Desconocidos de siempre
(Por Teresita Tosco). - ¿Hace falta que les cuente la historia de estos
desposeídos? Con mirarlos detenidamente. El cocker blanco y negro,
cabizbajo y apesadumbrado, no puede más con su tristeza. Cada día que
pasa su ánimo se desbarranca un poco más en el abismo de la soledad.
Tuvo una vez un colchoncito, un plato de comida, agua abastanza y
mimos, que fue siempre lo que más reclamó en su época de mascota
familiar. Pero un día, la desgracia lo acribilló a traición y sin
motivo. De un saque, a lo campeón, lo hicieron pasar a la calle, al
olvido, a otra cosa. ¡Que no es nada más que un perro! ¡Qué joder! Y
allá espera, derrumbado en la melancolía, hasta que no sea más que un
montoncito de pelos al viento.
El amarillito que mira de frente la cámara, no tiene pelos en la lengua
y denuncia a los ladridos limpios el maltrato y la cinofobia. Plantado
en sus cuatro patitas enfrenta cara a cara la desolación a la que lo
condenaron sus familiares humanos. Si en vez de can hubiera nacido
humano, sería abogado y estaría exponiendo ante los foros del planeta,
todos los argumentos que sustentan el buen trato y el respeto por la
vida animal.
De paso, es el defensor de la perrita negra, cruza de perro salchicha
con ornitorrinco, que en un segundo plano, como con vergüenza, se
muestra apenas porque el vagabundeo al que la forzaron, la enfrentó con
el acoso de otros perros, la involucró en peleas no deseadas y perdidas, y lleva encima la vergonzante marca de las derrotas. Lo que no se
ve, son las heridas profundas, las que tiene adentro, las que la hacen
adoptar esa actitud sumisa y resignada, aunque a veces no puede
evitarlo, y llora. Es buena hasta el infinito. Lo de cruza con ornitorrinco no es falta de respeto hacia ella, lo escribo para zafar de la
mala onda y respirar un poco con un corte de humor porque rompe el
corazón ir a verlos.
El negro desmechado se cree Jacob, el licántropo de la saga Crepúsculo,
y sabe que es hermoso como Jacob, pero tiene que pasar primero por un
buen baño y una saludable cepillada para que vos lo veas realmente como
él es. Es joven todavía y de temperamento manso, aunque su apariencia
lobuna lo aproxime a la fiereza. Jacob también tuvo una mantita y una
mano que lo acarició y le abrió espacio en el amor y la compañía
humana. Pero también le abrió una vez la puerta de la calle, y entre
desconocidos empezó a trotar y trotar hasta quedarse ahí, pensativo,
esperando que el humano se decida otra vez por el amor y no por el
rechazo, y lo rescate.
Chiquito es una alcancía, un adorno, a veces hace de perrito, y qué
lindo que le quedaría ladrar, si se atreviera. Pero tiene miedo. Esa
carita que ves, tiene miedo porque alguien una vez le enseñó lo que es
tener miedo. No hace falta que describa cómo, ¿verdad?
Las personas que estén dispuestas a darles una ayuda a estos desposeídos. Sostener sin amargarse la mirada del cocker blanco y negro.
Convencerlo al amarillito que el amor y el respeto por la vida animal
para muchos todavía, no es un cuento ni una banalidad, por no denominarlo con la grosería con que algunos vergonzosamente llaman a esto de
ocuparse de los animales, porque es una guarangada repetirlo. Llevar a
la perra salchicha y explicarle que no es cruza con ornitorrinco,
ponerle un nombre lindo y quererla con el alma. Bañarlo a Jacob y
mirar, con él reposando en una confortable cucha, la película "Luna
nueva" en el televisor. Poner a Chiquito en un almohadón y esperarlo
que termine de llorar y se le pase el miedo, porque vos lo amás. A esas
personas está dirigido el mensaje. Las respuestas a los teléfonos:
15643565, 427046, 15674528. Sea cual fuere tu decisión, gracias por
habernos leído.
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22-06-2010

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