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Domingo 28 de Noviembre de 2010


Locales

Inflación, FMI y pactos sociales

Los mencionados en el título son algunos de los temas dominantes de la actualidad que nos toca vivir, expresada su significación por una cuestión muy simple y directa: son los que tocan el bolsillo. Es que luego del reposicionamiento conseguido por el gobierno de Cristina en la consideración de la gente -que en realidad lo tuvo y mucho-, y del desperdigamiento mostrado por una oposición que se parece hoy más a una bolsa de gatos que a otra cosa, ¿cuál es el mayor desafío que tiene por delante el kirchnerismo? Pues sin ninguna duda poder llegar a controlar la inflación, que aún teniendo un volumen lo suficientemente importante para tener encendida la luz de alerta amarillo, se muestra acechante de poder entrar en un desmadre.
De llegar a encontrarse una salida al problema, el campo se le muestra orégano para las aspiraciones de continuidad en 2011, más allá de nombres y circunstancias, aun cuando la propia Cristina -aún de duelo- ha dado en las últimas horas algunas señales bastante claras, al manifestar "el proyecto necesita de otros cuatro años".
Se han tenido en estos días algunos avances positivos de parte del gobierno. La admisión de la existencia del problema, que antes -durante el liderazgo del fallecido Néstor Kirchner- se negaba a ultranza es el principal. Decisivo por la significación adversa que hasta hace poco tenía el FMI, es que se haya recurrido justamente a ese organismo para que "brinde asistencia técnica" para medir la inflación. Pasado en limpio: para que se prolijen todos los desaguisados cometidos en el INDEC desde que en enero de 2007 Guillermo Moreno fue la mano ejecutora de las instrucciones impartidas por Kirchner.
Pero seguramente, aún más significativo que esa disposición, la de volver al FMI del cual se había renegado con durísimos calificativos, es que la misma presidenta Cristina está buscando encaminar cierta clase de acuerdos entre las patronales y trabajadores, que bien puede llamarse "pacto social", aun cuando su implementación en otras circunstancias y épocas anteriores, nunca alcanzó los objetivos perseguidos. Un recuerdo de otro tiempo, es cierto, pero que no favorece demasiado la metodología como alternativa de viabilidad.
Esta clase de acuerdos pueden tener posibilidad, cuando se parte de un sustento institucional fuerte, aportado por el Gobierno, los empresarios y los trabajadores a través de sus organizaciones. Siempre que se habla de "pacto" se pone como ejemplo el de La Moncloa en España, que realmente funcionó y con excelentes resultados. Pero claro, las diferencias con las formas, metodologías e intereses que tenemos, son abismales. Aquí el pacto es sinónimo de trenza, de acuerdo por debajo de la mesa, justamente a espaldas de los intereses generales. Confiemos que la mentalidad se haya modificado lo suficiente para no volver a tropezar con las mismas piedras.
Cuando a una negociación de este tipo se llega con la meta fija de obtener sin resignar, el resultado no sólo es incierto, sino que va direccionado hacia el fracaso. Si en cambio se toma verdadera conciencia que todos deben aportar en la medida de sus posibilidades a esta lucha contra la inflación, las perspectivas pueden ser diferentes. Nada asegura el éxito, pero al menos queda la esperanza de conseguirlo.
Hoy, por lo que se visualiza, todavía no se está recorriendo ese camino. Es apenas el comienzo, es cierto, pero no se advierte una verdadera predisposición para hacerle frente a la inflación.
No hace falta retroceder demasiado para memorizar lo que es vivir bajo los efectos del flagelo, lo cual llevó a convertirnos en verdaderos expertos en mecanismos de defensa. Y sino, tomemos lo que está sucediendo ahora mismo, casi todos los sectores laborales están reclamando un ajuste a los aumentos entre 20 y 30 por ciento obtenidos durante el año. Una muestra más que evidente de la magnitud que está alcanzando la inflación, la cual -de paso- le dejará al gobierno entre 40 y 50 mil millones extra para gastar sin rendición de cuentas, por el exceso de ingresos generado justamente por ese fenómeno. Aunque claro, aquí viene bien aplicar lo de la manta corta, pues siempre que a alguno le sobra a otro le falta, y donde más golpea es en la franja laboral de salarios más bajos, que cada día que pasa deben destinar un mayor porcentaje de sus ingresos en alimentos.
La inflación convive con nosotros. Ojalá un sinceramiento sea el inicio de ir reacomodando todo el desbarajuste de estos últimos tiempos.

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