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Lunes 22 de Noviembre de 2010


Locales

El patio de los conventillos

En esta segunda entrega sobre los patios, el foco está puesto en ese mundo de los espacios comunes en los antiguos conventillos.

Por Blanca Stoffel
(2ª Parte)


Pero hay otros patios. El del conventillo, es el patio de todos. No hay espacio propio para nadie. Aquí aparece una realidad social extrema que se refugia donde puede. El ambiente es ruidoso e insano. Allí se cocina, se vive, se conversa, los niños juegan a la pelota, las mujeres charlan, cosen o toman mate. No hay intimidad posible. Se convive con personas desconocidas en un cuartucho que ni siquiera se puede llamar habitación.
Surge la evidencia de espacios y lugares completamente divorciados en un solo ámbito: el urbano y esta forma habitacional define con claridad el status social de cada uno de los individuos que componen la comunidad.
Apareció el conventillo como solución transitoria para aquellos que, sin casa instalada, vinieron al pueblo en busca de trabajo. Y encontraron una solución habitacional de emergencia.
¿Qué era el conventillo? Una casa de grandes dimensiones que contenía espacios reducidos, generalmente con patios y corredores en común, en el que convivían varios grupos familiares. A través de este "modus vivendi" podíamos discernir la ocupación, el empleo y la calidad de sus habitantes. Afloraron los conventillos por todos los barrios de la ciudad.

Sus habitantes eran primordialmente obreros o personas de escasos recursos.
Allí se amontonaban los grupos desarraigados del mundo rural: los criollos desplazados por el aluvión inmigratorio, los rufianes, los obrerosà Grandes edificios con piezas individuales que daban a un patio interior para desahogo de los moradores. Los cuartos, pequeños, a veces sin ventanas, con una sola ventilación, la de la puerta cuando estaba abierta y desde la que se veían catres y baúles, sillas desvencijadas y mesas con patas retorcidas, caricaturas y almanaques pegados en las paredes junto a algún retrato de familia, un desorden natural que parece normal ya que en la pieza dormían 5 o 6 personas, grandes y chicos. Si hacía frío, en el medio de la habitación, un brasero para entibiarse un poco y en el que humeaba una olla con el puchero o chirriaba la grasa en la sartén.
Una turba de chiquillos ruidosos juegan en el patio con una pelota de trapo o juegan un partido a la mancha mientras las niñitas de la casa en otro rincón del mismo patio acunan sus muñecas, saltan a la cuerda o entonan esos curiosos cantos infantiles aprendidos en los recreos de los colegios.
Hay quien los observa, con el mate y la bombilla en la mano mientras otra sentada en el umbral de la habitación zurce o remienda unos pares de medias de sus sobrinos, mientras otra trata de arreglar los pantalones de su marido mientras más allá otras disputan a gritos porque el hijo de una le ha dado un moquete a la hija de la otra.
Cientos de obras teatrales tomaron el tema del conventillo y muchos poetas fueron inspirados por él, llenando nuestras páginas literarias. Argumentos simples y sencillos que pintaban una triste realidad.
Los moradores del conventillo eran obreros, vendedores de periódicos o vendedores ambulantes, ya que el conventillo era la casa del pobre y era la que producía buenas rentas a su propietario. Vivían los obreros con sus familias amontonados y en lastimosa promiscuidad. Las piezas se alquilaban a 20 ó 30 pesos por mes según el espacio y la ubicación. Casi nunca una persona sola podía soportar este alquiler. Entonces llamaba en su auxilio a algunos amigos o compañeros de trabajo y subalquilaba una parte de la pieza, lo suficiente para poner una cama o desplegar un catre. De este modo, dormían en la misma habitación cuatro o cinco personas. Eran algo así como albergues nocturnos ya que no disponías de espacios para cocina o baño. En el patio está el "fondo" baño común que usaban todos. Algunos cocinaban en el patio. Como la comida no es ningún banquete se hacía rápido.
En 1907, hubo una huelga de inquilinos de conventillos en Buenos Aires, que pedían una rebaja del 30 por ciento en el costo del inquilinato. De esta manera consiguieron que se formalizara el desalojo de centenares de pobres que terminaron en las calles con sus niños y sus míseros equipajes.

