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Domingo 21 de Noviembre de 2010


Locales

Los patios: entre la tierra y el cielo

Una mirada sobre el valor y el rol de los patios en el campo y en la ciudad.

Por Blanca Stoffel
(1ª Parte)


El patio rural, amplio con gallinas, patos y enseres de trabajo, rastrillos, horquillas y azadas. En un ángulo, y cerca del rancho o de la casa, el pozo de agua. Si hay un cerco es de palos y tunas, abierto hasta el horizonte, sin límites. La mirada no tiene obstáculos y la vista se pierde en la línea que une el cielo con la tierra.
A la mañana temprano, apenas el sol decide asomar su luz, es el lugar para unos mates amargos o al atardecer, acabada la jornada, para sentarse a descansar con un vaso de tinto en la mano. Es el momento de la conversación, del intercambio de opiniones sobre el tiempo. Mentalidad un poco estrecha, muy elemental pero muy práctica: las estaciones, la familia, el pueblo y la religión.
Este es su espacio privado. Los que están a unos cientos de metros de distancia son forasteros y a menos que haya alguna necesidad, ¿para qué hablarles? No hay relación con los vecinos, es una comunidad cerrada que crece para adentro sin vínculos exteriores de ningún tipo. El silencio lo cubre y lo envuelve todo.
En el pueblo hay pocas casas de alto, pero las bajas son bastante desahogadas y bien edificadas. Algunas tienen grandes y copiosas parras en sus patios y traspatios que producen muchas y buenas uvas.
Casi todas han sido edificadas sobre el mismo plano; un piso bajo con ventanas de hierro que dan sobre la calle; en la parte del frente a veces un comercio, adentro un patio cuadrado al que se abren los departamentos interiores. "Estas series de patios sombreados por parrales y árboles forman un conjunto delicioso, sustraídos al ruido de la calle, iluminados por un cielo hermoso y cubiertos de flores. Son dignos del retiro de un poeta (1).
Manuel Augusto Domínguez (2) dice que "casi todas las casas no tenían sino un solo piso; cada habitación ocupaba una superficie de 36 metros de frente por 72 de fondo. Este cuadrilongo estaba dividido en tres patios. El primero, ordinariamente más pequeño, estaba rodeado por las habitaciones de los señores que consistían generalmente en un escritorio abierto a la calle, al costado de la puerta de entrada, dos o tres dormitorios, dos salones, un comedor (...). El segundo patio a menudo era un jardín. La construcción que lo rodeaba estaba dividida en departamentos para los hijos de la familia. En fin, sobre el patio del fondo daban las cocinas, los cuartos de los domésticos y algunas veces un mal galpón para dos o tres caballos favoritos que se querían llamar caballerizas. En los raros casos donde el dueño podía darse el lujo de un carruaje, el escritorio abierto a la calle quedaba convertido en cochera".
Sustraídos al ruido de la calle el patio interior era un recóndito refugio.
Ya no quedan patios como aquellos en Rafaela y si queda alguno en una casona vieja, ya no son los mismos o no tienen aquellas figuras que los habitaban en los tiempos de la juventud venturosa. González Arrilli (3) con ternura describe ..."al final del primer patio con una magnolia que se estiraba robusta hasta sobrepasar la azotea llenaba con su perfume cálido y suave todas las habitaciones"...
Jorge Luis Borges, eterno admirador de los patios porteños que para él son pampa, cielo y refugio, dice: "He mirado la pampa/desde el traspatio de una casa de Buenos Aires...; los patios llenos de ancestralidad y eficacia, pues están cimentados en las dos cosas primordiales que existen: en la tierra y el cielo"(4).
También los pintaron famosos artistas como Fígari: dos de sus cuadros más famosos son Patio Unitario y Patio colonial, el segundo mostrando la parra y el clásico aljibe.
Nos describe los patios rafaelinos el Arq. Jorge Balangero (5) ..."Alrededor se ubicaban los patios flanqueados por tapias con columnillas ornamentadas, agregando un detalle de buen gusto a un cerramiento común".
Transcurre el tiempo y van cambiando las cosas. Recuerdo los patios de mi casa natal. Guardo recuerdos de aquella época, el cuadriculado del patio de baldosas con el banco blanco y el aljibe y el parral con sus racimos escondidos detrás de las hojas verdes. Y el traspatio o patio de atrás que era nuestro espacioso lugar de juegos, donde en un trapecio levantado por nuestros padres, mis hermanos realizaban pruebas acrobáticas a cual más riesgosa y otros fabricaban trincheras con ramas de paraíso para imitar las acciones guerreras de soldados o de indios.
En el fondo del patio los galpones en los que se guardaba el coche y las herramientas de labranza. Cantidad de árboles frutales naranjos, limoneros, ciruelos, higueras, membrilleros y en su entorno canteros de malvones margaritas o violetas.
Fernández Moreno (6) canta a los patios con estrofas sentimentales: "Creen guardar recuerdos de aquella época, recuerdos con aire de resplandor; el rojo y cuadrilátero de patios de baldosas, el verde y desgarrado de vastas hojas desmayadas descubriendo un patio del 90...".
Los aljibes fueron también parte de los patios y hablando de ellos Lucio V.
Mansilla (7)...decía: "...esto del aljibe que no parezca cosa baladí. Las fincas que lo tenían eran contadas, indicantes de alta prosapia o de gente que tenía el riñón cubierto; daban notoriedad en el barrio, prestigio; y si por la hilacha se saca la madera, tal o cual vecino pasaba por grosero por los muchos baldes de agua fresca que pedía; y tal o cual propietario por tacaño, porque sólo a ciertas horas no estaba con llave el candado de la tapa del precioso recipiente".
El aljibe fue un elemento no sólo decorativo de los patios sino necesario y hasta imprescindible en la mayoría de las viviendas. Los hubo preciosos, de mármol con arcos de trabajados firuletes, otros eran sencillos y construidos solamente para cubrir una necesidad: la del agua fresca y sobre todo agua de lluvia, que se recogía a través de la cañería que bajaba de los techos de las viviendas.

