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Martes 16 de Noviembre de 2010


La Palabra

En busca de... Jorge Videla, artista de circo

Una escuela en equilibrio

Se puede decir que realmente nació en la pista de un circo. Su entorno siempre estuvo relacionado con la carpa de lona, los trapecistas, las acrobacias y una gran familia que contuvo desde lo afectivo y desde lo laboral, un proyecto de vida que comenzó una vez con un abuelo aventurero y sigue hoy sumando generaciones de artistas.

LP - ¿Dé dónde viene su vocación?
J.V. - Soy tercera generación de artistas de circo. De una familia tradicional mendocina, los Videla, Correa, Salinas. Mi abuelo se escapó de la casa en 1895 más o menos. De chico con otro compañero se metió en un circo, fue creciendo, allí se casó tuvo varios hijos que fueron Los Hermanos Videla acróbatas: Jorge, José, Tulio, Raúl, Doralisa y Roberto. Soy hijo de Jorge, del que mantengo el nombre. De ahí parte toda nuestra dinastía de circo tradicional. Se mantuvieron en el circo criollo, llamado así porque tiene primera con trapecistas, acróbatas, malabaristas, un intervalo y segunda parte con una obra de teatro, todas las noches una obra distinta: dramas, comedias, sainetes, obras criollas, radionovelas, el famoso Juan Moreira, Canuto Cañete conscripto del siete, Casarse con una viuda qué cosa más peliaguda.

LP - ¿Dónde nació?
J.V. - Llega el circo al pueblo, en Baigorrita, cerca de Junín. Como todos los muchachos del circo mi padre se pone de novio con las chicas del pueblo, y se llevó a la chica que era una campesina italiana y se fue con el circo. Nací en 1940 en Trenque Lauquen.

LP - ¿Cómo fue lo suyo en el circo?
J.V. - Tengo las fotos donde a los cuatro años entré a la pista con mis padres que eran acróbatas. Era una costumbre -y lo sigue siendo- que los niños entraran a la pista. Mi madre se hizo acróbata, fue aprendiendo las artes y salió muy buena actriz de teatro cómica. Le caí de la panza de mi vieja bailando el pericón en escena, y allí se descompuso. Fui aprendiendo las artes de la acrobacia, fui creciendo y a los nueve años integraba la troupe con mi padre y mi tío. Cuando fui más grande hacía trapecio. Llegué a ser acrobacia y malabarismo. Y dejé de hacer giras hace cinco años por el trabajo de la escuela. Tuvimos circo propio.

LP - Cuando va creciendo ¿el hijo va eligiendo lo que le gusta más?
J.V. - No. El chico va aprendiendo todas las artes, y va viendo dónde está la habilidad del chico. Es lo que hacemos en la escuela, vamos transmitiendo eso. Vemos qué habilidad tiene el alumno y lo vamos orientando y él va desarrollando esa actividad que le resulta más fácil.

LP - ¿Cómo aprende la cuestión de la seguridad?
J.V. - Es la base de lo que se aprende. Lo aprendí muy chiquito. Antes no había aparatos de seguridad como hay ahora. Antes la seguridad era a mano. El cinto de seguridad -lonya- que se ata a la cintura y siempre queda colgado entonces hay ciento por ciento de seguridad. Antes era a pura mano nomás el que iba arriba, y el que estaba abajo cuidaba. Los accidentes que como en toda disciplina los había, no llegaban a ser tan graves.

LP - ¿Ustedes tienen descendientes?
J.V. - Tenemos pero todavía no sabemos si van a continuar con la escuela. La escuela fue un sueño. Y con el circo tengo mi hija menor en México que trabaja en cruceros y mi nieto que hace acrobacia y malabarismo. Mi abuelo fue Simón Luis Videla, de 1890, acróbata, payaso, actor; sus hijos Los Siete Hermanos Videla en 1950; Jorge II y Oscar -hijos de Jorge- están con la Escuela de circo; Gabriela Itatí, hija de Jorge II, de 29 años y Miguel Angel García, nieto de Jorge II.

