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Cartas de lectores
Cuando la coherencia debe ser destacada
Sr. Director:
En esta oportunidad se me hace indispensable destacar la actitud de una
persona posiblemente desconocida para nosotros, pero ya nombrada por
los medios nacionales, probablemente durante algún tiempo para luego
pasar al olvido, como sucede con la "memoria instantánea" que parece
nos caracteriza a los argentinos, especialmente con los temas "duros".
Para ser breve, y entrar directamente en cuestión, digo que me refiero
a la Sra. Marta Corvilla, a cargo del Juzgado de Paz de General Pico,
La Pampa; quien anunció públicamente su negativa a casar a personas del
mismo sexo por considerar a la homosexualidad como una cosa mala. No
duda tampoco en dar sus fundamentos. "Yo fui educada con La Biblia".
Esta mujer prioriza sus convicciones, su "objeción de conciencia"; la
lanza a la sociedad previamente a cualquier acto irregular que pueda
generar desde su cargo, y queda también implícitamente sometida a las
consecuencias legales que surjan de esta decisión.
Este es el momento para rogarle al posible lector de esta carta que de
inmediato intente realmente sustraerse por un momento de su
posicionamiento personal respecto al tema del casamiento o matrimonio
gay, pues la propuesta es otra: que intentemos centrarnos simplemente
en la conducta, en el actuar de una persona. Simplemente analizar a
partir de ella y su actitud si le cabe plenamente o no, el calificativo
de coherente. Leída la palabra así, parece que no es mucho; pero
parece.
La jueza pone en juego su trabajo, con posibilidades casi segura de
perder sus ingresos que no serán magros y, para más, de un trabajo que
le otorga poder; el más poderoso afrodisíaco según dicen y muestran las
incalificadas conductas que solemos ver en muchos para tenerlo y
preservarlo. Pero este tema del poder, será para otra oportunidad.
La palabra Coherencia, en este caso refiere simplemente a hacer lo que
se dice y se siente; y obrar en consecuencia. Debemos suponer dos
condiciones más: 1.- sin que ese obrar implique algún mal para "los
otros", y 2.- asumir los efectos que emerjan de dicho obrar. La palabra
coherencia puede entonces adquirir la categoría de casi un verdadero
"valor ético". De un ejemplo.
No seremos pocos los que pensemos en nuestra interioridad que hay algo
de ingenuo o estúpido en esta persona. Otros, no dudarán de transformar
esta actitud en un claro ejemplo de "fundamentalismo ideológico"; y
quitarlo de la posible categoría, de un claro ejemplo de una conducta
también en defensa de la democracia. Por último tendremos a los
conocidos de siempre; a esos que nos dirán (o que nunca nos dirán) que
políticamente se trata de una cándida; que no sabe nada de las
necesidades de la política, y nos recordarán las diferencias entre
objetivos, estrategias y tácticas. En terreno de estos la incoherencia
también se transforma en un valor operativo; pero para algunos pocos;
los entendidos en esa cuestión.
Si el lector tiene tiempo, memoria, e interés, podrá verlos en su
actuar en la última sesión donde se aprobó la nueva ley de matrimonios.
Pero para poder verlos hay que hacer otro esfuerzo porque saben
mimetizarse muy bien. Hay que dejar de lado a los ideológicos; a esos
coherentes, duramente confrontantes y frontales entre sí, portadores de
banderas que no ocultaron en ningún momento, ni antes, ni durante, ni
después. A esos que dentro de las reglas de juego constitucional,
mediante alternativas (proyectos diferenciados) y discursos lo más
convincentes posibles, buscaron imponer su convicción ideológica.
Pusieron su cuerpo, su voz, y su claro voto en presencia. Se expusieron
públicamente, en concordancia o discrepancia con sus propios grupos de
pertenencia, y las presiones que esto supone. Su fidelidad a sí mismo,
su coherencia personal, no les dio tiempo a pensar en las próximas
elecciones, ni a razonar cómo quedaban parados en relación a los
factores de poder extraparlamentarios.
Que quede claro, estuvieron de los dos lados.
Y los señalo porque por ahí andaban los otros. Los claros
representantes del pragmatismo político. Aquellos que saben seguir
estando hoy mismo presentes en el escenario de los cargos; apareciendo
y desapareciendo oportunamente; diciendo y corrigiendo lo dicho con
notable elocuencia a los pocos minutos. Ahí estaban estos otros. Con el
rankíngmetro en una mano, y el cuentaporotos en el otro. Algunos
ausentes con aviso; otros presentes para apoyar una idea en Comisión
con dureza, corregir un poquito en plena sesión, y esfumándose para
votar. Hemos visto también, según avanzaba la sesión, a algún
"convencido" de último momento. No faltaron los que se abstuvieron. Me
pregunto: ¿se abstuvieron de qué? Justamente, por dogmáticos, los
proyectos eran dos, y solamente dos.
Por último, señalo esta situación en esta oportunidad, porque se trató
de una de las "batallas ideológicas" más claras de los últimos años en
que se dieron en el terreno el espacio legislativo. No en vano se habló
tanto de "conciencia" y "convicción íntima". Para nada jugaron factores
económicos-financieros, penales, de planificación de obras, u otros.
Fue ideología pura, por más que no falte quien pretenda la caducidad de
este término, para poder seguir relativizando los límites éticos de la
coherencia propia de sus puestas en acto.
Por eso es que falta saludar los anuncios públicos de la jueza
Corvilla, hechos ahora, que todo se jugó ya. La toma de decisión
personal, individual, con su propia conciencia. Nada más que por eso.
Dr. Jorge O. Fainblum
DNI 4.516.071
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