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Martes 3 de Agosto de 2010


La Palabra

En busca de... Abdo Ali, músico

Con la libertad de cantar

Nació en el mismo barrio donde hoy vive disfrutando de la familia y de los amigos. Su identificación con el tango le permitió llegar a los escenarios, acompañado por la orquesta típica, y fue integrante de la banda municipal de música de Rafaela, su ciudad. Hombre reflexivo, observador y exigente que repasa su historia con LA PALABRA.

LP - ¿Cómo ves a la música en el mundo del arte?
A.A. - No alcanzo a imaginar que no haya música. Es una cosa que no se pude imaginar. Pensemos, con música o cantando, canta la madre acunando al hijo, cantan los presos, cantan los esclavos que vienen en la panza en el buque, canta el borracho. Pero no te podría definir la música como lo hacen los músicos que son creadores de música. Para mí la música son sonidos que armonizan entre sí con el ambiente o con la circunstancia que se está viviendo. Porque todo es música. Música tiene el viento, música tiene la calle. A veces parece increíble. Digo que armonizan porque si vos llegás a una caída de agua fuerte, primero te parece que molesta y cuando estás un rato y podés hablar normalmente todo te parece que está bien, armonizás vos junto con la caída de agua y con el ruido que pueda hacer la caída del agua. En cambio, cuando vos encontrás a un tipo grandote, alto, y habla con voz finita parece que no armoniza, viste?
Recuerdo cuando Omar Corrado nos hacía escuchar esa música de ruidos. Tiene razón, porque en un pueblo abandonado como se ve en las películas, una ventana que suena y golpea, golpea, llega un momento que te acostumbrás y decís, bueno está armonizando con el viento, con la tormenta. Posiblemente eso sea música. Para los creadores es el arte de combinar los sonidos. Puede ser. Pero no sé cómo sería el mundo sin música.

LP - ¿Qué recuerdos traés de los sonidos desde la infancia?
A.A. - La música la empecé a escuchar con mi mamá, con mis tíos, mis hermanos. Todos cantaban, a todos les gustaba la música. No porque eran músicos, sino por cantar. Mi mamá era cantora. Cuentan vecinas que se arrimaban a la casa con alguna excusa para oírla cantar. Después empecé a cantar en los boliches, en las despedidas. Hasta que tuve la conexión de Ramón Bouhier que me propuso cantar en una orquesta. Era lo que más quería, y como necesitaban un cantor... Fui a algunos ensayos, un día pasamos algunos temas y quedé. Tenía veintiuno o veintidós años.

LP - Pero un día dejaste de cantar.
A.A. - Francamente, cuando dejé de cantar a los treinta y cinco años era cuando recién tenía que haber empezado.

LP - ¿De quién aprendiste a cantar el tango?
A.A. - De nadie. Es que no aprendí. Cuando llegué a cantar en una orquesta ya venía bastante fusilado de la garganta por cantar sin técnica. Después aprendí mucho de Horacio Reinal que venía de San Francisco, Córdoba y cantaba con nosotros. Cantaba muy, muy bien. Y me enseñó un poco la técnica de respirar y la forma de cantar. Y eso me ayudó mucho.

LP - ¿Cuánto tiempo cantaste?
A.A. - Como quince años. Siempre en la misma orquesta, con Cetta-Pignoni. O cuando era de Juan Carlos Cetta solo. El recuerdo que tengo de la gente que estuvo en la orquesta conmigo es muy bueno, maravilloso. No puedo decir que uno más que otro, aunque todos eran diferentes, todos somos distintos. Aunque como se dice: gente común, pero la gente común no existe. Tenía de compañero a Alberto Larrué, me ayudaba también. Los que vinieron después a cantar con nosotros, tuvieron su lugar porque eran necesarios. No había celos, al contrario, uno se alegraba por el otro. Eran otros tiempos. En realidad, se trabajaba mucho de cantor y de músico. Ahora me doy cuenta que no supe aprovechar la buena orquesta que tenía. No tenía la experiencia.

LP - ¿Quiénes integraban la orquesta típica?
A.A. - En bandoneón Egidio Dutruel, Ramón Bouhier y Tschopp que era de Sunchales, Pucho Platini en contrabajo, Remo Pignoni en piano y Juan Carlos Cetta en violín. A veces tocaba el padre de Chichín Cetta también. Y los bandoneones se fueron cambiando, cuando llegué estaba Alcides Rizzotto, después vinieron Cavadini, Gososito. Venían de la orquesta de Mario Platini. Tuve la suerte de oírlo tocar a Platini y cantar en un ensayo con él. Era un bandoneonista bárbaro, tenía un gusto fenomenal.

LP - ¿Y el repertorio?
A.A. - Yo cantaba, en realidad, los tangos más melódicos y Larrué los más reos. Elegía los que estaban en mis posibilidades de hacerlos. Había muchos tangos que estaban de moda un tiempo nomás. Antes de estar en la orquesta estaban los bailables por Radio El Mundo y nosotros competíamos yendo al boliche sábado y domingo a la noche para ver quién sabía las letras del nuevo tango que habían pasado por radio esos días. Se escuchaba mucho la radio.

