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Cartas de lectores
La dictadura de Onganía
Sr. Director:
Visto y considerando que la sociedad está muy crispada y que cualquiera
le aplica el calificativo de dictadura a cualquier cosa nos ha parecido
de alta importancia procurar aclarar el asunto, fundamentalmente
pensando en los jóvenes menores de 30 años que, como nacieron rondando
el año 1980 no vivieron nunca ninguna dictadura auténtica y tal vez no
tengan claro el concepto.
Para ello consideramos que no hay mejor herramienta que contar la
historia de cómo fue una verdadera dictadura, una auténtica dictadura,
por ejemplo la dictadura de Onganía. Ya verá el lector cómo el concepto
le quedará más claro luego de la lectura y aprenderá a empuñarlo bien.
Primero un poco de contexto histórico: el 16 de junio del año 1955
sucedió algo inconcebible: la aviación naval argentina, crispada por el
odio al peronismo, bombardeó a su propio pueblo en la histórica Plaza
de Mayo, una barbaridad, se supone que murieron 300 personas, que no
les dolían, porque eran de la chusma peronista, algo peor aún, sectores
de las clases altas argentinas vivaban y aplaudían a los aviadores
cuando pasaban desde los techos de sus mansiones. ¿El fin justifica los
medios? Viene luego la Revolución Libertadora, o fusiladora, según el
bando y como se lo mire se prohíbe todo lo relacionado con el peronismo, el uso de su himno, de su nombre, de sus banderas, las fotos de sus
líderes. Se prohibirá pronunciar el nombre de Perón y Evita, de ella se
robará su cadáver, lo mutilarán, lo harán objeto de prácticas
necrofílicas, le vejarán y lo sepultarán en secreto en un cementerio
italiano, intentarán destruir todos los derechos logrados por los
trabajadores. Las elecciones que siguieron fueron muy particulares, el
mayor partido político de los argentinos fue proscripto, las
organizaciones sindicales perseguidas, los principales dirigentes
sindicales presos, ese proceso originó una gran resistencia popular,
una lucha conocida como la Resistencia Peronista. Esa resistencia del
peronismo a desaparecer, a diluirse, engendraría, en el ala más dura
del partido político de la Libertadora (que se continuaría luego en
Onganía, Lanusse, Videla, Martínez de Hoz y Menem/Cavallo) un deseo de
hasta hacer desaparecer las chimeneas de las fábricas, como dijo el
Almirante Rojas, vocero de esa línea, porque sino se podía hacer
desaparecer el peronismo (eso pensaban).
Equipos enteros de sociólogos y expertos en campañas psicológicas, de
manipulación de la opinión pública, de comunicación de masas, fueron
creando el clima para el derrocamiento del presidente radical Arturo
Illia con la inestimable colaboración de la CIA y el sector
furibundamente pronorteamericano mayoritario de las fuerzas armadas.
Arranca la dictadura de Onganía. Se disolvió el Congreso Nacional, se
disolvieron las Legislaturas Provinciales, separaron de sus cargos a
los miembros de la Corte Suprema de Justicia, se restableció la pena de
muerte. Disolvieron todos los partidos políticos. El Partido Comunista
fue declarado ilegal: no sólo estaban prohibidas las actividades
comunistas, también el pensamiento (sic) (ley 17401) tirando por la
borda 300 años de progresos del derecho penal. Los golpistas provenían
casi todos de los cursillos de Cristiandad, Cooperadores de Cristo Rey,
tecnócratas falanjo-franquistas del Opus Dei, era un oscurantismo
militante que volvió irrespirable la atmósfera cultural, caza de brujas
de todos los disidentes, se reprimieron la revistas pornográficas, el
comisario Margaride lograba prodigios con la picana eléctrica, 250
oficiales superiores de las "gloriosas fuerzas armadas" eran invitados
y aceptaban integrar los directorios de multinacionales con espléndidos
sueldos, nunca el ejército argentino tuvo la mente tan
"norteamericanizada", cerraron la revista de humor Tía Vicenta, las
mujeres no podían ingresar a la Casa Rosada ni en minifalda ni en
pantalones, los varones el cabello corto, el país tenía que uniformarse, todo estaba prohibido.
