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Editorial
Población armada
El de los Estados Unidos es un pueblo de armas portar. Esta es la
síntesis de una situación que viene extendiéndose desde sus orígenes,
cuando la cruenta conquista del oeste por parte de colonizadores que a
puro poder de fuego barrieron con las numerosas tribus indígenas que
existían en ese amplísimo territorio.
Tal modalidad acaba de ser ratificada por la Corte Suprema de ese país,
en cuanto al derecho de los ciudadanos de portar armas, por 5 votos
contra 4 de sus integrantes. De tal manera invalidó, al declarar
inconstitucional, una prohibición que había sido implementada hace 28
años en las ciudades de Chicago y Oak Park -ambos en el estado de
Illinois- que se contraponía a lo establecido en la segunda enmienda de
la Constitución. Y además, también dejó sin efecto un fallo de 2008, de
la misma Corte, que prohibía el uso de armas cortas en Washington.
Esta resolución de la Justicia estadounidense constituyó un muy duro
revés para todos aquellos sectores -que aunque minoritarios también los
hay- que están buscando las formas de poder limitar la proliferación de
las armas de fuego.
De todos modos, aunque el fallo cuenta con toda vigencia, es advertible
que el modo de pensar se va equilibrando, ya que la determinación fue
muy ajustada, por apenas un voto que separa la cuenta final de 5 a 4.
En este último caso, es decir, los que se opusieron a la eliminación de
las limitaciones, fueron los cuatro jueces liberales de la Corte, en
tanto que los conservadores mantuvieron la postura del tradicionalismo
en cuanto a la absoluta libertad para portar armas que tienen los
estadounidenses, ahora en todo el territorio del país.
Algo curioso, que debe destacarse respecto a esta costumbre, es que los
armamentos que dispone la población, y que son adquiridos con total
libertad, no son solamente revólveres, pistolas, escopetas y rifles de
sus numerosos modelos y poder de fuego, sino que también se equipan con
armas mucho más poderosas, como el caso de ametralladoras.
Y lo mucho más grave, es que las utilizan. Se recuerdan los reiterados
casos de personas con manifiesto desequilibrio mental sin duda, que
provistos de arsenales, concretan matanzas de seres humanos desde
edificios que pueden ser escuelas, templos o entes públicos, casi
siempre desde una altura determinada que les permite atrincherarse,
disparando a la gente sin ningún sentido más que el sostenido por una
enajenación mental siempre bien alimentada por la violencia de la TV,
los juegos de guerra, o simplemente la vida misma con su cotidiana
realidad, especialmente en un país donde la violencia es un acto casi
constante.
La enmienda ratificada por la Corte, sostiene que "siendo necesaria una
milicia bien regulada para la seguridad de un Estado libre, no se
violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas".
Quienes sostienen la portación de armamentos a rajatabla, sin ninguna
clase de limitaciones, se respaldan en leyes y resoluciones que
tuvieron sus orígenes en el siglo XVIII, para que los Estados Unidos
pudieran tener milicias o cuerpos de seguridad en respuesta al temor
que existía en caso de tener que enfrentarse no sólo a enemigos del
exterior, sino, y muy especialmente, a un gobierno central demasiado
poderoso. Es que por entonces, cada uno de los Estados que conformaban
el país, tenían una amplísima libertad en cada uno de sus actos, y por
lo tanto buscaban así, contando con su pueblo bien armado, el control
del gobierno central, sobre el cual se tenía una marcada desconfianza.
Pero claro, esta perspectiva se ha modificado sustancialmente desde
entonces, sin embargo la decisión de mantener una población fuertemente
armada se mantiene. Ya no existen justificaciones de defensa externa,
ni tampoco de temor al gobierno, pero aún así la gente no sólo está
armada, sino que muchos poseen en sus viviendas verdaderos arsenales de
sofisticada generación. Algo que, indudablemente en alguna ocasión
deberá modificarse.
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