LP - Los temas.
A.A. - Me acuerdo de "La cantina", un tango de Troilo. Surgió "La última curda", el tango "Una canción" que me gustaba mucho. Y los tangos viejos, mamamos los de Gardel. Para mí Gardel es lo máximo. Estamos hablando de los últimos años de la década del cincuenta. El primer tango que canté fue "Milonguita" en Vila, en el salón tan lindo de la Sociedad Italiana.

LP - ¿Qué es cantar?
A.A. - Es algo muy particular. Remo Pignoni decía siempre "yo puedo tocar muy bien el piano pero te admiro a vos que podés cantar". Ocurre que cuando uno trabaja, a veces cantás y a veces trabajás de cantor. No alcanzo a entender a esa gente que canta un tango tras del otro. Para mí cuando uno está cantando, canta desde adentro del alma, y está en otra dimensión.

LP - ¿Qué recordás de Remo?
A.A. - De Remo... y... los silencios. Los silencios. Cuando teníamos los intervalos -momento que actuaba la orquesta de jazz en los bailes- en los pueblos salíamos a caminar por las plazas, con otros o con Remo solo, o a tomar un café. Si había conversación bien, pero no era necesario... era un mutuo respeto. Era muy bueno estar con Remo aunque no habláramos. Vos te le arrimabas silbando cuando te le acercabas y Remo te decía: "¿qué tenés del otro lado?" haciendo referencia a los discos que venían con otro tema. Lo vi por última vez en la esquina del correo un mediodía -momento en el que él salía- y me quedé con ganas de seguir hablando mucho más... Parafraseando a Yupanqui "si hay cielo para un amigo allá estará Remo con el pucho de la vida -o el pucho de la muerte- entre los labios" y voy a tratar de portarme muy bien así nos encontramos nuevamente para seguir la charla que quedó trunca ahí en la calle Moreno.

LP - ¿Qué balance hacés de aquellos años de cantor?
A.A. - Sobre todo la amistad. Pero todo era muy distinto. Nosotros éramos trabajadores. Nunca me sentí un artista, ni una estrella, ni nada. Al contrario, me sentía que si era capaz de hacer algo cantando, lo hacía por la orquesta. Con la banda municipal de música me pasó lo mismo. Entré a tocar los platillos y a cantar. Si me preguntás qué quisiera ser te diría: quisiera ser un "todo" de lo que uno hace. Porque al final somos casi músicos, casi cantores, casi zapateros. Habría que ser "todo" cada cosa. Pero para eso hay que estudiar. Hoy están saliendo buenos músicos de las escuelas y eso es importante. Antes había muchos improvisados.

LP - Tu experiencia con la banda.
A.A. - Por necesidad de trabajo fijo gestioné el ingreso. Estaba de director Miguel Cetta. Me nombraron enseguida. Fui el primer cantor de la banda. Después me dieron la tuba. Fui bastante improvisado y reconozco que hice todo lo que pude pero no estaba en el nivel que podía pretender. Ni había quien enseñara en Rafaela muchos de esos instrumentos de viento. Me enseñaron las posiciones y arranqué. Ahora tenés que venir de una escuela, y está muy bien. Estuve muy cómodo en la banda con todos sus directores. Cuando me retiré ya estaban ingresando músicos jóvenes con mayor capacidad. Para mí era momento de enfundar la mandolina. Me sentía feliz tocando en la banda.

LP - ¿Qué cosechaste de aquellos tiempos?
A.A. - Tengo un grupo de amigos en el lugar de trabajo de Mingo Scalenghe. Algunos son músicos y otros no. La amistad no pasa por ser músico peo te tengo que decir que jamás tuve problemas con alguien. Eso es lo que me queda. Hace quince años que me retiré de la banda y sigo encontrando y saludando a todos los compañeros, incluidos los jóvenes. La música me dejó recuerdos y amigos.

LP - El nombre artístico fue un tema importante para vos...
A.A. - Preferí no usar mi nombre ni mi apellido verdaderos. Elegí como nombre artístico el de Aníbal Olmedo. Si quieren saber el motivo les cuento que Aníbal fue un nombre que siempre me gustó. Me sentí identificado con un personaje que aparecía en las historias de la revista Tib-Bits, y se lo puse a un hijo además. Olmedo reemplazaba mi apellido extranjero, y en ese momento era un reconocido cantor y compositor de tangos exitosos.

LP - Referentes en la música.
A.A. - Me gustan los creadores. Atahualpa Yupanqui y Aníbal Troilo. En los cantores: Carlos Gardel, Roberto Rufino, Roberto Goyeneche, Floreal Ruíz, Edmundo Rivero, Durán. Y de los nuevos Luis Filipelli. Han cantando tan bien los de la época del cuarenta y más adelante, que no queda nada más por hacer. Aunque no siempre escucho música, la llevo conmigo. Me gusta escuchar al que esté cantando desde el corazón, desde el alma si es que existe el alma. Que haya interpretado la letra, que comprenda la letra y que haga las pausas, y que acentúe bien las palabras. Que lo viva. Al final es cuestión de vivirlo.


03-08-2010

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