LP - ¿Y la escuela?
J.V. - Fue mientras trabajábamos en el circo. La escuela fue un sueño porque ya en 1980 nosotros veíamos que había escasez de artistas, que se dedicaban a otra cosa, que los papás no enseñaban el número porque se ganaba más plata vendiendo pochoclo, naricitas o sacando fotografías que ser artista. Faltaban artistas y en los circos no había. Se nos ocurrió con mi hermano hacer la escuela. Venía la escuela rusa, de Moscú en la década del '60, los acróbatas chinos que son de escuela. Si nosotros también tenemos la escuela del circo criollo, que es única en el mundo. Empezamos a yirar por las entidades y nos vomitaban en la cara: "¡¡Ah el circo del león muerto de hambre!!", "la carpa rota", "¡gitanos!", cualquier cosa decían, nada que ver con la realidad. En 1980 un cura tercermundista, era muy amigo del padre Silva de España que tení a el famoso circo Los Muchachos y de cada país llevaba un chico huérfano y le enseñaba la técnica y la educación, y les daba un oficio. Y con eso mantenía un pueblo, la ciudad de Benposta en España. Eso nos dio la posibilidad para que empezáramos con chicos carecientes de Wilde con un circo social. Esa experiencia nos sirvió para trabajar dos años, por problemas económicos fuimos recorriendo varios lugares en los que íbamos creciendo. Pasamos por universidades, la dirección general de escuelas para dar destreza, acrobacia y técnicas especiales a profesores de educación física para la aplicación de chicos Down que fue todo un éxito. Nos apoyó Boca Juniors. Siempre molestábamos porque íbamos creciendo... Todo lo hicimos sin apoyo oficial.

LP - ¿Cómo se forma desde la escuela?
J.V. - Se trata de unir la escuela de circo con la formación para trabajar en el circo. La formación es integral: físico, sicología, filosofía del circo. La base de la escuela es la destreza, la preparación física, la acrobacia, la elongación.

LP - ¿Hay un plan de trabajo establecido previamente?
J.V. - Sí. En el primer año la preparación es general. Alí se va demostrando la habilidad individual de cada uno. En el segundo año se perfecciona la actividad elegida. En el tercer año trabaja en circos, hace experiencia en el armado y en la producción de los aparatos que utiliza.

LP - Una anécdota de las tantas que ocurrieron.
J.V. - Los músicos estaban tocando en plena función ubicados al lado de la entrada de los artistas. Venía una tormenta y el viento para arriba y para abajo y se iba la carpa. Estaban trabajando Los Navas, unos perchistas que se subían a un caño a siete metros de alto. No podía hacer equilibrio porque se le movía todo y no tenía eje. Todos preocupados gritando ¡se viene el circo en banda! ¡todos el mundo afuera! Y el público no quería salir. Le explicaron que había que suspender por el viento muy fuerte. Los músicos lo sabían porque empezaron a saltar las retenidas, que son las sogas que están al costado del circo y se sentían los ruidos como proyectiles. El artista no quería bajar, y el dueño corría a los músicos pero nadie dejaba de tocar la marcha con el instrumento en la mano porque el artista no salía de la pista. Cuando ya no quedaba nadie, viene una ráfaga, se siente como una explosión y levanta la carpa completa y la lleva volando, pasa por arriba de la gente y la tira a doscientos metros. Nosotros no llegamos a actuar ese día.

Jorge Videla textual
El origen del circo criollo

"Se llama circo criollo y nace de casualidad en 1880, 1886. Lo inventaron los Podestá. En esa época todos los circos terminaban con pantomimas cómicas, ya lo dice la palabra mimos 'sin hablar'. Otros hacían como un minué, parecido, entre un minué y un pericón que se llamaba fricasé, entraba toda la compañía bailando y hacían todos un baile muy tradicional francés. Otros circos hacían charibari, palabra italiana, que era un festejo al público y entraban todos: malabaristas, acróbatas, alambristas, como hace ahora la troupe del Soleil. Los Podestá iban haciendo la pantomima de Juan Moreira que fue un gaucho perseguido que existió por la provincia de Buenos Aires. Hacía dos años que la iban haciendo, todo mudo. Había zarzuelas españolas, operetas, óperas italianas, francesas para la colectividad de ellos. En todos los pueblos había Sociedad de Socorros Mutuos Italianas, la mayoría de los teatros de la Argentina eran líricos. Los Podestá llegan a Chivilcoy en 1886 con Juan Moreira. El dueño -Podestá- vivía en el hotel, porque aunque se crea que vivían en un carromato, esa palabra no existía en Argentina, carromato es una palabra gitana de los húngaros cuando andaban por Europa con sus caballos y sus carros. Pero acá no existía eso. Alquilaban casas, piezas. Que en los pueblos se acostumbraba. El dueño como tenía más plata vivía en hotel. Y tomando el vermú de las once -esto contado por Podestá- en el boliche, como era costumbre entre un partidito de billar, un partidito de truco, le dice el dueño del hotel que era un vasco: 'muy linda la función de anoche, pero hay una cosa que no entiendo, por qué no hablan los actores'. Porque hay gente que no entiende los gestos de la pantomima. Estamos hablando de 1886, cincuenta kilómetros más allá estaban los indios, estaba Coliqueo, estaban los fortines, tal vez mucha intelectualidad de la gente de campo no había para interpretar ciertas cosas. Y Podestá, que era un hombre muy culto, lo comenta con su familia, y a la acción le ponen la palabra. Y por primera vez se escucha decir, en vez de hacer un gesto de horror o de asombro, Moreira decía: '¡Esto es una injusticia, carajo!'. Hablar en criollo, hablar en gaucho, por primera vez escuchar hablar en argentino. ¡Y denunciar una injusticia! Que en esa época fue un problema social, cultural y político."

