecen obras para diez y hasta doce voces reales, con acompañamiento de bajo continuo, y las piezas halladas correspondientes al siglo XVIII, incorporan instrumentos de origen italiano, como los de la familia del violín, existiendo, además, monumentales obras que combinan cuerdas y vientos, así como también repertorio policoral, en muchos casos, con textos en español. En todo este repertorio "de Catedrales", el Maestro de Capilla desarrollaba un rol muy importante: este personaje de cierto rango en la jerarquía eclesiástica de la ciudad, tenía el trabajo diario de cantar y componer la música para las celebraciones y preparar y dirigir a la capilla musical, con sus músicos -instrumentistas y cantantes-; debía, además, ocuparse de la música en funerales y beatificaciones, según los requerimientos de la burocracia colonial.
Mención aparte corresponde para el Barroco Misional, utilizado como medio de evangelización y ejecutado por los mismos indígenas enseñados por los padres jesuitas. Se buscaba el acercamiento al aborigen. A continuación, transcribiré algunos relatos que proporcionan valiosísima información para músicos y directores que deseen recrear las sonoridades de aquella época. Priorizaré datos sobre la Música en las Reducciones de Guaraníes. El Padre Charlevoix, en el siglo XVIII escribía: "...como una afición tan vehemente supone una gran aptitud natural, se resolvió establecer en cada pueblo una escuela de canto llano y música. Enséñase a tocar toda clase de instrumentos; y causa pasmo el advertir que con sólo ver los instrumentos venidos de España, han aprendido a fabricarlos ellos mismos con perfección, habiéndoles costado poco el llegar a tocarlos como sus maestros".
"Aprenden a cantar leyendo la música de las piezas más difíciles, y casi se podría decir que son cantores por instinto, como los pájaros".
Reducciones de Guaraníes
Comenzaron en 1609. Sus fundadores, los padres José Cataldino y Simón Maseta, reunían a los nativos para la enseñanza de la doctrina y de la música:
"...cuanto más presto se pudiere, con suavidad y gusto, se recojan cada mañana los hijos (de los indios) para aprender la doctrina..., leer y cantar. Y si el licenciado Melgarejo hallare como les hacer flautas para que deprendan a tañer,se haga, procurando enseñar bien alguno que sea ya hombre, para que sea maestro." (1)
En 1617, el Padre Pedro de Oñate, sucesor del Padre Diego de Torres en el Gobierno General de los jesuitas del Río de la Plata, elogiaba los coros que ya se habían formado en las Reducciones:
"...tienen lindas voces, como los más son páranos criados con tan lindas aguas, y así cantan muy bien, con mil tonadas y cantares devotos y de noche en acabando de rezar en sus casas suelen cantar que no parece sino un paraíso". (2)
Y en 1620, durante su visita a la Reducción de San Ignacio, Oñate escribía:
"...tienen el culto divino muy en su punto y han enseñado a los indios canto de órgano y cantan muy bien a tres coros, y tienen un terno muy bueno de chirimías que son las primeras que hay en toda la gobernación del Paraguay, y lo que más es, tienen en la una escuela 500 muchachos, de leer y escribir, y en la otra 600 que es de suma importancia para que esta juventud criada en tanta disciplina, haga después una cristiandad muy sólida". (3)
El 20 de Septiembre de 1628, el Gobernador del Río de la Plata, Francisco de Céspedes, escribía al Rey:
"Lo que puedo decir a V.M. es que los Indios del Uruguay han venido aquí (Buenos Aires), más de veinte juntos, grandes músicos de punto de órgano, violines y otros instrumentos, para oficiar las músicas y danzas del Santísimo Sacramento diestros en todo como si en la corte de. V.M., lo hubiesen aprendido, siendo en tan poco tiempo..." (4)
El Presbítero Francisco Xarque, quien visitara las Reducciones de Guaraníes entre 1636 y 1640 proporciona preciosa información:
"Acuden todos cuantos hay en el pueblo a misa luego que amanece; en la cual, aunque rezada, siempre los músicos desde el coro cantan algunas letras o himnos sagrados con los instrumentos más suaves. Lo cual acostumbran mientras se dice cualquiera misa rezada para levantar más devotos los anónimos a las cosas celestiales, después va cada cual a su ocupación".
"Oí algunas de estas músicas y quedé admirado de la puntualidad con que se ajustaban a todas las reglas del arte, en que juzgo que igualaban a cualquiera de las primeras Catedrales de España, aunque no sean de tanta suavidad las gargantas ni alcanzo que haya semejante Provincia en el mundo, que aunque pueblo, conste de tan numerosa Capilla de concordes y bien instruidos músicos que representa una casa del Cielo cada Iglesia".
