
|
Editorial
Día de la Industria
No debe existir otro país en el mundo, como la Argentina, que para
celebrar el Día de la Industria, lo cual viene haciéndose desde 1941,
haya elegido el aniversario de un hecho delictivo, más exactamente, un
episodio de contrabando. Es que eso fue lo sucedido el 2 de septiembre
de 1587, cuando desde el fondeadero del Riachuelo, el cual cumplía las
veces de puerto de Buenos Aires, zarpó la carabela San Antonio con
rumbo al Brasil.
Ese navío llevaba en sus bodegas una carga fletaba por el obispo del
Tucumán, Fray Francisco de Vitoria, concretamente eran tejidos y bolsas
de harina producidos en por aquellos tiempos muy próspera ciudad de
Santiago del Estero. Pero lo realmente curioso, y además delictivo, es
que en el interior de las bolsas de harina iban camufladas barras de
plata provenientes de Potosí, cuya exportación se encontraba prohibida.
De tal manera, la primera exportación realizada desde la Argentina, en
realidad fue para encubrir un contrabando de plata.
La situación de entonces, hace nada menos que 423 años, en realidad no
difiere mucho del presente. Es que por aquellos tiempos ya existieron
denuncias en el sentido de los negociados que se estaban haciendo desde
el Virreinato del Río de la Plata hacia Europa, traficando mercaderías
que estaban prohibidas, pero todos -o bien quienes tenían la facultad
de tomar alguna medida- "hacían la vista gorda", como se dijo en aquel
entonces.
Tal como lo dice el historiador Felipe Pigna, "que el día de la
industria se haya instituido en coincidencia con un episodio, que bien
analizado, no deja de ser todo un símbolo del "ser nacional" y del
estado actual de la actividad productiva más vapuleada" en las últimas
décadas, especialmente "cuando el 24 de marzo de 1976 se implantó el
modelo de desindustrialización afianzado por los gobiernos de Menem
primero y De la Rúa después, en ambos casos junto a Cavallo, entre 1989
y 2001".
En la actualidad, la industria nacional, nucleada en su mayoría en la
Unión Industrial Argentina, vive también momentos institucionales
complicados, habida cuenta del acompañamiento que el gobierno de
Cristina Fernández de Kirchner exige para muchas de sus iniciativas,
sometiendo a una fuerte presión de todo tipo a los industriales.
Muy claro y contundente fue lo ocurrido recientemente durante la
presentación del informe "Papel Prensa, la verdad", al cual la UIA
resolvió hacerle el vacío, para no legitimar con su presencia un acto,
y especialmente una historia, plagada de inexactitudes que buscaron
relacionar los crímenes de lesa humanidad, y las acciones del
terrorismo de Estado, con el traspaso de la empresa productora de papel
para diarios, en poder de los dos principales medios gráficos del país,
como son Clarín y La Nación.
Es que para los industriales argentinos, que por primera vez se
animaron a este desaire al Gobierno kirchnerista, estimaron que este
paso de la apropiación de Papel Prensa había excedido los límites de la
razonabilidad, pues más allá de la declamada intención de declarar de
interés público la producción de papel, el verdadero y oculto objetivo
es alcanzar el control de los medios. Con los audiovisuales mediante
una ley, la cual fue ahora reglamentada por decreto para apurar los
tiempos en coincidencia con los objetivos electorales, y los gráficos
merced al objetivo del control del papel, producto indispensable para
su elaboración.
Si en lo institucional es un momento complicado, en cambio lo es menos
en lo productivo, ya que la industria viene en un sostenido ritmo
expansivo en estos últimos meses, habiendo dejado atrás los efectos
sufridos durante la crisis del año pasado. Mayor cantidad de personal,
crecimiento de la producción, junto a buenas perspectivas de
comercialización tanto en el país como en el exterior, son buenas
señales.
|
 |
 |
 |
|



|
 |
 |

|
 |