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Editorial
Reclamo de la Iglesia
Una vez más, la Iglesia formuló un llamado, tan enérgico como cargado
de esperanza, para ponerle punto final "a los enfrentamientos verbales"
y concluir con una etapa en la cual se ha ingresado en la estricta
aplicación del sistema "amigo o enemigo", sin términos medios, con lo
que se define un estilo que viene dominando el escenario nacional desde
hace mucho tiempo, y que ahora se ha ido profundizando. Además, con una
perspectiva que toda esta metodología vaya empeorando, habida cuenta
que el acercamiento a los tiempos electorales, va anticipando una
situación de esta naturaleza. La cual, como se ha dicho y reiterado
desde la Iglesia, desfavorece fuertemente las condiciones de
convivencia y posibilidades de encuentro de los argentinos, quienes
cada vez más parecen estar en un cono de sombras y divisionismo.
Justamente, uno de los aspectos más negativos que se perciben de esta
época que nos toca vivir, y que la cúpula de la Iglesia pide ponerle
fin.
Esta exhortación que está direccionada hacia el Gobierno, identificando
un estilo que provoca rechazo en la sociedad, tiene un contenido muy
valioso, pues apunta hacia el futuro, el cual -según se interpreta, y
se aspira- debe estar enmarcado en otras condiciones, concretamente, el
diálogo y la búsqueda de consensos.
Advirtieron también los obispos que "el mero crecimiento económico no
basta para asegurar la equidad, el progreso y la movilidad ascendente",
en este reclamo que tuvo como objetivo la búsqueda de acuerdos para un
desarrollo integral, algo considerado clave, para erradicar la pobreza
como prioridad del Bicentenario 2010-2016.
Todas estas reflexiones fueron formuladas en ocasión del cierre de la
Semana Social que anualmente realiza la Iglesia en la ciudad de Mar del
Plata, tanto en las conclusiones del encuentro como en las palabras de
cierre que pronunció el obispo Jorge Casaretto -quien, lo recordamos,
tuvo su primer destino como obispo aquí en Rafaela-, quien actualmente
es el presidente del equipo de Pastoral Social del Episcopado.
Estas jornadas marplatenses se denominaron "Prioridad del Bicentenario
2010-16: Erradicar la pobreza y promover el desarrollo integral", con
una amplísima participación, la cual incluyó a la diputada rafaelina
Rosario Cristiani y a la funcionaria municipal Ana Theler.
En esa ocasión de la clausura de estas actividades, monseñor Casaretto
sostuvo que "los obispos olfateamos cambios importantes en la sociedad,
el deseo de unidad, de avanzar en la cultura del encuentro y del
diálogo, de la aparición de nuevos liderazgos", lo cual es bastante
sencillo de advertir en qué sentido está direccionado, ya que esa
ausencia es precisamente lo que se le cuestiona al Gobierno nacional.
También reclamó más adelante "debemos terminar con todo lo que sea
enfrentamiento, con lo que nos dispersa, con lo que pueda llevar a
tratarnos con la lógica amigos-enemigos; los obispos queremos que todo
esto desaparezca de la vida argentina y caminemos hacia la fraternidad,
sin perjuicio de que podamos disentir, pero siempre como hermanos".
Esas conclusiones, avanzaron aún más allá del pedido y la exhortación
para modificar conductas, ya que llegó al nivel de propuestas,
sosteniendo Casaretto que "para erradicar la pobreza y la exclusión
necesitamos promover entre todos un auténtico acuerdo sobre políticas
públicas de desarrollo integral".
Uno de los ejes fundamentales de toda esta problemática, que la
solicitud de dejar atrás los enfrentamientos y la permanente
confrontación, ya que "contemplando la dignidad integral de las
personas, nos ayuda a reemplazar el estilo de fragmentación por el
espíritu de fraternidad", remarcándose en el documento que "la unidad
como comunidad nacional es el mejor camino para el desarrollo integral
y una justa distribución de los bienes".
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