El balance de una vida con el arte escénico

"Nosotros pasamos información de tres siglos. Mi abuelo murió a los ochenta años cuando yo tenía dieciocho y él entraba de payaso, lo hacían entrar sus hijos para que se diera el gusto de estar en la pista. Entonces sé cómo hablaba un hombre del mil ochocientos, cuáles eran sus chistes, cómo era su ropa. Porque cuando chico yo dormía en el baúl de la ropa, en los camarines, así que tengo el olor de la ropa en la nariz. Soy del '40, trabajé en el siglo pasado con mi padre y sé cómo era el espectáculo en ese momento y estoy en este nuevo milenio totalmente distinto de lo que era en el mil ochocientos. En forma veraz somos de los pocos privilegiados que podemos pasar ese tipo de información. El payaso del mil ochocientos entraba a la pista y decía cantando: 'huija cusquita cuscala, viva la santa mariana, si no pare hembra mi vaca, lo capo al toro mañana...'. Si el payaso dice eso ahora nadie lo entiende, estaba hecho para gente de campo cuando andaba por la provincia. En el siglo pasado de mi padre, el payaso cantaba más picaresco: 'la vieja de mi abuela tiene un colmillo, donde el viejo le cuelga los calzoncillos', y ahí empezaba la rutina. Ahora el payaso no canta más, no habla más, es mimo, entra con una cornetita y se expresa con ruidos, habla sonidos incoherentes, perdió la gracia, perdió los chistes, y perdió a los chicos. Porque ahora ridiculizan con el espectador y agarran a uno del público que no siempre está dispuesto. Creen que son más cómicos con eso. No tienen vocalización. Antes cuando hacían teatro aprendían a vocalizar, a hablar, a ser un actor en la pista. Decir los chistes con gracia. Los de ahora no conocieron los viejos payasos, no conocen las rutinas. Son groseros, asquerosos, se pasan. No soy un puritano, da vergüenza, pero molesta. Pero bueno, la gente se ríe, lo acepta. De haber vivido esa niñez tan linda en la que no se conocía la droga. ¡Cuántos padres vinieron a decirme gracias por sacar a sus hijos de la droga! Por aprender un oficio. Me siento muy feliz por lo logrado: haber formado una escuela, una familia, ver que mis hijos continúan mi tradición, el espíritu de lo que es la familia del circo. Pienso que hemos completado un ciclo, de una cadena de algo que evidentemente se perdió, queriendo tratar nosotros en lo posible de formar esta nueva gente, nuevos artistas. Estamos muy solos en esto. Y en eso siento que no me alcanza la vida para seguir luchando. Sé que estoy en la recta final y quisiera tener más tiempo para luchar por ese circo que no está más, por ese espectáculo. Siento nostalgia de todo aquello que pasó, y espero que esta nueva tecnología, esta nueva forma de ver el circo moderno mejore, aunque ha mejorado en lo digital. Para mí es una dicotomía, por un lado me pongo nostálgico, a veces lloro, y por otro me pongo feliz, contento. Como dijo Juan Pablo II "mientras exista la sonrisa de un niño, el circo no morirá jamás". No sé si nosotros formamos buenos artistas, pero sí sé que aquí formamos buena gente. Lo conversamos muchas veces con los alumnos, aquí no hay lugar para la mala gente, y eso me hace refeliz."
16-11-2010

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