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Cartas de lectores
A mi padre: un reconocimiento pendiente
Sr. Director:
Al cumplirse cinco años el próximo 5 de junio del fallecimiento de mi
padre, el Ing. Justo Jiménez, quiero expresar, haciéndolo público, la
necesidad de un reconocimiento que no tuvo oportunamente.
Fue una mente brillante, pionera y visionaria para esta ciudad, a la
que abrazó como propia hasta su último día de vida, de ahí el título
que quiero darle a esta Carta, de Compromiso y Reconocimiento pendiente.
Quizás, distintas circunstancias de la vida y/o de la premura de los
tiempos vividos, postergados lo que, a mi entender, debió hacerse en su
momento, (el agradecimiento es la memoria del corazón).
Creo que este prestigioso diario, de amplia lectura en la ciudad, puede
permitirse divulgar, por ejemplo, algunos datos sobre su persona:
Nacido en Cura Brochero, provincia de Córdoba, el 20 de agosto de 1922,
vivió desde muy pequeño en la ciudad de Rosario, en donde cursó sus
estudios primarios y secundarios, siendo abanderado en ambas etapas. Se
recibió como mejor promedio, en la Facultad de Ciencias Naturales,
Arquitectura e Ingeniería, como Agrimensor y posteriormente como
Ingeniero Civil. Comenzó sus tareas profesionales en la ciudad de Santa
Fe, en Casa de Gobierno, durante su primer año.
Estrenó casi simultáneamente su flamante título con su nuevo estado
civil, casado en Rosario con S. Zulema Turrisi, y después de un breve
período en la ciudad de Santa Fe ya se radicaron en la ciudad de
Rafaela, siendo Director de Obras Públicas de la Municipalidad.
Alejado luego de la función pública, se dedicó de lleno a la actividad
privada y profesional. Trajo a la ciudad de Rafaela el primer emprendimiento privado de fábrica y venta de ladrillos huecos, allá por la
década del '50.
Fue como Agrimensor y como Ingeniero Civil un verdadero e incansable
trabajador. Con orgullo nos decía que había recorrido tanto la Provincia, midiendo con cinta y teodolito, más de 220.000 ha. e inscribiendo
en la Dirección Provincial de Catastro más de 1.300 planos.
Hace poco tiempo, dado que tengo la misma profesión que mi padre, en
oportunidad de dar una charla en la Facultad de Ingeniería de la
Universidad de Rosario, en donde me desempeño como docente Titular e
Investigadora, me comentaba un prestigioso colega rosarino, que había
estado en el norte de la Provincia midiendo con GPS de doble frecuencia, para los que no entienden es un instrumental de última tecnología
satelital, un campo de la cuña boscosa de 9.000 ha. y que pudo comprobar, con sorpresa, teniendo en cuenta la separación en el tiempo, y en
tecnología, que había un plano con las mismas parcelas medido por mi
padre, y que diferían las medidas sólo en centímetros.
Observaba hace poco también, en ocasión de visitar la casa de mis
padres, (desde hace 38 años vivo en la ciudad de Rosario) una foto y el
artículo del diario La Opinión, que es todo un símbolo, al Sr. Intendente de la ciudad y a varias personalidades, hace más de 50 años,
donde se cortaba junto con la presencia de mi padre, la cinta de
inauguración de la primera urbanización privada abierta de esta zona de
la ciudad, sobre terrenos que le pertenecían y a la que bautizó Villa
Los Alamos.
Ligado durante años al Jockey Club, participó en las comisiones
directivas como vocal, tesorero y finalmente como presidente, y con
orgullo sabemos que hizo posible la construcción del primer edificio de
propiedad horizontal de esa envergadura (40 m. de alto) y características, instalaciones que durante años fueron de la institución. Sin
olvidar también que durante su presidencia, la actividad hípica
desplegó sus mejores luces, trayendo al inolvidable Leguizamo, entre
otros, a esta ciudad, cosechando una amistad que perduró hasta su
fallecimiento.
Padre afectuoso de tres hijos, de quien escribe y de mis hermanos Oscar
y Carlos, abuelo compañero y cariñoso, disfrutaba de la compañía de sus
nietos Bárbara y Débora Jiménez y María José, Marcos, Guillermo,
Gabriel y Cecilia Milicich, pero más aún, ellos disfrutaban de la suya,
enseñándoles y jugando, por ejemplo, prolongados partidos de ajedrez. y
hubiese estado, seguramente, muy feliz, con la llegada de Alvaro
Jiménez, único nieto al que no llegó a conocer.
Por las calles rafaelinas de mis recuerdos, siento que remonta silencioso mirándonos. Pasaron ya cinco años, y aunque no lo vea, su presencia
es completa.
Agradezco la oportunidad que me brinda de poder dar a conocer públicamente, parte de la vida de quien, reitero, considero que fue una mente
brillante.
Ing. Beatriz Susana Jiménez de Milicich
DNI 10.636.363
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