En busca de... Edgardo Daniel Peretti, periodista y escritor
Página en blanco se busca...
Tuvo maestros inolvidables de quienes aprendió formas, estilos, códigos. Trató
de ser diferente. Comenzó a escribir hace muchos años. Logró hacerlo de una
manera original desde sus comienzos. Le gusta comunicar y
comunicarse. Intentamos un diálogo, pero el resultado fue un monólogo. Es
así, rebelde y angelical. Y logramos el objetivo de que nos hablara de sus
días dedicados a la prosa y a desarrollar sus gustos por lo literario. Aunque
el periodismo lo apasiona.
LP - Hablános de tu necesidad de escribir.
E.P. - Yo llegué a las letras por un camino especial. Primero la lectura, después el periodismo y luego la literatura. Por eso, quizás, pueda explicar por qué aparecí en este mundo tan especial y tan maravilloso, a la vez que profundo definidor de las personas, sus virtudes, egos y defectos. Escribir puede ser una necesidad para muchos, pero en mi caso se transforma en un camino que permite explorar sitios inesperados, oscuros y que están a la vista. Hay quienes escriben por sistema, otros por métodos y otros tantos por placer; yo me anoto entre los que escriben porque tienen ganas. Si después sale algo hilvanado o que me gusta, bienvenido, si no, queda en el boceto, o en la basura.
LP - ¿Sos un lector consecuente? ¿Quién te incentivó?
E.P. - No sé si consecuente, pero sí un lector ávido. Lo que me gusta, lo leo, lo que no, lo desecho. Quizás no sea lo más educativo ni ejemplar, pero es lo que siento. En mi casa mis viejos eran laburantes, pero mi viejo trabajaba en la Librería Di Nóbile y allí me compraban libros que me marcaron mucho en el inicio y en el despertar: Mangocho, La escuela de la Señorita Susana, Upa, Corazón. ¿Qué mezclo? Por supuesto, todo servía y no era lo único. También a los diez años leí El ghetto de Varsovia. Todo vale, todo sirve.
LP - ¿Cuánto tiempo le dedicás a la lectura? ¿En qué ámbito? ¿Con qué material literario?
E.P. - El tiempo de lectura no se mide, ni en tiempo ni en páginas, sino en concepto. Puede ser en la biblioteca o en el baño. ¿Qué cambia? Nada. Yo miro lo que puedo, y pienso en la hipocresía intelectual de baja autoestima que pergeñan aquellos que te dicen todo el tiempo "Leí a Borges", o "¿Lo leíste a Sábato?". Alguna vez hay que terminar con esos estereotipos; que cada uno lea lo que quiera y punto. Y si te deja algo, mejor.
LP - ¿Quiénes fueron tus modelos en la literatura?
E.P. - Todos y ninguno. No me animo a decir cuáles fueron. Tal vez los relatos o lo que uno veía en la escuela. Yo vengo de la escuela pública y tengo una formación netamente setentista. Eso marca porque el período más bravo de la historia argentina; la década empezó con un gobierno de facto, siguió con la primavera camporista, el final del peronismo histórico, el nacimiento de conceptual y terminó con la dictadura. Y todo en diez años, ni siquiera un suspiro en la historia del pensamiento del hombre. Pero no le escapo a la pregunta: el Gordo Soriano es un referente, pero no por eso olvido la narrativa de Miguel Cané o la prosa de Arlt. Yo leía en la primaria a Mario Vecchioli, Lermo Balbi y José Pedroni, y cuando crecí trabajé con la querida Elda Massoni. Hoy, tengo la fortuna de ser leído por Fortunato Nari o Angelito Balzarino. He sido un agraciado.
LP - Al dedicarte a escribir ¿cómo definiste el género más cómodo en vos?
E.P. - Yo cuento historias. Puede ser narrativa, novela o prosa. La definición literaria pura que hagan de mis obras, en realidad, me importa muy poco. Y esto no me quita el sueño, agrego sin ponerme colorado.
LP - Los temas que más te inspiran.
E.P. - La historia. Las pequeñas historias esas que todos cuentan o comentan pero que nadie se atreve a publicar. En realidad, al hacer la historia ficcionada me ahorro ingresar al rigorismo metodológico que exige la historia como tal, pero también me agrada bucear en las mentes de las personas, sus miserias y grandezas, con especial predilección por las aventuras y de las grandes derrotas de los sensibles que siempre son los que más llegan. Con los ganadores pasa lo mismo que entre ricos y pobres; yo miro como viven los ricos porque como lo hacen los pobres, ya lo conozco. Pero no los envidio, sólo me gusta ver hasta cuándo resiste un ego que no tiene soporte de alma...o monedas. Y en este pueblo, ejemplos sobran.
LP - Cómo desarrollás una obra.
E.P. - En mi primera transición hacia la literatura escribía todo en tercera persona; luego busqué una mezcla entre un pasado en tercera y un presente en primera persona, aunque esto no son recursos sino formas o ganas. La obra se hace sola, no la planifico aunque llega un momento en que se arma un verdadero dilema, porque alguna vez tiene que terminar.
LP - Tus primeros textos publicados.
E.P. - Me inicié en la revista "Cartel", publicación que se distribuía gratuitamente en los cines de la ciudad a finales de los años setenta. Estudiaba y era empleado municipal. Allí hacía "Perfiles" -un reportaje-, entretenimientos -"Ratones de biblioteca"- e historia -"Rafaela 100"-. Después pasé a La Opinión donde estuve veintiséis años, pero no fue lo primero. Antes hubo aportes vocacionales como libros de campamento o crónicas deportivas que pegaba en las paredes de la Escuela Normal. Pocos me auguraban éxito por entonces. Tenían razón.
LP - Las (tus) novelas...
E.P. - Tengo cuatro novelas terminadas: Félix en sacristán del Diablo, es un boceto de aventura universal y con tiempos históricos definidos; Karlovich- Karlovich es una visión más concreta, en lo temporal y lo puntual; El faro de Lehmann, intenta retomar la mirada del sitio que pocos conocen y del que muchos hablan, en tanto que Colorado Ayacucho -en proceso de edición- es el punto básico del barrio, el urbanismo literario al que siempre alude mi amigo Héctor Puig y que transita espacios cotidianos que guardan secretos no siempre ignorados. ¿La preferida? Como dicen los goleadores: la que viene...
LP - El periodismo y la literatura en tu vida.
E.P. - Son dos cosas tan iguales como diferentes. En literatura siempre ando peleando en desventaja, de atrás, este rubro no suele ser muy abierto que digamos; en cambio, en periodismo me di todos los gustos: trabajé con grande periodistas, hice radio y soy uno de los fundadores de la televisión local. Más no puedo pedir. Recibí consejos, quejas, felicitaciones y retos de gente que sabía -y sabe- mucho. Juan Pablo González que me abrió su revista, Emilio Grande, Roberto Actis, Alberto Garmendia y Víctor Hugo Fux en el diario, Alcides Castagno en la televisión, Rubén Gerbaudo en la radio. Sí, he sido afortunado.
LP - Lo que está quedando en el tintero...
E.P. - Tengo varias cuentas pendientes en la vida. En rigor de verdad no quiero pagar todo junto porque ando con poco saldo, pero algún día me sacaré las ganas de escribir la historia del grupo "Comodoro Py". Las cosas que podríamos decir. ¿Alguien tiene material? Por las dudas, tengo bastante.
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08-06-2010

Editorial

El invitado

En busca de... Edgardo Daniel Peretti, periodista y escritor

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