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Editorial
Una gran distinción
Es realmente reconfortante, especialmente en tiempos de tanto pesimismo
y alteración, que se den hechos de la naturaleza de lo sucedido en la
madrugada del domingo en Hollywood, cuando el cine argentino recibió la
más trascendente distinción de la Academia para la mejor película
extranjera, a través de "El secreto de sus ojos", del director Juan
José Campanella.
Pero además de reconfortante para el ánimo, esta premiación es el
reconocimiento para la calidad de un trabajo de equipo que lo tuvo como
principal al referido director Campanella, siendo sus actores centrales
Ricardo Darín, Soledad Villamil, Guillermo Francella y Pablo Rago,
acompañados por un equipo de técnicos y especialistas que pusieron no
sólo su trabajo, sino su empeño y su entusiasmo para ofrecer una
producción impecable en todo sentido, que tuvo su máximo reconocimiento
con la premiación del Oscar, la más apetecida distinción que otorga el
cine del mundo, ya que Hollywood continúa siendo la indiscutible meca
de la cinematografía, aún habiendo quedado atrás hace tiempo su época
de mayor esplendor.
"Gracias. Vamos Argentina y un abrazo a los hermanos de Chile", fueron
las palabras iniciales de Campanella -acompañado por Francella- al
recibir la codiciada estatuilla, luego que los directores Pedro
Almodóvar de España y Quentin Tarantino de los Estados Unidos, en medio
de una gran expectativa, hicieran el anuncio al dar el nombre del filme
argentino y cumplieran con la ceremonia de la entrega.
Fue esta la segunda vez que el cine argentino recibe un espaldarazo de
estas características, ya que en 1986 había sido "La historia oficial",
de Luis Puenzo, con Norma Aleandro y Héctor Alterio, la que se había
llevado igual distinción.
Si bien esta fue la más importante distinción, ya que el Oscar en el
cine es lo máximo a que puede aspirarse, "El secreto de sus ojos" ya
había recibido otros premios, como el Goya a la mejor película
hispanoamericana en España, además de distinciones en Berlín y Cannes,
y en el festival de Cine Latinoamericano de La Habana (Cuba).
Se trata de una película que aquí en nuestro país fue vista por dos
millones y medio de personas, una cifra bastante infrecuente para un
filme, lo cual podía considerarse como un antecedente válido para
sostener sus aspiraciones de ganar el Oscar, lo que luego realmente
aconteció. Una vez más sucedió aquello tan remanido pero válido, que la
gente pocas veces se equivoca cuando consagra sus gustos y
preferencias, del modo que lo hizo con esta película, que ya ingresó en
la historia grande del cine nacional.
Muchos de los protagonistas centrales de la película no pudieron
asistir a la ceremonia de Hollywood por compromisos laborales o bien de
índole personal, tal los casos de los actos Darín y Villamil, quienes
de aquí siguieron el desarrollo de la ceremonia por la TV, explotando
de júbilo cuando el español Almodóvar extrajo del sobre que le hizo
llegar el jurado y con voz pausada leyó el nombre que allí estaba
escrito: "El secreto de sus ojos".
En gran parte del país, ya que la ceremonia hollywoodense postergó el
sueño de muchos argentinos que aguardaban con avidez este resultado, se
produjo una explosión de júbilo por esta premiación, que despertó una
de las expectativas más grandes que se recuerde, de características
parecidas a la generada por un acontecimiento deportivo.
Un trabajo conjunto, donde si bien cada uno de sus miembros aportó lo
mejor de lo suyo, lo que debe rescatarse es el sentido colectivo con el
cual se elaboró el filme, desde el comienzo hasta el final, y que ahora
está recogiendo las dulces mieles del éxito.
Vaya entonces por el reconocimiento mundial alcanzado por la obra, pero
por sobre todas las cosas el ejemplo que nos dio a todos los argentinos
este desempeño en equipo, nuestro homenaje a todos los distinguidos.
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