CAMPO Y CIUDAD

Así el patio del campo tiene su atractivo. El de la ciudad es otro. Son dos vivencias muy diferenciadas en un mismo espacio de la colonia. El hombre rural está consigo mismo y el núcleo familiar; su entorno es un enorme espacio físico que lo rodea y los conforma. No hay comunicación ni diálogo exterior. Su patio es infinito, horizontal e interminable.
El hombre urbano disfruta de su patio recoleto, íntimo, sin ruido; allí conversa, dialoga con su familia, también recibe la visita de sus amigos. Es el lugar acogedor sobre todo en el verano. Es un espacio privado, único, sólo para él y su familia. Los valores culturales exaltan el confort, la comodidad.
El aislamiento del patio lo aleja del ruidoso entorno de la ciudad. Hace su vida privada a espaldas de los otros. Se aísla pero lo hace para lograr intimidad.
El hombre rural se aisla por otras causas, ¿quizás temor? ¿Inseguridad? Cada uno de ellos busca su propio espacio físico pero lo aprovecha de distinta manera.

(1) Marmier, Xavier. Buenos Aires y Montevideo en 1850. Buenos Aires, 1948.
(2) Domínguez, Manuel Augusto. La casa colonial porteña. Buenos Aires, 1949 cita los patios coloniales descritos por Santiago Arcos.
(3) González Arrilli. Calle Corrientes entre Esmeralda y Sduipacha (Comienzos del siglo XX) Buenos Aires, Krafy 1952.
(4) Borges, Jorge Luis Fervor de Buenos Aires. Bs.As, 1923.
(5) Balangero, Jorge y Ricardo Kalbermatten.La arquitectura doméstica rafaelina. Municipalidad de Rafaela, 1996.
(6) Fernández Moreno. La patria desconocida. Buenos Aires, 1943.
(7) Mansilla, Lucio V. Mis memorias. Buenos Aires, Eudeba, 1966 pág. 24.


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