EL TRABUCO NARANJERO
El Trabuco es un arma de fuego de avancarga que, podríamos decir, fue
el antecesor de las escopetas.
Generalmente tenían una culata muy corta que no servía para apoyar en
el hombro así que se utilizaba como si fuese una pistola. El cañón y
los mecanismos de los más antiguos estaba construido en bronce y todos
tenían una boca acompañada tipo corneta. Su nombre, Trabuco, proviene
del italiano (buco = boca) y podríamos traducirlo como "por la boca"
haciendo referencia a la forma de cargar el arma. La denominación local
de "naranjero" probablemente se debe al tamaño de la boca que permitía
que se lo cargue con un proyectil del tamaño de una naranja. Se lo
cargaba introduciendo una medida de pólvora negra, luego se comprimía
esta carga y se tapaba con estopa, luego se colocaba la carga de
perdigones o, según cuentan las crónicas de la época, con chatarra y a
veces con pequeñas piedras redondeadas. Su eficacia era de pocos metros
pero el tremendo ruido y la posibilidad de ser alcanzado por la lluvia
de perdigones o chatarra asustaba al más valiente. En nuestro país el
Trabuco fue arma de "matreros" que lo llevaban en el apero del caballo
o cruzado en la cintura y lo usaban especialmente para amedrentar a las
víctimas de los asaltos o para equiparar la desigualdad numérica cuando
eran perseguidos por la partida policial. En las ciudades lo utilizaron
los delincuentes y es conocido el hecho histórico del atentado contra
Domingo Faustino Sarmiento, por aquel entonces presidente de la
República. Los autores del atentado fueron los hermanos Guerri y al
paso del coche que llevaba a Sarmiento (esquina Maipú y Avda.
Corrientes de la capital) quisieron atentar contra su vida con un
trabuco. Pero parece que, en el afán de ser contundentes con el ataque,
se habían pasado con la carga de pólvora de forma que al dispararlo el
trabuco estalló en las manos del atacante hiriéndolo gravemente. El
Presidente, que era muy sordo, no se enteró del atentado hasta que se
lo contaron.
En el campo la gente solía tener uno como para defenderse de los
posibles malones, de los gauchos "alzados" que asolaban la campiña o lo
llevaban como protección en un viaje largo.
También estuvo presente en los relatos de nuestros poetas gauchescos.
Hilario Ascasubi en su Santos Vega dice: "Y afirmándose al trabuco por
delante, desató las boleadoras y a toparse enderezó Genaro, que se le
vino listo encima, y le abocó el naranjero y le dijo: Boca abajo echáte
ya ligero porque si no ni para enfermo te dejo de un trabucazo...".
Leopoldo Lugones en "Romance de Río Seco" escribe: "No respeto, como
saben, mamón ni viejo caduco, y me doy mi propia ley con mi daga y mi
trabuco".
Hoy los trabucos son armas muy buscadas por los coleccionistas y
alcanzan valores bastante altos.
En nuestra provincia el rosarino Osvaldo Gatto fabrica unas réplicas de
muy buena calidad apta para disparar con pólvora negra.
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21-06-2010

Altura del río y pique

Cocina: perdices encebolladas

EL TRABUCO NARANJERO

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