HISTORIAS DESDE ADENTRO

¿Cómo era la vida en un conventillo? En la habitación se guardaba la ropa y se utilizaba el menor espacio posible con el ingenio que da la carencia de medios.
Es como cuando nos ha tocado viajar en un camarote. En realidad en estas piezas no se podía dormir, sino cuando el cuerpo estaba aniquilado, los ojos se cerraban y se perdía la noción de las cosas.
El patio se transformó así en el punto de reunión, en el único lugar donde se podía respirar aire, en la sala común. Los chicos jugaban y chillaban, mientras las mujeres lavaban, cosían o tejían, planchaban y chismorreaban, los hombres fumaban o leían el periódico y discutían sobre política.
El patio era la válvula de salvación de la casa y lo que impedía la muerte por asfixia de los míseros moradores de aquellas habitaciones. Viejos caserones transformados en conventillos que sobrevivieron a través del tiempo como único lugar disponible para quienes venían a buscar trabajo a la ciudad y para las familias pobres cuya única posibilidad era un cuartucho miserable para cobijarse.
La socióloga y antropóloga Francis Korn (La Nación 13-8-2005) en un reportaje de Carmen María Ramos , decía en aquella oportunidad: "El llamado conventillo fue la peor vivienda posible, pero lo cierto es que comparado con la peor vivienda actual, se convierte en un alojamiento preferible".
Rafaela los tuvo a montones, en las calles 25 de Mayo y en Alem o en la avenida Roque Sáenz Peña. Pero poco a poco fueron desapareciendo,. Hasta que con diferente estructura, más modernos si se quiere, pero esta vez prácticamente sin patios y sin lugar para el tendido de ropa o para que los niños correteen a su antojo, aparecen los modelos de casas del Plan Fonavi, que repiten la historia de los conventillos con formato diferente pero creando los mismos problemas habitacionales que aquellos. Paradoja increíble en un país al que le sobran tierras y espacios para edificar viviendas acogedoras y prácticas.
Podemos agregar aquí las frases con que Roberto Arlt (1) define el apretujamiento de la vida moderna:..."Porque nosotros, hombres de la ciudad, estamos acostumbrados a un espacio de 16 metros cuadrados. A la oscuridad de los departamentos y a todo lo francamente abominable que el progreso, la tacañería de los propietarios y los digestos municipales han amontonado sobre nuestras cabezas".
El famoso" Conventillo de la Paloma", sainete de Alberto Vaccareza define el conventillo como "Un patio de conventillo, un italiano encargado/ un goyega retobado,/ una percanta, un vividor; / dos malevos de cuchillo, / un chango, una pasión, choques, celos, discusión, desafío, puñalada,/aspamento, disparada, auxilio, cana, telón!". Tampoco faltaron los poetas que le dedicaron inspirados versos: Evaristo Carriego, Alvaro Yunque, González Tuñon y más (2).
Desaparecidos los conventillos van a aparecer las villas miseria que establecen una división total enorme entre los ciudadanos: en realidad las ciudades van a tener dos tipos de habitantes. Los de la ciudad tienen derechos y obligaciones distintos de los otros, estos tienen que pagar el gas, la luz, el cable, el teléfono y los otros no. El pobre que habita en la ciudad tiene obligaciones que el que habita en la "villa miseria" no tiene y eso contribuye a que al "villero" no le resulte atractivo pasar a la ciudad, no le conviene.
Esta situación se ha ido agravando paulatinamente y, con el transcurrir de los años, el número de míseros barrios o de villas miseria constituyen cinturones que rodean a las pequeñas y grandes ciudades, donde viven hacinados pobladores que sin trabajo o con planes de un mínimo sustento con el que tratan de mantener a su familia.
La diferencia social ahora es enorme. El ciudadano se siente acosado por esa muchedumbre sin destino y sin futuro que rodea su ciudad y se pregunta qué ha pasado para que cada vez sean más los sin techo, sin comida y sin trabajo.
¿Dónde quedaron aquellos esforzados criollos o inmigrantes que araban la tierra desde el amanecer y con su trabajo y una vida sencilla y digna levantaron esta Nación? Fueron peones, medieros, luego propietarios. Criaron a sus hijos con orgullo, los educaron y les dieron un futuro promisorio. Y esta masa que ahora rodea nuestros pueblos, esta masa indigente cada vez más numerosa de pobres, ¿de dónde provino? ¿Quiénes son? Llegaron desde provincias pobres con esperanza de encontrar trabajo en la ciudad. Ahora no hay conventillos, se quedaron en la periferia y levantaron una vivienda rudimentaria, con palos, lonas, chapas de zinc o acumuladores en un terreno baldío. ¿Y cuál es su futuro?...

(1) Arlt, Roberto. "Pueblos de los alrededores. Aguafuertes porteñas. Buenos Aires. Vida cotidiana, Alianza 1993, pag.40 (2) Carriego Evaristo: El alma del suburbio, Buenos Aires, 1922; Fernández, Felipe H. Yacaré "Versos rantifusos Buenos Aires, s/d.; Yunque, Alvaro Conventillo en versos de la calle, Bs.As. 1924; González Tuñon, Raúl : Poemas del Conventillo en El Molino del diablo Buenos Aires, 1926.

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