Relatos: ¿te acordás hermano?
Por Fabián Sambrini. - Disponer de los recuerdos equivale a nostalgia,
especialmente como en este caso cuando se trata de una salida de caza
con amigos, esos amigos que uno, a lo largo de la vida va cosechando en
cada jornada de caza o de pesca.
Era por el año 1973 cuando este grupo inseparable, que recorrieron gran
parte de Santiago del Estero, por los campos de Los Juríes, Bandera,
Pinto, decidieron incursionar por la zona de Tandil en Buenos Aires.
En una camioneta Chevrolet 71 (todo un fierro para la época) hicieron
unos 1000 km desde Rafaela en un viaje agotador.
Les habían pasado el dato de una estancia con gran cantidad de
copetonas (Eudromia Elegans) y esa sensación que ofrece cazar esta
martineta los llevó a tan largo viaje.
Mi padre cuenta que al llegar al lugar de destino el encargado del
campo les hizo saber que no iban a poder entrar a los potreros debido a
que las ovejas, en gran cantidad por aquellos lados, estaban por dar
cría. Al verlos tan desanimados por la noticia les dijo: "En los
potreros no se pueden, pero... si quieren... pueden ir por los caminos
interiores de la estancia". Fue increíble lo que vieron. Nunca pensaron
ver tal cantidad de copetonas en el camino y perdices como las de
nuestra zona en gran número.
Usaron escopetas del 16 yuxtapuestas, una Sportman de un caño y las
primeras del 12 superpuestas que ingresaban al país, me sigue relatando
mi padre, quien contó también que en unas vueltas ya habían cazado
treinta y cinco "copetonas".
Las anécdotas de aquel viaje con amigos sobran y hoy, a treinta y siete
años, me lo cuenta con un poco de tristeza ya que por las cosas del
destino un integrante del grupo ya no está con ellos. Por esto mientras
escribo estas líneas pienso también que quizás sirvan como un pequeño
homenaje a ese compañero de caza que fue y a sus amigos que nunca lo
olvidarán.
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07-06-2010

Caza: el retroceso de las escopetas

Relatos: ¿te acordás hermano?

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