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Editorial
¿Y ahora?
La administración de Cristina Fernández de Kirchner ha elegido que el
corriente 2010 esté relacionado directamente con la deuda externa de
nuestro país.
Desde finales del año pasado, con el decreto denominado "desendeudamiento", hasta ahora, todo está direccionado a que el pueblo argentino
asocie el presente año con el "ruido de rotas cadenas" de la liberación
de este pesado yugo, que se tambalea por encima de nuestras cabezas
cual espada de Damocles.
Pero no lo ha conseguido, pese a los denodados esfuerzos por que esto
sea así. Primero, con la lucha política y legal que se generó a través
de los decretos de necesidad y urgencia para permitir el pago de los
intereses con reservas del Banco Central de la República Argentina. Y
después, con la reapertura del canje de la deuda.
Los Kirchner, en su ADN político, conciben al poder con una base
económica. Así lo hizo Néstor cuando fue intendente y después goberna-
dor de Santa Cruz. Cuanta más libertad de acción en ese terreno tengan,
más poder político tendrán.
Durante su gestión presidencial, Kirchner logró hacer pasar al pago del
total de la deuda externa que mantenía el país con el Fondo Monetario
Internacional, como una acción de independencia económica y, por ende,
política. Pero, en los números, lo que la Argentina debía a ese
organismo internacional era sólo el 17% del total. Nada cambiaba
sustancialmente. Pero todo el mundo pensó lo contrario.
El canje de la deuda que consiguió fue positivo, pero no óptimo. Fue
"patear la pelota para adelante", para ponerle un título futbolístico
en tiempos del mundial. Se sabía que estos años (el presente y hasta el
2016) iban a ser complicados, puesto que el monto global se mantenía.
Por eso debieron realizar el canje de la deuda y buscar pagar con
reservas los intereses de los bonos emitidos tras la caída de la
convertibilidad.
En el discurso presidencial para sostener el pago de los intereses con
las reservas había un punto que era indiscutible desde la lógica "K": pagar siempre es bueno, no importa de donde venga ese dinero. Tampoco
importa cuántas leyes haya que modificar -o no cumplirlas del todo-
porque, en el largo plazo, esto será conveniente para todos.
Ahora, todas las fichas están puestas en el canje de la deuda con los
denominados "holdouts", es decir, aquellos inversores que, en el 2004,
decidieron no ingresar al plan de pagos propuesto por la Argentina.
Las cosas no van bien: el pasado miércoles, el ministro de Economía,
Amado Boudou, confirmó en una conferencia de prensa que se canjearon
bonos por U$S 8.500 millones (46% de los 18.300 a rescatar) a pesar de
que los bancos que llevan adelante la operación le habían asegurado al
Gobierno que ingresarían al menos U$S 10.000 millones en el tramo
mayorista, que finalizó el viernes pasado e incluye a quienes tienen
más de U$S 100 millones en títulos.
De esta manera, la adhesión de los grandes tenedores de bonos representa el 46% del total de la deuda a canjear, cuando el objetivo era
llegar al 60%. Y había varios pronósticos que auguraban un 80%. Y
obliga al Gobierno a depositar sus esperanzas en lo que harán los
tenedores minoristas de los títulos en default. Tendrán tiempo hasta el
7 de junio para optar entre la oferta o quedarse con los bonos en
default.
Sin lugar a duda, la crisis internacional, que pega con fuerza a Grecia
y que nubla los horizontes de España y Portugal, fue un condimento que
nadie previó y que, sin lugar a dudas, complicó fuertemente el panorama
financiero argentino.
¿Y ahora? A Boudou le quedan 20 días para remontar este resultado
adverso. Pero -y siguiendo con las metáforas futbolísticas, en épocas
de pre-mundial- sólo le quedan unos minutos y lo máximo que podría
llegar a sacar es un empate -llegar al bendito 60%-, cuando todo el
mundo -al menos, el de la hinchada local- esperaba una victoria. Y
bastante holgada.
De no conseguir esto, no sería descabellado pensar que es el final de
Amado Boudou en la administración kirchnerista, dado que sus principales objetivos eran dar una solución final al problema del default y
retornar a los mercados internacionales de crédito. Si todo sigue así,
la argentina seguiría teniendo a un importante grupo de personas o
inversores que no hayan aceptado las salidas argentinas al default y
busquen que un juez le dé la justicia que esperan. Y las tasas para
tomar créditos seguirían siendo de dos cifras, una de las más altas que
se puedan pagar.
Ahogadas las provincias, complicada la Nación, sin posibilidad real de
conseguir dinero fresco del exterior y sin resolver definitivamente el
default, ¿cómo se sigue ahora?
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