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Martes 30 de Noviembre de 2010


La Palabra

En busca de... Guillermo Castellano, taquígrafo

En el nombre del signo

Se trata de una profesión desconocida en sus cuestiones más íntimas. Fue una asignatura del plan de estudios de peritos mercantiles a la que no se le daba mayor trascendencia por su falta de aplicación. No obstante, se sigue utilizando esta técnica de escritura en los fueros gubernamentales y en organismos políticos del país y del mundo, pero también en los ámbitos jerárquicos más importantes del sector empresario. Conversamos con un referente de esta profesión que se desempeña como Subdirector de Taquígrafos de la Cámara de Diputados de la Nación.

LP - Tu formación profesional.
G.C. - Nací en la ciudad de Buenos Aires, estudié taquigrafía en la escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini y después estudié derecho. Entré a trabajar en el Congreso de la Nación cuando estaba en quinto año del secundario. Iba a trabajar a la Cámara de Diputados con el uniforme del Carlos Pellegrini. Empecé el mismo día que lo mataron a Salvador Allende en Chile, el 11 de setiembre de 1973. Ese día hice mi ingreso al Congreso como taquígrafo porque había ganado un concurso con anterioridad. Se entra por concurso público de oposición y antecedentes. Yo me empecé a preparar a los quince años, gane el concurso a los diecisiete y empecé a trabajar hace treinta y siete años.

LP - El cargo en la Cámara.
G.C. - Tengo categoría uno que es director, pero estoy secundando al otro director. Siempre fui el subdirector de la oficina pero las autoridades de esta Cámara me ascendieron a director. Soy un director adjunto.

LP - ¿Cómo está conformado el equipo de trabajo?
G.V. - La oficina tiene cincuenta taquígrafos. Debajo de la dirección hay seis directores revisores correctores que son los que revisan la sesión, no toman en el recinto. Después están los taquígrafos de primera que son los jefes de turno en el recinto, los taquígrafos de segunda que trabajan con los taquígrafos de primera en el recinto, y los auxiliares. Al recinto entran de a dos, uno de primera y uno de segunda, toman cinco minutos y a los cinco minutos son relevados por otra pareja. Los revisores no toman, escuchan, después leen y corrigen todo. En el recinto se trabaja tomando no una transcripción literal exacta sino que es una versión taquigráfica que se corrige un poco lo que habla para darle forma al texto escrito y sea más prolijo que el lenguaje oral.

LP - ¿Qué modalidad tienen los turnos de trabajo?
G.C. - Los días de sesiones viene a la oficina un grupo de treinta cinco taquígrafos. Después hay otro grupo de gente que a lo mejor no vino porque estuvo tomando comisiones a la mañana o el día anterior y está traduciendo. Se toma en taquigrafía, las reuniones de comisiones y las reuniones en el recinto, el plenario.

LP - ¿Además se graba en cinta?
G.C. - Las sesiones de la Cámara se filman y se graban desde siempre. Lo que pasa es que independientemente de que se filmen y de que se graben lo que nosotros hacemos es el texto escrito que es el diario de sesiones. Son distintas formas de registro, puede ser filmándolo, grabándolo y al mismo tiempo tomándolo taquigráficamente y después armándolo en un texto escrito para que tenga una buena lectura de lo que es el lenguaje escrito y no el lenguaje oral.

LP - ¿Y el revisor?
G.C. - El revisor escucha la sesión en vivo. Ve todo lo que está pasando en el recinto. Y cada media hora le dan papeles y revisa a ver si hay algo que no fue así como el taquígrafo entendió. No nos olvidemos que el taquígrafo a veces está cambiando un poco la oración, y pudo haber interpretado mal. Entonces el revisor le díce que lo que quiso decir acá es otra cosa.

LP - ¿Qué grado de responsabilidad tiene el taquígrafo con su trabajo?
G.C. - Hoy nosotros tenemos una gran responsabilidad porque estamos muy controlados por la tecnología. Hace cuarenta años si un diputado hablaba ciento ochenta palabras por minuto y se comía las palabras, y se hacía un resumen de lo que quiso decir nadie se daba cuenta. Hoy eso está filmado, hay que tener mucho cuidado, hay más presión. Pero los diarios de sesiones se aprueban siempre por la Cámara, sabemos que cuando eso ocurre está alivianada nuestra responsabilidad. Por eso somos un poco los escribanos del recinto, de todo lo que se dice ahí.

