Lácteos Ramolac celebra 60 años con nuevos desafíos para crecer
La compañía láctea de Ramona comenzó a diseñar su historia en 1950,
cuando los hermanos Peiretti encendieron sus ilusiones al adquirir una
pequeña cooperativa. Con 180 empleados en la actualidad, Ramolac ahora
intenta incursionar en el mercado externo. Y sigue colaborando
decididamente con la comunidad donde produce, donando un aparato de
radiología al SAMCo.
"Satisfecho, estoy muy satisfecho por haber estado en estos 60 años de
la empresa". Reflexivo y sereno a la vez, Celso Peiretti confiesa sus
sensaciones al analizar el camino recorrido desde 1950, cuando junto a
sus hermanos Dante y Orlando apostaron todo lo que tenían para emprender un viaje que aún continúa haciendo historia en la industria láctea
de la región.
Con apenas 18 años, Celso era el menor de los hermanos que trabajaban
junto a su padre en una cooperativa de la pequeña localidad de Ramona,
ubicada a 50 kilómetros al Oeste de Rafaela. En esos días otra empresa
cooperativa, por falta de acuerdo de sus asociados, pasó a una
instancia de subasta, lo que significó una oportunidad de negocios
según la visión de los jóvenes hermanos.
Con aportes propios y con la ayuda de un primo, Gaspar Peiretti,
adquirieron lo que por entonces era una cremería. El 1° de junio de
1950 comenzaron a elaborar crema y caseína con un plantel de dos
empleados y una estructura mínima que incluía una desnatadora de leche,
un motor, un tanque y una caldera. Inicialmente procesaban 2.500 litros
por día que un grupo de productores entregaba en las mismas instalaciones de la fábrica.
El crecimiento de los primeros años se tradujo en reinversiones para
aumentar la capacidad instalada. En 1955, Gaspar se retiró de la
sociedad por lo que la firma renovó su denominación comercial adoptando
"Lácteos Carlitos". En la década del 60 la evolución continuaba con
buen ritmo, incorporando una flota de camiones para transportar la
materia prima a la planta y además sumando una fábrica de quesos que
operaba en Colonia Esteban Echeverría, cercana a Freyre.
En los años 70 comenzó a fabricar los productos con una gran demanda
como el dulce de leche y la manteca, adaptando los procesos necesarios
e incorporando más tecnología. A finales de esa década la empresa
definió su identidad definitiva luego de que Dante, uno de los hermanos
fundadores, se alejó para iniciar un nuevo proyecto junto a sus hijos
en la localidad de Santa Clara.
En esa reinvención de la sociedad fue Elba, la esposa de Celso, la
encargada de bautizar la compañía con la actual denominación de
"Lácteos Ramolac". "Nos gustó ese nombre y nos sigue gustando", afirma
Celso al recordar aquel tiempo.
En las seis décadas de trabajo, uno de los momentos más difíciles que
debieron enfrentar fue la gran inundación de abril de 1981. "No
podíamos entrar a la planta por la gran cantidad de agua que había en
el campo y en el acceso. Por eso la EPE había colocado un transformador
sobre la ruta que nos permitió instalar una bomba y una cañería
especial. De esta manera, podíamos enviar al establecimiento la poca
leche que llegaba en esos días difíciles para su procesamiento",
recuerda. Como una postal de las dificultades, señaló que "durante un
mes debimos caminar con las botas puestas desde la ruta hacia la
fábrica, y era imposible llegar a destino sin que entre agua en las
botas".
Para completar el marco, Ramolac debió solicitar al Ejército un camión
Unimog para retirar "la poca mercadería que podíamos elaborar" y
después redireccionarla para los centros de distribución. Tal vez por
eso recuerda aquella anécdota del gobernador Carlos Silvestre Begnis,
cuando visitó Ramona y se entrevistó con el presidente de la Comuna en
ese entonces, Angel Fraire, para anunciarle que se pavimentaría la Ruta
22P para conectarla con la Ruta 70. "Como a Silvestre Begnis le gustaba
una escuela de la localidad de Marini, entonces decidió prolongar la
pavimentación más allá de Ramona, y ahí entonces la Ruta pasó muy cerca
de nuestra fábrica, facilitando muchísimo nuestras comunicaciones con
los productores lecheros y para sacar los productos terminados de la
planta", historió.
Nuevas generaciones
Actualmente Celso ha delegado alguna de sus responsabilidades en sus
hijos, Héctor y Raúl, y en su sobrina Haydee. "Ellos se han incorporado
desde jóvenes, conocen todo y lo hacen bien", enfatizó al destacar el
invalorable aporte del grupo familiar en la conducción. Sin embargo, a
sus 78 años aún concurre diariamente el establecimiento que está
ubicado al Norte de Ramona a pesar de las protestas de su esposa. "Me
gusta, esta es mi vida, por eso sigo viniendo", sostiene con una
sonrisa cómplice.
"Estamos rodeados de compañías grandes de Rafaela, de Sunchales, de
Freyre y más. Sin embargo hemos crecido a partir del trabajo de nuestra
gente, de una gran relación con los productores y lógicamente por las
elecciones de quienes consumen nuestros productos", sostiene.
Asimismo, el empresario admite que en más de una oportunidad Ramolac
interesó a distintos inversores: "No hubo ofertas, pero nos preguntaron
si queríamos vender o incorporar socios. Pero hoy elegimos mantener la
empresa en manos de la familia", subrayó.
A la hora de los agradecimientos, Celso no duda en "darle las gracias a
Dios porque me regaló la posibilidad de estar acá 60 años" pero también
reconoció "a los empleados por su esfuerzo, a los productores por su
confianza, a la comunidad de Ramona en general y a mi familia que me
acompañó incondicionalmente, lo cual valoro enormemente".
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