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Miércoles 21 de Julio de 2010


Cartas de lectores

Cuando la coherencia debe ser destacada

Sr. Director:

En esta oportunidad se me hace indispensable destacar la actitud de una persona posiblemente desconocida para nosotros, pero ya nombrada por los medios nacionales, probablemente durante algún tiempo para luego pasar al olvido, como sucede con la "memoria instantánea" que parece nos caracteriza a los argentinos, especialmente con los temas "duros".
Para ser breve, y entrar directamente en cuestión, digo que me refiero a la Sra. Marta Corvilla, a cargo del Juzgado de Paz de General Pico, La Pampa; quien anunció públicamente su negativa a casar a personas del mismo sexo por considerar a la homosexualidad como una cosa mala. No duda tampoco en dar sus fundamentos. "Yo fui educada con La Biblia".
Esta mujer prioriza sus convicciones, su "objeción de conciencia"; la lanza a la sociedad previamente a cualquier acto irregular que pueda generar desde su cargo, y queda también implícitamente sometida a las consecuencias legales que surjan de esta decisión.
Este es el momento para rogarle al posible lector de esta carta que de inmediato intente realmente sustraerse por un momento de su posicionamiento personal respecto al tema del casamiento o matrimonio gay, pues la propuesta es otra: que intentemos centrarnos simplemente en la conducta, en el actuar de una persona. Simplemente analizar a partir de ella y su actitud si le cabe plenamente o no, el calificativo de coherente. Leída la palabra así, parece que no es mucho; pero parece.
La jueza pone en juego su trabajo, con posibilidades casi segura de perder sus ingresos que no serán magros y, para más, de un trabajo que le otorga poder; el más poderoso afrodisíaco según dicen y muestran las incalificadas conductas que solemos ver en muchos para tenerlo y preservarlo. Pero este tema del poder, será para otra oportunidad.
La palabra Coherencia, en este caso refiere simplemente a hacer lo que se dice y se siente; y obrar en consecuencia. Debemos suponer dos condiciones más: 1.- sin que ese obrar implique algún mal para "los otros", y 2.- asumir los efectos que emerjan de dicho obrar. La palabra coherencia puede entonces adquirir la categoría de casi un verdadero "valor ético". De un ejemplo.
No seremos pocos los que pensemos en nuestra interioridad que hay algo de ingenuo o estúpido en esta persona. Otros, no dudarán de transformar esta actitud en un claro ejemplo de "fundamentalismo ideológico"; y quitarlo de la posible categoría, de un claro ejemplo de una conducta también en defensa de la democracia. Por último tendremos a los conocidos de siempre; a esos que nos dirán (o que nunca nos dirán) que políticamente se trata de una cándida; que no sabe nada de las necesidades de la política, y nos recordarán las diferencias entre objetivos, estrategias y tácticas. En terreno de estos la incoherencia también se transforma en un valor operativo; pero para algunos pocos; los entendidos en esa cuestión.
Si el lector tiene tiempo, memoria, e interés, podrá verlos en su actuar en la última sesión donde se aprobó la nueva ley de matrimonios.
Pero para poder verlos hay que hacer otro esfuerzo porque saben mimetizarse muy bien. Hay que dejar de lado a los ideológicos; a esos coherentes, duramente confrontantes y frontales entre sí, portadores de banderas que no ocultaron en ningún momento, ni antes, ni durante, ni después. A esos que dentro de las reglas de juego constitucional, mediante alternativas (proyectos diferenciados) y discursos lo más convincentes posibles, buscaron imponer su convicción ideológica.
Pusieron su cuerpo, su voz, y su claro voto en presencia. Se expusieron públicamente, en concordancia o discrepancia con sus propios grupos de pertenencia, y las presiones que esto supone. Su fidelidad a sí mismo, su coherencia personal, no les dio tiempo a pensar en las próximas elecciones, ni a razonar cómo quedaban parados en relación a los factores de poder extraparlamentarios.
Que quede claro, estuvieron de los dos lados.
Y los señalo porque por ahí andaban los otros. Los claros representantes del pragmatismo político. Aquellos que saben seguir estando hoy mismo presentes en el escenario de los cargos; apareciendo y desapareciendo oportunamente; diciendo y corrigiendo lo dicho con notable elocuencia a los pocos minutos. Ahí estaban estos otros. Con el rankíngmetro en una mano, y el cuentaporotos en el otro. Algunos ausentes con aviso; otros presentes para apoyar una idea en Comisión con dureza, corregir un poquito en plena sesión, y esfumándose para votar. Hemos visto también, según avanzaba la sesión, a algún "convencido" de último momento. No faltaron los que se abstuvieron. Me pregunto: ¿se abstuvieron de qué? Justamente, por dogmáticos, los proyectos eran dos, y solamente dos.
Por último, señalo esta situación en esta oportunidad, porque se trató de una de las "batallas ideológicas" más claras de los últimos años en que se dieron en el terreno el espacio legislativo. No en vano se habló tanto de "conciencia" y "convicción íntima". Para nada jugaron factores económicos-financieros, penales, de planificación de obras, u otros.
Fue ideología pura, por más que no falte quien pretenda la caducidad de este término, para poder seguir relativizando los límites éticos de la coherencia propia de sus puestas en acto.
Por eso es que falta saludar los anuncios públicos de la jueza Corvilla, hechos ahora, que todo se jugó ya. La toma de decisión personal, individual, con su propia conciencia. Nada más que por eso.

Dr. Jorge O. Fainblum
DNI 4.516.071





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