Se forma (bajo la dirección del sacerdote derechista Julio Meinville)
la Guardia Restauradora Nacionalista, esta gente más los de la
Confederación Nacional Universitaria, y otros grupos de la derecha
fascista que pululaban por esa época participaron activamente,
juntamente a militares y policías en "La noche de los bastones largos",
cuando hordas descontroladas de la Guardia de Infantería, probablemente
drogadas, arengadas por el general Fonseca, irrumpieron a los
bastonazos en la Universidad de Buenos Aires, repartiendo palos sobre
la cabeza de los profesores, los profesores extranjeros, los
estudiantes, destruyendo la autonomía universitaria, el gobierno
tripartito democrático de las universidades, el bochorno y la represión
mandaron 3.000 profesores a la renuncia y el exilio, la principal
Universidad de América Latina fue gaseada y apaleada como si se tratara
de delincuentes. De hecho se prohibían las huelgas (ley 19636).
Empiezan las rebeliones estudiantiles en Córdoba contra la
intervención: represión salvaje: matan de un balazo policial al
estudiante Santiago Pampillón. Es ilegalizada la Federación
Universitaria Cordobesa. Convocan a un congreso "normalizador" de la
CGT: se digita una conducción bien dócil al gobierno, dejando afuera a
todos los sindicatos combativos "elecciones limpias en los sindicatos"
No nos hagan reír: Vandor perdía la estratégica UOM: No se lo podía
consentir. ¿Cómo se resuelve? El gobierno prorroga los mandatos por
decreto. Las grandes empresas metalúrgicas despedían a todos los
delegados enemigos del "Lobo Vandor". Ser antivandorista equivalía a
perder el empleo, compraban opositores, se cambiaban las urnas.
Como perdían los vandoristas amigos de Onganía se retiran del siguiente
congreso normalizador de la CGT y entonces se divide la CGT, se funda
la legendaria CGT de los Argentinos, pero el gobierno (apoyado por las
grandes empresas) reconoce como CGT legal oficial a sus amigos los
vandoristas.
Se destacaron en la CGT de los Argentinos los enormes Raymundo Ongaro y
Agustín Tosco, publicaban una revista, que dirigía otro legendario
Rodolfo Walsh. El congreso de la CGT vota un repudio a la dictadura
Ongaro convoca a luchar contra ella, esta CGT rebelde establecería
estrechos lazos con el peronismo de la resistencia y con el movimiento
estudiantil y con los sacerdotes del tercer mundo, obreros y estudiantes "unidos y adelante" era la consigna de la época; el ejército
captura una guerrilla peronista en Taco Ralo (incluía al cura Ferré
Gadea), fueron torturados en Tucumán, participan de la sesión técnicos
de la CIA muchas quiebras de pequeñas y medianas empresas, mucha
desnacionalización de empresas en esa olla social hirviendo a presión.
Viene y se produce el "cordobazo", el "rosariazo", el "rocazo", el
"malarguazo", el "cipoletizazo", el "mendozazo", el segundo cordobazo
(el viborazo), el tercer cordobazo, tenemos violencia política popular
de masas, allanamientos policiales por todos lados, Consejos de Guerra
para los dirigentes de la revuelta popular cordobesa, todos a la cárcel
(a la de Devoto, luego a la de Trelew), y nada de abogados, nada de
"jueces naturales", nada del "debido proceso", nada de garantías, etc.
Al tiempo se producirá lo de Trelew: se ametralla a 16 presos políticos
y se pretenderá hacer creer que fue "una fuga". El país estalla de
indignación. Se impide el velorio. Las sedes de los sindicatos son
tomadas por el ejército. Se estremeció el país, se sacudió hasta la
última fibra, parecía que el país entero iba a estallar en un cordobazo
total generalizado. Ante esa posibilidad el sector más lúcido de la
derecha militar y oligárquica (el lanussismo y Aramburu) planifican una
retirada ordenada y un repliegue momentáneo, que no vaya a ocurrir que
Perón se muera habiendo bendecido a las formaciones guerrilleras y
tratado a sus jóvenes resistentes de "juventud maravillosa" y todo eso.
Bueno: esto que le hemos contado resumidamente, sí que fue una
dictadura.
Ahora, por el contrario, estamos en medio de una fiesta democrática.
Las autoridades son legales, todas las instituciones funcionan, hay una
Corte Suprema ejemplar, hay paritarias, no hay provincias intervenidas,
no hay sindicatos intervenidos, no hay partidos políticos prohibidos,
no hay estado de sitio, no hay delito de calumnias e injurias por medio
de la prensa, no hay presos políticos, no hay detenidos, no hay
perseguidos, no hay exiliados, la prensa tiene una libertad absoluta,
etc.
Ahora bien, como estamos, nos parece, en medio de una colosal
transformación social y de una gran batalla política por el poder de
decidir quiénes y cómo informarán de ahora en más en la Argentina son
tiempos, nos parece, de mucha confusión.
Jorge Bessone
Horacio Garetto
Néstor Monay
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