RAFAELA DEL AYER
Un regador "especial"
No sé por qué, pero me gustaba verlo "trabajar". Era grandote, casi
imponente el "colorado"; porque estaba pintado de ese color. Bueno, en
realidad no era exactamente colorado, pero era un tono que se le
parecía bastante. Usted, amigo lector, con toda razón se estará
preguntando de quién hablo. Y le respondo: me refiero a un regador
municipal que en aquellos años cuarenta recorría las calles rafaelinas.
Ya señalamos en una nota anterior, que exceptuando el sector urbano con
arterias adoquinadas, el resto de la ciudad -casi en su totalidad-
tenía calles de tierra.
Este regador que hoy evocamos con nostalgia, tenía "algo" que lo hacía
distinto a los demás. Era un camión "Krupp", con un tanque bastante
grande. Precisamente en este tanque o cisterna estaba ese "algo" que lo
diferenciaba de todos los otros regadores que yo había visto (y eso que
de chico, ya conocía otras ciudades fuera de Rafaela). El Krupp
tenía su cabina, como todos los camiones, y en ella estaba su conductor. Pero este no era el único "tripulante" del regador. En la parte
superior de la cisterna, y casi a la mitad de ella, había un habitáculo
ocupado por otro agente municipal, que era el que "manejaba"
la salida del agua y la fuerza y dirección de los chorros. A este
empleado, ubicado "en su lugar de trabajo", sólo se le veía de los
hombros para arriba. Y este hombre "metido" en el tanque, era lo que
daba al regador su singular aspecto.
Este vehículo municipal -prestador de un servicio esencialísimo en una
ciudad en la que la tierra predominaba ampliamente sobre el empedrado- cargaba el agua en calle San Martín, al lado (y al Este) del viejo
Mercado Municipal. En ese entonces eran pocos los autos que circulaban
por Rafaela. Y los que estaban estacionados en la calle. eran rigurosamente "esquivados", pues quien iba arriba en el tanque cortaba
oportunamente el chorro de agua. En el verano, al regar las calles de
tierra se formaban "charquitos" que atraían a las mariposas, para
regocijo de los pibes que trataban de "cazarlas" con una rama de
paraíso. Otros, más audaces, corrían detrás del regador para mo-
jarse, mientras "el hombre del tanque", desde arriba los miraba,
risueño y comprensivo. Al recordar esto después de tantos años,
sorprende la sencillez y la inocencia de aquellos juegos y travesuras
infantiles. ¡Qué lejos estaban los pibes de entonces, de imaginar todo
lo que vendría después: tele, mensajes de texto, internet, etc.!
Trato de recordar cuándo vi por última vez a aquel regador. Era en
Aristóbulo del Valle (entonces de tierra, con ancho cantero central y
altos árboles en los costados), más o menos a la altura de Intendente
Giménez. Unas tres o cuatro cuadras más adelante se "terminaba" la
ciudad, y empezaba el descampado. Así de "chica" era la Rafaela del
ayer...
Tito Valenti
titovalenti@hotmail.com
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10-07-2010

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