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Editorial
Fuga de capitales
La fuga de capitales es el denominado "agujero negro" que tiene nuestra
economía, exponiéndolo de tal manera el periodista Ismael Bermúdez en
una nota analítica publicada en el suplemento económico de "Clarín" del
domingo último. De acuerdo con datos que se vuelcan en dicha
publicación, esta situación de constante fuga de capitales se viene
dando desde hace algunas décadas, siempre motorizadas por la
desconfianza en las reglas de juego, que incluso van más allá de las
crisis que suelen darse en la marcha de la actividad económica.
Hace solo unos días fue el propio INDEC el que difundió datos sobre el
tema de la huída de capitales, por lo cual se trata de informes
oficiales, reflejados en el documento "Posición de inversión
internacional 2009" de la Argentina. Allí se consigna que luego de la
dura crisis de fines de 2001 los activos argentinos en el exterior eran
de 81.875 millones de dólares, habiéndose agregado desde entonces
56.000 millones, con lo cual a fines del año anterior la plata
argentina en el extranjero ascendía a 137.826 millones de la divisa
estadounidense. Es decir, que más allá de situaciones favorables de la
economía nacional, el flujo de divisas enviadas al exterior ha sido en
forma constante, y más allá de toda clase de crisis o reactivaciones.
De tal manera, tenemos que más de la mitad de los dólares que
ingresaron al país desde 2002 en adelante debido al superávit
comercial, salieron del circuito de circulación, sea para ser enviados
a otros países -mediante el uso de maniobras al margen de la ley, o
bien en otros casos disimuladas-, o bien permanecer en cajas de
seguridad, o como se dice vulgarmente para definir la situación,
"fueron a parar al colchón". En total se fugaron, o directamente
"desaparecieron" unos 65.000 millones de dólares, en tanto que además
se pagaron por intereses, dividendos y utilidades, otros 25.000
millones. Por tal razón, apenas una pequeña parte del importante saldo
positivo pasó a engrosar las reservas del Banco Central de la República
Argentina, donde se dispone de 49.000 millones de dólares, cuando en
realidad, deberían ser muchísimos más.
Se destaca también en el informe, que hacia fines del año pasado los
"activos externos" de los argentinos ascendían a 225.422 millones de
dólares, conformados por 47.967 millones de reservas, 29.445
depositados en el exterior y 148.010 millones de bonos y acciones. De
ese modo, el 66% de los activos externos se encuentran en el
extranjero, los cuales en su mayoría no están declarados, respondiendo
por lo tanto a un proceso de fuga de divisas.
Casi todos los analistas coinciden en que las divisas que salen del
circuito, impiden potenciar el crecimiento de la economía y del empleo
de una forma mucho más fuerte, impactando además en la posibilidad de
una mejor distribución del ingreso. También existe uniformidad de
criterios en que la fuga de capitales pasó a tener un muy fuerte peso
en el desenvolvimiento de la economía nacional, desde la aplicación de
la política de desregulación y endeudamiento que se aplicó durante la
dictadura militar, retomada en los años ï90 con la convertibilidad.
Respecto a la derivación de divisas al exterior, según la consultora
Ecolatina, se produjo a un ritmo de 300 millones de dólares mensuales
en el lapso comprendido desde enero de 2003 a marzo de 2008, mientras
que desde abril de 2008 a junio de 2009 el alza fue impresionante,
llegándose a 1.500 millones de dólares mensuales, en tanto que ahora se
estima que la fuga está en los 1.000 millones mensuales.
Por estas razones es que se explica que, aun cuando desde marzo último
se produjo una recomposición, las reservas se encuentran hoy en el
mismo nivel de marzo de 2008, cuando alcanzaron los 50.500 millones de
dólares. Queda en evidencia entonces que casi la totalidad de los
últimos dos años, unos 40.000 millones de dólares, prácticamente se
esfumaron.
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