LP - ¿Cómo se forma un taquígrafo hoy?
G.C. - Hoy en día las fuentes de formación han ido desapareciendo, anteriormente el grueso provenía del Carlos Pellegrini que es una escuela muy importante. Pero como esa materia se hizo opcional por desconocimiento porque creían que no servía más, empezó a desaparecer esa fuente importante de taquígrafos. Al mismo tiempo empezaron a aparecer las máquinas de estenotipia, las que se ven en las películas de Estados Unidos, que teclean, es un sistema distinto, pero a esa estenotipia hoy se le suman la tecnología y el software que permiten la traducción en tiempo real, con lo cual se golpean teclas y al mismo tiempo se va traduciendo en la pantalla. Después hay que corregirlo. Nosotros hace un tiempo que estamos con la idea de que taquígrafo que se jubila, se muere o renuncia lo reemplazamos en un concurso por un estenotipista. Porque pensamos que eso tiene un gran futuro no tiene sentido que sigamos incorporando taquígrafos de lápiz. Tenemos una buena combinación entre ellos. Nosotros hemos hecho una escuelita propia. Donde los formamos y después se presentan a concurso. Hoy trabajan en conjunto y no está mal que por un tiempo largo sigamos con la tradicional en el recinto, porque es más artesanal. Lo otro es más bruto, más como viene, y el diario de sesiones es muy importante para hacerlo muy literario. Entonces la taquigrafía tradicional sigue funcionando muy bien.

LP - ¿Le han encontrado defectos al sistema Larralde?
G.C. - No, es el mejor. Y sigue siendo el mejor de la taquigrafía tradicional. Y cada uno tiene sus propias adaptaciones al sistema. Además cada uno lee lo suyo.

LP - La edad de los que están en actividad en el cuerpo.
G.C. - El promedio actual debe estar en los treinta y cinco años. Y ése es un problema porque a cierta edad los reflejos ya no son los mismos. Es como manejar un auto a alta velocidad a los veinte años, y a los cincuenta es otra historia. Con la taquigrafía es lo mismo. Tienen una gran experiencia y no han perdido velocidad pero yo estoy pensando en el futuro, teniendo en cuenta además que no hay mucho interés por la profesión por una falta de información.

LP - Una anécdota con la taquigrafía como protagonista.
G.C. - Tengo anécdotas no sólo en el parlamento sino también en otros lugares como Naciones Unidas cuando fui a trabajar porque me mandó la Cámara. Mi sueldo en la Cámara estaba licuado por la hiperinflación en ese momento y en Estados Unidos me ofrecían una cantidad increíble de dólares. Había ahorrado el valor de un departamento en Buenos Aires. Tuve que retirar ese dinero del banco en Nueva York y me llevé ese dinero en el subte de traje y corbata, entre punks que me pedían monedas y cigarrillos. Llegué a mi casa a medianoche y no podía creer que no me había pasado nada. No me lo voy a olvidar nunca en mi vida.

LP - ¿Cómo fueron los años de interrupción de la democracia?
G.C. - Pasamos a trabajar en la CAL. En ese tiempo pude estudiar de abogado. Fuimos los pocos que no había echado cuando llegaron los militares.

LP - La importancia de haberte dedicado a la taquigrafía desde aquella época.
G.C. - Me casé con una alumna del Pellegrini que se hizo taquígrafa conmigo. A los quince años fui su profesor. Me pidió que le enseñe taquigrafía, la preparé desinteresadamente como había sucedido conmigo, rindió el examen de ingreso y se incorporó al Congreso. Así que mirá si me marcó la profesión.

LP - ¿Qué futuro deseás para esta actividad?
G.C. - Quisiera algún día, tengo la fantasía que algún presidente de la Cámara me escuche y me entienda que necesitamos espacio y tecnología, y formar más gente. Es un reclamo de vieja data que muchos todavía no lo entienden. Nos han reducido espacio físico. Y necesitamos más para trabajar mejor. Trabajar más en tiempo real, con más tecnología, con más control sobre lo que está haciendo, con más formación de gente a futuro. No le prestan mucha atención los políticos, no obstante que la relación con ellos es muy buena y reconocen muchísimo nuestro trabajo.

30-11-2010

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