"No menos atraen las danzas de los niños a los grandes a la Iglesia, teniendo por suma dicha ver a sus hijos galancitos danzar en las festividades y procesiones con raro primor. Porque un niño de 8 años hará 80 mudanzas sin perder el compás de la vigüela o harpa con tanto aire como el español más ligero. Soy testigo ocular y admiré en tanta inocencia tal destreza. Por medio de maestros seglares se introdujo esta enseñanza en los indios y éstos aprendieron tan bien, que ya sirven de maestros unos a otros. Así en cada pueblo fórmase 4 cuadrillas de a 8 danzantes, que de ordinario son los mismos que aprenden la música. Todos visten a lo español de gala, y cada cuadrilla con librea distinta de las otras. Estas danzas son todas "de cuenta" como las mejores de Europa: y con esto desprecian sus indignos modos de danzar antiguo, viéndolo tan distinto del que admiran en sus hijos". (5)
A través de estos escritos, puede apreciarse el grado de desarrollo de la música, del canto y la danza en las Reducciones jesuíticas entre 1610 y 1640, es decir, en sólo treinta años, y con hombres, - según la concepción histórica de la época (siglos XVII y XVIII)- "apenas civilizados".
Primeros maestros de música
Uno de los primeros maestros de música fue el belga Juan Vaisseau o Vaseo, quien arribó en 1617, viviendo sólo siete años en las Reducciones, ya que falleció en 1623 en la Reducción de Loreto.
Escribe el Padre Nicolás Techo:
" ...su gloria principal fue enseñar a éstos la música: es cosa averiguada que gracias a él, la Compañía fundó escuelas de dicha bella arte en varios pueblos del Paraguay, donde los neófitos aprendieron a tañer instrumentos durante el culto divino". (6)
Según datos proporcionados por Antonio Sepp, Vaisseau habría divulgado en el Río de la Plata la música homofónica: voces unidas con simples acordes, sin entradas fugadas.
En la misma nave que transportó a Vaisseau, vino también el francés Luis Berger. El Padre Provincial Nicolás Durán escribía, en 1626, al General las siguientes líneas:
"El H. Luis Berger, pintor, médico, platero, músico, danzante...amigo de enseñar a los indios a tocar biguelas de arco, con que ha reducido por su parte a muchos infieles, es edificativo". (7)
Y el Padre Noel Berthod, en 1628, elogiaba a Berger cuando escribía sobre su participación en unas fiestas en las que los indígenas habían cantado música, enseñados por un jesuíta francés:
"Este había prestado muy buenos servicios con su instrumento músico a aquella Reducción, pues tras él iban como cautivos los indios, y oyéndole cantar y tocar permanecían hasta cuatro horas como inmóviles y como estáticos". (8)
El Hermano Berger fue solicitado desde Chile por el Provincial de la Compañía en esa región:
"Menester es que V.R. use de mucha caridad con el Provincial de Chile, prestando por un par de años al Hermano Luis Berger, para que introduzca la música en Chile". (9))
También solicitaron sus servicios los jesuítas del Perú, pero recién regresado de Chile, el Hermano Berger falleció, a los 52 años, hallándose en Buenos Aires.
Notas bibliográficas
(1) Facultad de Filosofía y Letras. Instituto de Investigaciones Históricas. "Documentos para la Historia Argentina". Tomo XIX Iglesia. "Cartas Anuas de la Provincia del Paraguay, Chile y Tucumán, de la Compañía de Jesús" (1609-1614). Con advertencia de Emilio Ravignani e introducción del P. Carlos Leonhardt, S.J. Buenos Aires, 1927, p.160
(2) Cartas Anuas... cf. (l), t. XIX, p. 353.
(3) Cartas Anuas... cf. (l), t XIX, p. 308.
(4) Enrique Peña, "El Gobernador Céspedes". Buenos Aires, 1916, p, 173.
(5) Francisco Xarque, "Insignes Misioneros". Pamplona, 1687, p. 344.
(6) "Historia del Paraguay". Madrid, 1897, t 3, p. 148.
(7) Pedro J. Grenón, "Una vida de artista: H. Luis Berger" (1588-1641), Córdoba, 1927, p. 10-11.
(8) "Lettres Edifiantes", París, t.11, p. 424.
(9) Carta original en Archivo de la Provincia Argentina de la Compañía de Jesús.
*Material aportado desde el Taller de formación permanente de música antigua americana Ars Continua
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18-05-2010

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